Estire mi brazo para atender, siguiendo el impulso que sentía desde adentro de mi pecho. Pero no llegué a tiempo para atenderlo
Era un poco extraño. Tres llamadas perdidas de un número desconocido, la angustia me comenzó a invadir. Y si era de un hospital? Si le paso algo a mi madre o a alguno de mis hermanos? En la desesperación y sin pensarlo dos veces, marque de memoria el número y llame a mi madre.
Al primer tono me contesto, un suspiro de alivio con todo el aire que venía conteniendo se me escapó.
—Hola Sisi, que gusto escucharte cariño-la voz dulce de mi madre era una música para mis oídos. De fondo se podía escuchar el revuelo que provocaban los gemelos.
—Mamá, ¿esta todo bien por allí?- pregunte preocupada.
—Si amor mio. Aquí tus hermanos están tratando de cocinar galletas mientras yo trataba de limpiar la casa. ¿Cuándo vienes de visita a casa?- se notaba como su voz comenzaba a quebrarse. Hace seis meses no nos veíamos, los extrañaba con locura. Pero debía esforzarme para poder recibirme y progresar en mi carrera. El sacrificio era enorme, yo no venia de una familia de Élite y ni siquiera tenía contactos que me pudiesen ayudar. Todo lo que conseguía lo hacía de a poco, pero exclusivamente por mis capacidades.
—Pronto Mami, pronto. El mes que viene tal vez o quizás luego de las elecciones generales.-solo faltaban 6 meses para el gran día electoral y era EL momento para cualquier periodista.
—Esta bien Sisi. ¿ Sabes que te amo? Nunca lo olvides.-expreso casi con un susurro. Sentí la nostalgia traspasar el teléfono.
—Y yo a ti. Y a los diablillos.- me reí fuertemente recordando las travesuras de los niños. Una punzada de dolor se instalo en mi pecho, extrañaba tanto el calor de la Familia.
—Adiós MA.- dije y colgué. Me quede con el teléfono pegado a mi oreja un largo rato, tratando de alejar mi dolor.
Cuando volvió a sonar mi teléfono. Era mi jefe.
*Te quiero aquí en DIEZ minutos. Mayúscula grande para DIEZ.
Como si tuviera un resorte en el trasero, me levanté. Revolví mi vestidor en busca de algo que ponerme que se viera bien.
Como no tenia nada de tiempo, peine tirantemente mi cabello y me hice un rodete estilo ejecutivo.
A toda prisa salí y tome el primer taxi.
—Lo más rápido que puedas. Por favor a Editorial Princeton’s.- pedí casi a los gritos.
Abrí las puertas de la oficina del Sr. Prince. Era un anciano calvo que era más exigente que el mismísimo diablo, pero era el mejor en lo que hacía. No terminé de entrar cuando me dijo:
—Sienna, prepárate. En 5 minutos sales a cubrir la conferencia de prensa del Partido Demócrata.- mi mandíbula casi se cae hasta el suelo. No lo podía creer.
—Kimberly no es la encargada de cubrirlo Sr. Prince?
—¿Acaso no quieres hacerlo?.- me pregunto mientras me miraba inquisidoramente.
—Por supuesto que quiero, estoy lista. Será un honor.
Al rato ya nos encontramos en camino. Mis manos sudaban de los nervios ¿Acaso vería a Frank? Supuestamente es una conferencia solo con el vicepresidente del Partido Demócrata.
—Sisi, toma.- me dijo el asistente, interrumpiendo mis suposiciones. Puso en mis manos la tarjeta de identificación, que decía en letras negras la palabra “ PRENSA”, en el centro había una foto en la que me veía bastante bien. Me colgué la Tarjeta en el cuello, tomé el micrófono y salí de la combi.
Todo este tiempo estuve esperando esta oportunidad.