Absolutamente hermosa

1483 Words
DARREN Suspiro cuando mi teléfono vuelve a sonar. Es medianoche y alguien lleva diez minutos intentando llamarme. Al final decido contestar, ya que obviamente es importante. Cojo el teléfono y veo que es Trevor quien me ha estado llamando. Tengo doce llamadas perdidas. M4ldita sea. Pulsé el botón verde y me acerqué el teléfono a la oreja. Antes de que pudiera responder, él habló con voz aliviada pero apresurada. —J0der, por fin. Frunzo el ceño. —¿Por qué me llamas a estas horas? —Es por Alicia. No deja de llorar. Me levanto inmediatamente de la cama, cojo las llaves del coche de la mesita de noche y me pongo los zapatos. —¿Por qué? ¿Qué pasa?—, pregunto preocupado. Él suspira. —Cree que la has abandonado. Frunzo el ceño. —Pero si solo fui a casa... —Lo sé, lo sé. Pero cree que la has abandonado para siempre. He intentado decirle que pronto te verá, pero no me escucha. —¿Quieres que vaya?—, pregunto, ya de pie junto a la puerta principal. —Si no te importa. —Por supuesto que no. Voy para allá—. Cuelgo y me dirijo a mi coche, sin esperar a que me responda. Llamo a la puerta nada más llegar. Al cabo de unos segundos, se abre y Trevor aparece con los ojos cansados. Suspira aliviado cuando me ve. —Entra. Entro y miro a mi alrededor, preguntándome dónde está Alicia. —Está en su habitación. Te dejaré hablar con ella—. Bosteza. Asiento con la cabeza y subo las escaleras, directamente hacia la puerta cerrada de su dormitorio. Llamo suavemente para no asustarla. Oigo un sollozo. —Vete, hermano—, dice tan bajito que apenas puedo entenderla. Abro la puerta lentamente. —Cariño, soy Darren—, le digo lo más suavemente posible. Está sentada en el suelo con las piernas cruzadas. Gira la cabeza hacia mí y se me parte el corazón al ver sus ojos llenos de lágrimas y sus mejillas enrojecidas. Le tiembla el labio y se levanta del suelo. —Cariño...—, digo, con la voz entrecortada, mientras sus ojos se suavizan al acercarse a mí. —¿Qué pasa?—, le pregunto, aunque ya sé la respuesta. Hace un puchero y me rodea la cintura con los brazos, lo que al principio me sorprende. —Pensé que me habías abandonado. Le acaricio el sedoso cabello con los dedos. —Por supuesto que no, solo me fui a casa. No puedo quedarme aquí para siempre, tontita—, le digo en tono burlón, haciéndola reír en voz baja. —Puedes verme cuando quieras—. Siento que asiente con la cabeza contra mi estómago. Se me ocurre una idea. —¿Tienes teléfono, Alicia? Ella niega con la cabeza. —Trevor no me deja. Pongo los ojos en blanco mentalmente. Claro que no te deja. —¿Por qué no le pides a Trevor que te deje usar su teléfono? Así podrás hablar conmigo cuando quieras—. Ella vuelve a asentir y yo la inclino hacia atrás para poder mirarla. —¿Qué tal si te acuesto? ¿Te parece bien?—, le propongo, secándole las lágrimas que le quedan. Sus ojos cansados se iluminan y asiente. Sonrío y la llevo a su cama. Una vez que se ha acomodado envuelta en las mantas, me inclino y le doy un beso en la cabeza. —Buenas noches, angelito, nos vemos el lunes. Ella me sonríe antes de cerrar sus bonitos ojos. Dejo que mi mirada se demore unos segundos antes de darme la vuelta y salir por la puerta. Me dirijo al salón y veo a Trevor dormido en el sofá. Me río y sacudo la cabeza antes de decidir enviarle un mensaje rápido cuando llegue a casa. * Ahora es lunes por la mañana y estoy apurado preparándome. Normalmente llegaría tarde a la escuela, pero hoy voy a ver a Alicia. Solo pensar en verla me hace acelerar el paso. Cojo mi teléfono y las llaves antes de salir hacia mi coche. Cuando por fin llego al colegio, me arreglo el pelo una vez más antes de salir al exterior. Como siempre, ignoro las miradas habituales y busco el coche de Trevor. No tardo mucho en encontrarlo. El coche de Trevor está aparcado a solo unos metros del mío. Me acerco cuando veo que sigue allí, apoyado en el capó. De repente, oigo un grito emocionado. —¡Darren!—, exclama una voz suave. Menos de un segundo después, un par de pequeños brazos me rodean la cintura. Sé inmediatamente quién es por su olor. Y creo que nunca he conocido a nadie tan pequeño como ella. Una sonrisa aparece automáticamente en mi rostro mientras rodeo con mis brazos el pequeño cuerpo de Alicia. —Hola, princesa. —Hola, Darren—, dice ella, esta vez en voz baja, mientras acaricia mi pecho con la nariz. Lleva un vestido verde con flores por todas partes y un cárdigan. Las dos mechones de pelo de la frente están recogidos con una cinta blanca, igual que la primera vez que la vi. Está absolutamente hermosa. Estoy tan absorto con Alicia que ni siquiera me doy cuenta de que Trevor se acerca a nosotros hasta que habla. —Hola, amigo. Alicia retira los brazos, pero se queda cerca de mí mientras le doy la mano a Trevor. —¿Qué tal? Él pone los ojos en blanco y mira a su hermana pequeña con aire burlón. —Esta no paraba de preguntar por ti. Alicia se ríe, pero también veo que se le tiñen las mejillas de rojo. Le sonrío con aire burlón. —¿Ah, sí? Ella aparta la mirada y comienza a jugar nerviosamente con sus manos. Mi sonrisa burlona se convierte en una sonrisa sincera. —No te avergüences, yo también estaba emocionado por verte—, le digo para tranquilizarla. Ella me mira tímidamente. —¿De verdad? Asiento con la cabeza y le guiño un ojo antes de volver a mirar a Trevor, que me observa con complicidad y una sonrisa en los labios. Me aseguro de hacerle un gesto obsceno cuando Alicia aparta la mirada. De repente, recuerdo que es su primer día. —¿Ya tienes tu horario, Alicia? Ella asiente con la cabeza. —Trevor lo tiene. Miro a Trevor una vez más, indicándole que lo saque. Saca un papel y me lo entrega. Ella tiene a Trevor o a mí en todas sus clases, excepto en una: Arte. Se lo digo y una gran sonrisa se dibuja en su rostro, haciendo aparecer dos hoyuelos muy bonitos. Pero al cabo de unos segundos desaparece. —¿Qué pasa, cariño?—, pregunta Trevor, que también se da cuenta del cambio en su estado de ánimo. Ella pone morritos. —¿Con quién voy a hablar en la clase de arte? No te tendré a ti ni a Darren. Miro a Trevor y veo que él también parece nervioso. Entiendo por qué. Su hermana pequeña se quedará sola durante una hora con gente que no conoce. Además, antes mencionó que le preocupaba que alguien se metiera con ella. La idea de que alguien le haga daño me preocupa y me enfada también. Si alguien fuera tan estúpido como para hacerle daño, sin duda tendría que afrontar las consecuencias. Me aseguraría de ello. Trevor intenta ocultar su preocupación enviándole una sonrisa tranquilizadora. —No te preocupes, Alicia. El aula de arte está justo al lado de la clase de Darren. Si hay algún problema, él estará allí para ayudarte. Tendré que hablar con Trevor sobre comprarle un teléfono. Asiento con la cabeza, permitiéndole calmarse un poco. Ella asiente y se muerde el labio. Mis ojos se fijan en ese gesto inocente y aprieto la mandíbula mientras intento evitar que pensamientos obscenos se cuelen en mi mente. Nunca había sabido que morder los labios fuera tan excitante hasta ahora. De repente, suena un teléfono. —Dame un segundo—. Trevor se da la vuelta para contestar. —Hola... Vuelvo a centrar mi atención en Alicia mientras Trevor habla por teléfono. Cuando ella no deja de morderse el labio, extiendo la mano y uso mi pulgar para sacarlo de entre sus dientes. —Eso no es una buena idea, cariño. Alicia parece confundida, mientras que, afortunadamente, Trevor está demasiado distraído para darse cuenta. Sigo mirándola fijamente mientras ella me mira inocentemente. Trevor se da la vuelta después de colgar. —Tenemos que llevarte a clase. Vamos, Alicia—. Le coge de la mano y la empuja hacia la escuela. Alicia me agarra de la mano al pasar y me lleva con ellos. Me pongo a su lado y entrelazo nuestras manos. Y su mano encaja perfectamente en la mía.
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