Tan inocente

2230 Words
DARREN Sigo mirándola y no puedo evitar poner una expresión tierna en mi rostro. Ella tiene ese efecto en mí y no tengo ni idea de por qué. La observo mientras se sienta en su escritorio, balanceando las piernas bajo la silla. Por la forma en que saca un poco la lengua, se nota que está concentrada. Mis ojos se oscurecen al pensar en lo que... No, basta. Ella es demasiado pura para que pienses así. —Darren, ¿estás prestando atención? Salgo de mis pensamientos y me giro para mirar a Trevor. —Lo siento, ¿qué has dicho? Él pone los ojos en blanco. —Voy a ignorar el hecho de que acabas de mirar a mi hermana y voy a empezar de nuevo—. Me lanza una pequeña mirada de enfado. No puedo evitarlo. Ella es intrigante. —De todos modos, la razón por la que la he estado escondiendo es muy importante—, comienza, mirándome fijamente. —Probablemente te hayas dado cuenta de que no actúa como alguien de su edad y eso es porque tiene TPD, trastorno de personalidad dependiente. Siempre tiene que estar con alguien en quien confía y se pone ansiosa si no es así—, explica, lo suficientemente bajo como para que ella no nos oiga. Por eso es tan inocente. No debe de estar mucho con otras personas. —La he educado en casa y es bastante obvio por qué. No puedo estar con ella las veinticuatro horas del día y ella no puede estar sola demasiado tiempo sin ponerse nerviosa. Pero he decidido dejar que la conozcas porque...—. Se detiene a regañadientes. —Quiero matricularla en un colegio público. Aprieto los dientes al escuchar esta nueva información. Acaba de decir que no puede dejarla sola. —¿Por qué ahora? Ya siento una necesidad imperiosa de protegerla. Por eso no dudaría en hacer daño a cualquiera que le tocara un solo pelo de su preciosa cabecita. —Tenerla encerrada en esta casa le está pasando factura, lo noto. Por eso estoy haciendo esto—. Trevor suspira. —Dejar que la conocieras ha sido una decisión difícil. Haría cualquier cosa por mi hermanita, especialmente cualquier cosa para protegerla. Corrígeme si me equivoco, pero está claro que ya te preocupas por ella, ¿no?—. Le respondo con un simple asentimiento. —Si la matriculo en un colegio público, necesitaré que la cuides cuando yo no pueda—, me dice con voz llena de esperanza. —Confío en ti, como mi mejor amigo. Me paso las manos por el pelo, inseguro. —¿Y si no puedo protegerla? ¿Y si no estoy allí cuando algún imbécil se meta con ella? ¿O si se pone muy nerviosa y no puedo ayudarla? No tengo experiencia en tratar con personas que tengan el mismo trastorno que Alicia, ni ningún otro trastorno, para el caso. —Amigo, sé que puedes. ¿Has visto tus músculos?—, me pregunta en tono de broma. Me río ante su intento de romper la seriedad y niego con la cabeza. —Está bien, te ayudaré—. Sabía que lo haría de todos modos. No hay forma de que pueda rechazar su oferta de ver más a Alicia. Una gran sonrisa aparece en su rostro. —Gracias, amigo, te debo una. —¡Trevor!—, exclama una voz suave detrás de él. Ambos nos giramos para mirar al ángel que está de pie junto a su escritorio con dos hojas de papel en la mano. —¿Sí, calabacita?—, pregunta él, probablemente con la voz más suave que le he oído nunca. Alicia se ríe. —Te he dibujado algo—. Sostiene los papeles con cuidado contra su pecho para que no se arruguen. Él sonríe y se acerca a ella mientras yo observo a la tierna niña entregárselos. Él los coge y los examina. —Me encanta, Alicia. ¡Gracias! Ella se sonroja y le hace un gesto para que se incline. Él lo hace y ella le susurra algo al oído. Trevor sonríe y asiente antes de volverse hacia mí. —Darren, Alicia también te ha hecho un dibujo—. Luego vuelve a mirar hacia ella y me hace un gesto. —Adelante, calabacita. Sus mejillas se sonrojan aún más y se acerca tímidamente. Le sonrío. —¿De verdad? ¿Has dibujado algo para mí? Ella asiente tímidamente antes de entregarme el papel. Lo miro y veo que es un dibujo de una margarita rodeada de corazones. Ella se balancea nerviosamente sobre sus pies. —¿Te gusta? Asiento y me inclino con las manos en las rodillas para quedar casi cara a cara con ella. —Gracias, princesa, me encanta. Su rostro se ilumina. —De nada. Me enderezo y miro a Trevor, que nos observa con una pequeña sonrisa en el rostro. —¿Ya has comido, Alicia?—, pregunta, después de que una mirada de preocupación aparezca en su rostro. Ella abre mucho los ojos. Se da la vuelta lentamente y niega con la cabeza a regañadientes. —N-No, se me ha olvidado, lo siento—, balbucea. Suena asustada y me pregunto por qué. ¿Trevor le hace daño? ¿A quién quiero engañar? Trevor no podría hacer daño ni a una mosca. Sus ojos se suavizan. —No pasa nada, cariño, no estoy enfadado. Solo tienes que acordarte. No comer es malo para la salud, ya lo sabes. Lo miro con curiosidad y él articula la palabra “más tarde”, así que asiento con la cabeza. Ella asiente lentamente con la cabeza con una mirada de alivio. Él le sonríe. —Vamos, preparemos unos macarrones con queso—. Luego sale de la habitación. Lo seguimos y, cuando llegamos al final de la escalera, siento un ligero tirón en la parte inferior de mi camiseta. Miro a Alicia y veo su expresión nerviosa. —¿Qué pasa?—, le pregunto, deteniéndome. Se sonroja por centésima vez desde que la conozco. —¿P-Puedo cogerte de la mano? Oculto la sorpresa que siento cuando esas palabras salen de su boca y asiento con la cabeza. —Por supuesto. Ella sonríe y coloca su mano en la mía antes de entrelazar nuestros dedos. Bajamos las escaleras juntos y dejo que me lleve a la cocina. Cuando entramos, veo que Trevor está cogiendo todo lo que necesita para prepararle la comida. Levanta la vista y se queda paralizado al ver nuestras manos entrelazadas. Su rostro permanece impasible, así que no sé si está enfadado o no. Es la segunda vez que nos ve cogidos de la mano y en ambas ocasiones no he podido saber qué piensa al respecto. Cuando Trevor termina de preparar la comida de Alicia, la coloca en la mesa delante de ella y ella empieza a comer inmediatamente, pero con la mano libre, para poder seguir cogida de la mía. Trevor me mira y asiente con la cabeza hacia la puerta, indicándome que necesita hablar conmigo. Asiento con la cabeza y suelto los dedos de Alicia. Ella me mira y sus ojos se llenan inmediatamente de preocupación. —¿Adónde vas? Mis ojos se suavizan y le aprieto la mano por última vez. —Solo voy a hablar con tu hermano, volveremos enseguida. Ella asiente con incertidumbre, pero vuelve a comer. Sigo a Trevor fuera de la cocina y entramos en lo que parece ser la sala de estar. Él cruza los brazos sobre el pecho. —Entonces... ¿te gusta? Sí. Decido no responder y me paso los dedos por el pelo. Porque, ¿cómo c0ño se supone que voy a responder a eso? Me mira en silencio antes de entrecerrar los ojos. —Sabes que sigue estando fuera de tu alcance, ¿verdad? No necesito que ningún chico le haga daño. Es demasiado joven para esa mi3rda. Lo siento, Trevor, pero no creo que pueda contenerme. Aprieto la mandíbula. —No soy un chico cualquiera, Trevor. Soy tu mejor amigo. Y es imposible hacerle daño. Es un ángel. Suspira y descruza los brazos. —Responde a mi pregunta. ¿Sientes algo por ella o no? —J0der, no lo sé—. Aprieto la mandíbula y suspiro también. —Es j0didamente raro. Acabo de conocerla y ya me está ablandando...—. Me interrumpo con un gemido de frustración. No sé si debería contarle esto a Trevor, teniendo en cuenta que es su hermana. —Sí... definitivamente me gusta. ¿Es posible enamorarse de alguien tan rápido? No tengo ni idea, pero no voy a mentirme a mí mismo cuando claramente siento algo por ella, sea lo que sea. Trevor asiente lentamente con la cabeza y una sonrisa burlona aparece en su rostro. Lo miro con ira, sabiendo ya lo que viene. —No lo digas. Más te vale no burlarte de mí con esto. Él se ríe y niega con la cabeza. —No lo haré, por ahora—. Se aclara la garganta y de repente vuelve a ponerse serio. —Pero hay algunas cosas que deberías saber. Asiento con la cabeza para hacerle saber que le estoy escuchando. —Su trastorno hace que se encariñe con la gente. Obviamente, se notaba lo preocupada que estaba cuando te vio marcharte. Solo le pasa con ciertas personas, así que el hecho de que ya se haya encariñado contigo, y ni siquiera ha pasado una hora, dice mucho, teniendo en cuenta que rara vez hace esto—. Se pasa la mano por el pelo. —Lo que intento decir es que se nota que le gustas mucho, así que solo te pido que no le hagas daño, por favor. Tengo que ocultar la sonrisa que me provocan sus palabras. Lo que dice me hace feliz, algo que no sentía desde hacía tiempo. Quizás estoy reaccionando así porque el sentimiento es mutuo y no he dejado entrar a nadie en mi vida desde Trevor. —No lo haré, lo prometo—, le digo, y lo digo en serio. Él asiente y una sonrisa de alivio aparece en su rostro. —Antes, cuando se asustó después de que le preguntaras si había comido, ¿qué pasó? Aprieta la mandíbula y respira hondo. —Nuestros abuelos nos cuidaron hasta que cumplí los veinte. Eso fue hace solo nueve meses. Cuando aceptaron cuidarnos, eso significaba, obviamente, que tenían que cuidar de Alicia. Y, sinceramente, a veces no es fácil. , tienes que asegurarte de que coma, de que no salga sin un adulto y de muchas otras cosas. Supongo que después de unos años se cansaron de tener que hacer eso—. Veo cómo la ira en sus ojos aumenta mientras habla. —Al principio solo la insultaban para que se sintiera estúpida... pero luego empezaron a pegarle. La idea de que le hicieran daño me da ganas de matar al responsable. ¿Cómo se puede hacer daño a alguien tan inocente como ella? —La situación se agravó tanto que una vez la llevaron a urgencias. Intenté impedirlo en la medida de lo posible, pero, obviamente, tenía que ir al colegio y al trabajo, así que no podía estar allí todo el tiempo—. Hace una pausa antes de seguir hablando con renuencia. —A veces no la dejaban comer durante días y la encerraban en una habitación. Tenía que llevarle comida a escondidas por la noche. La razón por la que ahora se olvida de comer es porque todavía no está acostumbrada a hacer tres comidas al día. Por culpa de ellos—. Dice la última parte con rencor en la voz y yo entiendo por qué. Aprieto los dientes y sacudo la cabeza. —¿Dónde están ahora?—, pregunto, esperando que la respuesta sea en otro país. —Afortunadamente, se marcharon cuando cumplí veinte años. Pero no tengo ni idea de adónde fueron. —Bien, porque prometo que si alguna vez los veo, yo... Me interrumpe la dulce voz de Alicia. —¿Ya han terminado de hablar?—, pregunta entre risas al entrar en la habitación. Me giro para mirarla, de pie en la puerta. Como dije, solo con verla me ablandé y casi olvidé de qué estábamos hablando Trevor y yo antes. —Sí, cariño, ya hemos terminado—, le dice él, mirándome. —¿Has terminado de comer? Ella sonríe y asiente con la cabeza. De repente, sus ojos se iluminan y corre hacia Trevor, aferrándose a él. —¿Podemos ver la televisión? ¡Por favor!—, le suplica, mirándolo con ojos de cachorro. No hay forma de que él pueda decir que no a eso. Todo su cuerpo se relaja y parece hipnotizado. —Sí, claro. Ella grita y corre hacia el sofá. Supongo que no ve la televisión muy a menudo. Me vuelvo hacia Trevor y suspiro. —Bueno, me voy a casa. Espero que la puerta trasera esté abierta. Él se ríe. —¿Nos vemos mañana entonces? Asiento con la cabeza y nos damos la mano. Miro hacia atrás a Alicia y veo que ya se ha quedado dormida, y literalmente han pasado dos minutos desde que empezó a ver la televisión. Sonrío antes de caminar hacia la puerta principal y salir.
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