ALICIA
Exhalo tranquila cuando termino la última parte de mis tareas. Cierro la computadora con una pequeña sonrisa y me estiro sobre la cama, sintiendo el cansancio en brazos y piernas.
Si hay algo bueno de estudiar en casa es esto: poder hacerlo todo desde la cama.
He estudiado así desde siempre.
Bueno… desde que mamá y papá se fueron, hace doce años.
Trevor, mi hermano mayor, es mi tutor legal ahora. Durante un tiempo estuvieron nuestros abuelos, hasta que él cumplió la edad suficiente para hacerse cargo. Eso fue hace unos meses. Desde entonces, solo estamos él y yo.
No es que estudiar en casa sea terrible. Solo… a veces siento que me estoy perdiendo cosas. Trevor casi nunca me deja salir sola, y nunca explica bien por qué.
Lo peor es que siempre está ocupado. La escuela, el fútbol, el trabajo. Todo eso hace que yo pase la mayor parte del tiempo aquí, entre estas paredes.
La idea me aprieta un poco el pecho, así que decido no pensar más. Hoy terminé temprano, y eso merece un premio. Tomo mi libro favorito y empiezo a leer. Siempre logra sacarme de mi cabeza.
No llevo mucho cuando escucho un ruido cerca de la puerta de mi habitación.
Levanto la vista.
Y grito.
Hay un chico ahí.
Parece de la edad de Trevor. Es alto, demasiado para el marco de la puerta, y me observa como si él también estuviera descolocado. Siento cómo se me calientan las mejillas. Cierro el libro y doy un paso inseguro hacia adelante.
—Hola —digo, casi en un susurro, jugueteando con mis dedos.
Su expresión cambia. Sus ojos se suavizan.
—Hola —responde, con un tono bajo y cuidado.
Inclino la cabeza, aún nerviosa.
—¿Quién eres?
Avanza un poco dentro de la habitación, sin invadir demasiado.
—Me llamo Darren. ¿Y tú?
Sonrío sin pensarlo.
—Alicia.
Se queda mirándome unos segundos.
—Es un nombre muy bonito.
La cara me arde todavía más. Bajo la mirada.
—Gracias… —murmuro—. ¿Eres amigo de Trevor?
Nunca había visto a ninguno de sus amigos antes.
Asiente. Al hacerlo, noto que extiende la mano y algo no encaja. Me acerco sin pensarlo y se queda quieto, como si dudara.
—¿Pasa algo? —pregunta.
Tomo su mano con cuidado y la observo mejor.
—Te lastimaste.
Por un segundo, su mirada se endurece. Luego vuelve a relajarse.
—No es nada grave.
Asiento despacio, pero una idea se me cruza.
—Puedo ayudarte a limpiarlo —digo rápido—. Sé hacerlo. Me caía todo el tiempo cuando era más chica.
No responde enseguida. Me mira como si estuviera midiendo algo que no alcanzo a entender. Al final, asiente.
—Está bien.
Sonrío y vuelvo a tomar su mano, con cuidado, guiándolo hacia el baño del pasillo. Seguramente lo estaba buscando y se equivocó de puerta.
Se sienta sobre la tapa del inodoro mientras yo saco el botiquín. Abro el estuche y preparo lo necesario para limpiar sus nudillos lastimados.
Me acerco a Darren y me quedo justo frente a él. De pie, me doy cuenta de lo alto que es en realidad. Ahora que está sentado, casi quedamos a la misma altura. Tal vez sea porque no soy muy alta, pero aun así, impone sin intentarlo.
Le tomo la mano para ver mejor los cortes. Suelta un suspiro que no entiendo, porque lo que sigue no suele ser agradable.
Cuando Trevor me cura alguna herida, esta parte siempre es la peor.
Empapo un trozo de gasa con alcohol.
—Puede doler un poco —le advierto, con voz insegura.
Él sonríe apenas.
—Aguanto.
Paso la gasa sobre su piel. No se mueve. Ni siquiera se queja. Eso me sorprende más de lo que debería.
Sigo limpiando con cuidado y termino poniendo una tirita en el corte más feo. Es una de mis favoritas, con dibujos que todavía me gustan aunque no lo diga.
—Gracias —dice, con una voz grave que me hace estremecer sin saber por qué.
Le sonrío.
—No es nada.
Doy un paso atrás para dejar que se levante, pero apenas lo hace, reacciono tarde.
Claro.
—¡Espera! —exclamo.
Se detiene. Alza una ceja, curioso.
Vuelvo a tomarle la mano y, sin pensarlo demasiado, acerco la tirita a mis labios y le doy un beso rápido.
Eso lo aprendí de Trevor. Siempre lo hacía cuando yo me lastimaba. Decía que mamá creía que así sanaba más rápido. Antes de irse.
Darren abre los ojos de golpe. Luego los cierra y respira hondo, como si necesitara ordenarse.
Yo me pongo roja.
Justo cuando parece que va a decir algo, otra voz aparece.
—¿Por qué tardas tanto, Darren…? —Trevor se queda quieto al vernos—. Genial.
Darren se gira hacia él.
—Tu hermana me estaba ayudando a limpiarme la mano —dice, marcando bien la palabra hermana.
La mirada de Trevor baja a nuestras manos, que todavía no se han separado. No dice nada, pero parece confundido. Suelto a Darren de inmediato y me abrazo a mí misma, evitando mirarlos. Por el rabillo del ojo, noto que Darren frunce el ceño.
Rompe el silencio.
—¿Vas a explicar?
Trevor suspira y asiente. Luego me extiende la mano. La tomo y regresamos a mi habitación, con Darren detrás.
Ya dentro, estoy por correr a mi escritorio cuando Trevor me detiene.
—¿Te falta algo, Alicia? —pregunta, con ese tono que mezcla broma y orden.
Me río y vuelvo para abrazarlo.
Me besa la cabeza.
—¿Terminaste todo? Sabes que no puedes dibujar antes.
Asiento sin decir nada y voy al escritorio. Antes de sentarme, miro hacia atrás. Darren ya me está mirando. Cuando nota que lo hago, sonríe.
Le devuelvo la sonrisa, un poco avergonzada, y vuelvo al papel.
Empiezan a hablar entre ellos, pero no presto atención.
Ojalá Darren vuelva.
Porque siento que me he enamorado a primera vista.