Bajamos de la camioneta a un subsuelo, donde un ascensor nos esperaba ya con las puertas abiertas. Cuando llegamos al piso 11 las compuertas dieron paso a un impresionante y lujosa piso.
Tomo mi mano e ingresamos. Pisos de mármol color n***o, luces tenues alumbraron estratégicamente algunos lugares. Sillones tan largos como nunca vi, que daban a una espectacular vista de la ciudad, que las paredes de cristal dejaban al descubierto.
-Siempre hago firmar un acuerdo de confidencialidad, te imaginas que no quiero quedar expuesto. Es solo una formalidad.- Sentí como poco a poco, mi deseo se retiraba para dejar lugar a la ira. ¿Acaso pensaba que yo era una oportunista? Nunca me movilizo el materialismo ni el dinero. Una punzada de dolor con orgullo atravesó mi corazón.
Lo mire con la peor cara que tenía.
-No te atrevas a faltarme el respeto, ni tú, ni nadie. Tu dinero, ni tu poder, me interesa un carajo.- me di la vuelta, con la frente en alto. Dispuesta a irme por donde vine. Cuando sentí un fuerte tirón de uno de mis brazos.
-No era mi intención ofenderte. Solo que conoces mi situación.- trato de explicarme fríamente, su mandíbula estaba tan apretada que parecía que iba a romperse. Pero mi enojo siguió subiendo.
-No necesito nada de ti, olvídate de todo eso. No me importa quien seas.
Tomo con una de sus grandes manos mi quijada y me miró fijamente.
-A mí nadie me dice que no.- su voz era una mezcla de enojo con deseo.
Intente quitar su mano y responderle que se vaya al carajo. Pero entonces estampo un fuerte beso en mi boca. Su lengua se abrió paso salvajemente. Mientras perdía poco a poco la resistencia. Intente alejarme para decirle que me iba. El cómo leyendo mis pensamientos se inclinó un poco, me agarro de las piernas y me subió a su cadera, agarrándome con fuerza el trasero.
Mis gemidos salían inconscientemente de mi garganta. Entre besos y beso comenzó a caminar conmigo a cuesta. Ni me importaba a donde era que me llevaba. Estaba entregada por completo hacia Frank.
De golpe sentí como me dejaba caer hacia atrás y rebote contra un confortable colchón.
-A la mierda todo, Sienna. Maldición.- gruño, antes de tirarse de nuevo a por mí.
Desesperadamente intente desabrochar los botones de su camisa. No podía espera. El notando mi ansiedad y con un solo tirón, salieron volando todos los botones. De fondo se escucha el tintineo de los mismos rebotando en el piso.
Mi pollera estaba subida por completo en mi cintura, mi camisa totalmente abierta, dejaba al descubierto mis pechos. Los cuales Frank no dejaba de tocar.
-Eres completamente exquisita.
A los pocos minutos la ropa ya no existía. Éramos dos cuerpos desnudos, sedientos el uno por el otro, comiéndonos a besos. Su mano jugaba con mi clítoris suavemente.
-¿estas segura?.- me pregunto, mientras colocaba su m*****o en mi estrechez.
Mi voz no salía, asi que solo asentí enérgicamente, moviéndome mas cerca de el. Como si eso fuera posible.