Cinco años más tarde.
Alistó al pequeño Sam para llevarlo al jardín de niños. Lo único que heredó de mi fue el cabello rojo, todo lo demás grita Dominik. Los mismos ojos, las mismas facciones. Su sonrisa inocente me lo recuerda.
Duele.
Después de que Mary nos atrapara, se armó un escándalo tremendo. Me enviaron a una nueva familia en la que me trataron con demasiadas restricciones. Durante mi estancia con ellos me enteré que esperaba una bebé de Dominik, nuestro hijo.
Intenté pero fue imposible contactarlo. Atravesaba por un divorcio horrible, no estaba disponible para saber de nuestro bebé. Al final, supe que se fue de la ciudad.
Me abandonó. Nos dejó solos.
Y allí, Mike apareció.
Quiso hacerse caso de mi bebé, me hizo mil promesas de amor. En medio de mi desesperación, acepté. Tener un hombre a mi lado ayudaría con este duro proceso. Fue dulce, paciente, aceptó a mi hijo como suyo.
Poco tiempo después, nos casamos.
No lo amo, no sé si se percata de ello. El sexo es bueno, me complace como puede, ya que yo casi no me excito con él.
La única forma en la que puedo mojarme es rememorando los momentos calientes con Dominik. Su polla dura y grande atravesando mi coño, sus manos tocándome con lascivia, el sabor de su semen.
Lo amo, lo extraño. Aún no me resigno a su ausencia.
—Quiero un bebé, amor—Empuja dentro de mí, me arqueó y gimo.
Ha estado fastidiando con ese tema, por supuesto, no quiero un bebé con él. Con el único hombre que quiero bebés ya no está en mi vida. Contrario a lo que sucedía con Dominik, con Mike tomó todas las precauciones posibles. Dejo que se corra todo lo que quiera y le hago creer que estoy dispuesta a tener su bebé.
Por supuesto, es todo lo contrario.
—Siempre tan mojada, mi esposa...—Pellizca mis pezones, lo estrecho en mi interior y empuja por completo—... siempre tan caliente, en celo—Sonríe malicioso y se aferra a mis pechos, embistiéndome con furia.
Imagino que es Dominik el que me folla, que es su hermosa polla la que me llena. Lo siento casi real, palpable. Así que le devuelvo la sonrisa y enredo mis piernas alrededor de sus caderas.
No ayuda mucho que haya subido de peso, lo que antes era un abdomen perfecto, ahora se ha convertido en una barriga grasosa. No es muy grande, pero empieza a fastidiarme.
—Ten a mi bebé—Lo siento demasiado entusiasmado. Está más preocupado por embarazarme que por hacerme sentir bien.
Se inclina sobre mí, su barriga me aplasta un poco. Sigue moviéndose con ardor, su glande está tocando un punto dulce. No reprimo el gemido, se me escapa y él aprovecha para deslizar su lengua en mi boca.
Encantada por la manera en la que toca esa parte, le devuelvo el beso y le agarro las nalgas para que termine rápido. Quiero llegar, pero me interesa más que acabe pronto para acabar con esto y volver a mis fantasías.
—Te amo, Beth—susurra sobre mis labios. ¿Me amas? Empuja fuerte y entierro mis uñas en su trasero.
—Sí, Mike. Te amo—Miento, lo que sea para que eyacule rápido.
—Quiero un puto bebé contigo, amor—proclama con la mandíbula apretada. Se entierra profundo y me arranca un grito—. Te llenaré de semen, amor.
—Suéltalo—digo para que se apure y crea que quiero lo mismo—Quiero que me llenes de ti. Quiero tu corrida caliente y que me embaraces.
—¡Sí! ¡Si! —Me penetra perdido en su propio universo, aunque no me abandona por completo. Lo siento golpear ese punto que me va a llevar al orgasmo. Me aferro a su cuerpo y muerdo su labio inferior.
Eso lo lleva al límite, se detiene y gime con angustia, su semen cálido corre dentro de mí.
Me besa y sale de mí. Separa mi coño con sus dedos y ve escurrir parte de lo descargó.
—Ha sido genial, amor. Estoy seguro que tendremos un bebé.
Asiento y me doy la vuelta, más tarde, tendré que complacerme.
****
Me alisto para una reunión de trabajo, arreglo mi falda negra que llega a la mitad de mis rodillas. Sacudo las pelusas invisibles de mi chaqueta del mismo color de mi falda. Recojo mi cabello en una coleta, maquillo mis labios y sonrío frente al espejo. Debo lucir presentable para la ocasión.
Deslizo mis pies por mis tacones rojos, del mismo color de mi cabello, y salgo dispuesta a comerme al mundo.
Dura poco tiempo, me frenó en seco al ver al hombre que me robó el corazón frente a la puerta de mi casa.
Dominik.
Después de tantos años, el tiempo no ha sido cruel con él. Luce mejor que mi esposo que tiene la mitad de su edad. Sus ojos canela me perforan, me reconocen, me queman. Sigue siendo musculoso y grande, lo noto a pesar de que lleva una chamarra de cuero y una camisa gris.
Usa la barba tupida, las canas salpican su vello facial y me fascina. Lleva el cabello peinado hacia atrás y siento la horrible necesidad de recorrer sus hebras con mis dedos.
Suspiro, quiero llorar, gritarle, enviarlo al carajo. Quiero una explicación. Quiero que se vaya porque trastorna mi mundo.
Sin embargo, me quedo en silencio, estupefacta, deseándolo terriblemente mal.
—Beth.
Su voz me hace estremecer, aprieto los muslos, sintiendo mis jugos sobre mis bragas.
—¿Q..Qué haces aquí?—Me atrevo a preguntar.
En un parpadeo, se acerca a mí, estamos a escasos centímetros. Sigue siendo apuesto, no es justo. Debería verse como la mierda, pero no, luce mucho mejor que cuando lo conocí.
—Vine por ti—susurra en tono decadente. Sus dedos se deslizan por mi boca y soy incapaz de detenerlo—. Vine por lo que me pertenece.
—Ya no te pertenezco—Su mirada se oscurece, pero no deja de tocarme el rostro—. Dejé de hacerlo el día que no supe nada más de ti—aclaró con voz ahogada. Quiero llorar y golpearlo, pero soy tan débil que me dejo seducir ante sus caricias.
—¿Ya no me perteneces? —cuestiona con dureza—. Oh, dulce Beth. Veo en tus ojos lo mucho que me quieres, tanto como yo a ti—Su lengua lame mis labios y me derrito—. Me has extrañado, de lo contrario, no reaccionarías tan bien como lo haces ahora—Sus ojos me desvisten y sonríe con picardía—. Tus pezones están duros debajo de esa blusa, nena. Tu boca saliva por mi polla.
—Dominik... detente—Me arrimo más a su calor, lo que le permite deslizar una mano por mi trasero. Aprieta una de mis nalgas y me muerdo el labio.
—Te he extrañado mucho, pelirroja—susurra cerca de mis labios—. Todo lo que he hecho en este tiempo ha sido recuperarme, resurgir para ofrecerte algo. Para ofrecerles algo.
Abro los ojos como platos, incrédula.
—¿L…Lo sabes?
—Por supuesto que sí, nena. Sé que tuviste a nuestro bebé, mi hijo—reclama imponente—. Y sé que ese cabrón con el que te casaste lo está criando como suyo.
Está enojado, intenta esconderlo, pero no funciona. Toco su mejilla y le sonrío, atónita y agradecida por su aparición milagrosa.
—¿Qué es lo que quieres? —interrogó, mi mirada se pierde en el fuego de su mirada. Aprieta mis nalgas y restriega su polla sobre mi pubis.
—Follarte, recuperar el tiempo perdido —Se inclina sobre mi oreja y susurra—: Te follaré en la entrada de tu casa si es lo que quieres, definitivamente te follaré ahora porque mi polla duele por ti, y puedo apostar todo lo que tengo que tu coño llora por mí.
No refuto sus palabras, porque son una verdad dura y pura.
Logramos cruzar el umbral de la puerta. De una patada cierra la puerta. Sus labios devoran los míos con hambre. Su lengua se sumerge en mi boca y lame mi paladar. Gimoteo y meto mi lengua en su boca, amando sus gruñidos y el sabor que tanto eché de menos.
Me deshago de su chamarra, él alza mi falda y de un manotazo, me arranca los panties. Sus dedos encuentran mi coño chorreando y los desliza con cadencia casi demencial. Separo mis piernas y me arqueo, quiero que me llene con sus dedos, con su polla, con su lengua, pero parece más interesado provocarme. en
Una de sus manos se posa sobre mi seno y aprieta el pezón por encima de la tela.
—Han crecido tus deliciosas tetas, Beth —Retuerce el pezón, luego mete un dedo en mi coño y gimo agradecida. Se siente bien la manera en la que rota el dedo dentro de mí, que me remuevo inquieta en busca de más. Ese puto ha tenido tu coño—Luce furioso y me enciende—. ¿Te folla bien? ¿Hace que tus paredes luchen por amoldarse a su polla? —Saca su dedo hasta la entrada y lo dobla, tocando un punto que me arranca un grito gozoso—. ¿Ha llenado tu pequeño coño de semen?
—Dominik...—Luchó por encontrar la respiración, pero no llegó a nivelar mi agitación. Cada vez que me folla pienso en ti—confieso—. He pensado en tu polla, en tu sabor, en tu cuerpo. No lo amo—suelto, casi atrapada por un inminente orgasmo—. Te amo a ti.
—Dilo de nuevo—Mueve su dedo raudamente, me estremezco ante las crecientes palpitaciones. La mano en mi pezón acuna mi pecho y lo estruja. Me arqueo por más y sollozo a punto de correrme—. Dilo, Beth. Quiero que seas una buena chica y me digas lo que acabas de decir.
—Te amo, Dominik. Te amo tanto.
Eso es suficiente para enterrar su dedo en mí y hacerme venir. Tiemblo contra sus caricias, estoy a punto de desvanecerme, de caer al suelo. Dominik me sujeta y roza su glande contra mi entrada. No me di cuenta el momento en el que sacó su polla.
—Yo también te amo, Beth—Me penetra de golpe. Me quedo quieta, asimilando sus dimensiones. Sigue siendo grande y grueso, cosa que extrañaba demasiado—. Apretada como infierno. Se nota que tu esposo es patético—indica con soberbia. el
Sale de mí con lentitud y me embiste como una fiera hasta la empuñadura. Me llena deliciosamente, sus manos me sostienen de los muslos mientras entra y sale de mí como una bestia. Mi cuerpo rebota contra la pared, nuestros gemidos resuenan en la sala. Lo tengo tan profundo, golpeando con fuerza que me correré de nuevo.
Siento que pierdo la razón.
Su mano arranca los botones de mi blusa, sube las copas de mi brasier y succiona mi pezón. Mi coño lo encierra y lo masajea y él gruñe satisfecho.
—Eso es, Beth. Tu coño me extraña. Sabe que me pertenece—Chupa mi otro pecho y muerde el pezón. Sus embestidas y la manera en la que toma mi pecho, me lleva al orgasmo.
Se queda quieto, disfrutando de mi orgasmo. Yo siento que me desarmo y me recompongo.
Sale de mí y hago una mueca por lo vacía que me siento. Me arrastra a la mesa de comedor y me inclina sobre ésta. De un empujón, vuelve a llenarme.
Araño la madera y me aferró por la potencia con la que me penetra. Separo mis piernas para facilitar su invasión. Aprieta mi trasero y lo azota. Se siente raro y a la vez eso hace que mi coño se cierre sobre su polla.
—Toda una ejecutiva traviesa—dice complacido. Vuelve a azotarme y gimo —. Te mojas más cuando azoto ese culo exquisito—Me llena duro y no se mueve, acaricia mi espalda y mis piernas. Estoy llena, al límite, cerca de llegar, pero sin poder hacerlo. Quisiera moverme, pero estoy atrapada entre su cuerpo y la mesa, sin espacio alguno para moverme sobre su polla.
—¿Te ha follado el culo? —Frunzo el ceño, espero que no quiera follar mi trasero ahora.
—No, nunca—respondo.
Sale y entra con parsimonia, me retuerzo y aprieto la mandíbula. El ritmo lento me permite percibirlo, sentir cada centímetro de su polla. Me cierro alrededor de su tronco y lo escucho gemir. Está al borde, lo siento palpitar, a punto de correrse.
Extrañaba su semen dentro de mí.
—Te gustará el anal, pelirroja. Exploraré ese culo tuyo hasta que me tomes por completo—sentencia, retomando las embestidas impetuosas.
Me agarra del cabello, inmovilizandome sobre la mesa. Me folla desbocado, fuera de sí. Sus dedos encuentran mi clítoris hinchado y lo acaricia. Mi cuerpo se sacude contra la superficie por la manera en la que me toma, eso solo hace que me moje mucho, lo que hace que mi clítoris se sienta resbaladiza.
—¿Dónde quieres que eyacule, nena?
—Adentro. Quiero cada gota dentro de mí.
Azota mi trasero una vez más y ambos, sin planearlo, nos corremos. Dominik me sostiene de manera dominante mientras se viene. Su chorro corre dentro de mí con potencia. Me convierto en una masa temblorosa y exhausta, satisfecha y dichosa por el mejor día de mi vida.
—Eres mía—dice con posesividad y sonrío.
—Soy tuya, siempre—agregó agotada.
Me pide que me vaya con él, por lo que no me opongo. No tengo mucho que pensar, no amo a Mike, acabo de ser cogida de la manera más exquisita por otro en la mesa de mi casa, debe ser un indicio claro de lo que quiero.
Recojo mis cosas y las de Sam. Salimos rumbo al jardín de niños para tomar a nuestro hijo y escaparnos para vivir nuestro amor.
Soy suya y él es mío para siempre.
FIN