Antes, era una espectadora de sus duchas por las tardes. Ahora, participo en ellas.
Mary está en el trabajo, algo relacionado con una de sus numerosas reuniones. Así que aprovechamos la oportunidad para intimar.
Estoy recostada sobre los azulejos resbaladizos, el agua caliente cae sobre mi espalda. Me sostengo como puedo ante las embestidas furiosas de Dominik, entra y sale de mi como un auténtico animal. Lo siento golpear mi útero con insistencia, es inquietante y estimulante. Me mojo tanto que su polla se desliza dentro de mí fácilmente.
Lo siento, cada centímetro de su v***a dura, piel con piel.
No usa condón, confía en que me cuido y así puede correrse.
No lo hago, no quiero cuidarme. Quiero todo lo que pueda conseguir de él.
Me quedo sobre la punta de mis pies ante las penetraciones tan duras, me sostiene de las caderas y entra con brusquedad, gimo tan fuerte por la deliciosa sensación que me atraviesa. Mis rodillas quieren fallar, mi cuerpo tiembla. Estoy caliente por dentro y por fuera.
Amo la sensación.
—Eso es, Beth. Aprieta mi polla—dice entre dientes sin dejar de embestir.
—Dominik... si—susurro. Rebotó contra la pared húmeda, rebosada por él, amándolo, sintiéndolo crecer y tocar puntos profundos que me hacen girar los ojos.
—Di mi nombre, Beth—demanda. Sus dedos se tensan y se agita dentro de mí con furia—. ¿Quién tiene su polla tan enterrada en ese lindo coño rosado? Dime, Beth.
—Tu Dominik, solo tú—sollozo, excitada. El sonido de nuestras carnes chocar hace que las paredes de mi coño lo succionen. Dominik gruñe y afianza su agarre.
—Así es, Beth. Solo yo. Tu coño es solo mío—afirma posesivo—. ¿Vas a correrte, nena?
Asiento, estoy temblando, ansiosa, dispersa, dominada por sus azotes deliciosos.
Su mano cubre mi pubis, su pulgar juega con mi clítoris sin dejar de embestir. Muerdo mi labio y muevo mis caderas. Dominik me nalguea con su mano libre y eso hace que grite muy fuerte su nombre.
Estoy a punto de caer al suelo, mis rodillas quieren ceder. Pero Dominik levanta una de mis piernas y se mete por entero y permanece quieto, disfrutando de mi estremecimiento y los restos de mi orgasmo.
—Te ves preciosa gritando mi nombre, Beth—Sale de mí, dejando su glande en mi entrada—. Dulce Beth, me tienes atrapado.
Se introduce de nuevo y golpea un punto que me lleva de nuevo al orgasmo. Me sostiene del muslo y anuncia con voz grave:
—Voy a correrme.
—Hazlo dentro—exclamó agitada.
Sin agregar nada, eyacula dentro de mí, su semen caliente y espeso se desliza en mi interior, cosa que me hace sonreír, satisfecha.
Sale de mí, su esencia resbala por mis muslos. Con dos dedos, toma un poco y los mete en mi boca. Los chupo, degustando su sabor. Me gusta.
—Llena de mí, Beth—comenta satisfecho—. Mi jodido semen corriendo en tu coño.
Nos besamos y terminamos nuestro baño. Momentos más tarde, me siento un poco adolorida por la dura follada, camino con cierta incomodidad. Lo noto sonriente y preocupado al mismo tiempo.
Acaricia mi cabello y besa mi cuello. Me rodea entre sus brazos y musita sin dejar de sonreír.
—Aun me sientes dentro de ti—Su mano acuna mi pecho, sin moverla, solo sostiene mi seno—. Te he marcado como mía.
—Me encanta ser tuya—giro y lo beso
—. Soy tuya, Dominik.
—Lo eres—Revisa su reloj y me lanza una mirada maliciosa. Quiero que me demuestres si eres mía.
Me lleva a su habitación y se sienta al borde de la cama. Baja sus pantalones y veo su polla saltar con emoción. Dura, venosa, gruesa. Lo he tenido dentro de mí en numerosas ocasiones y aun logra impresionarme.
Sus dedos tocan mis labios con insistencia. Saco mi lengua e introduce su pulgar con una mirada lasciva.
—Chúpame la polla, Beth—Acaricia mi labio inferior y lo lame—. Sé una buena chica y chúpame todo.
Solicita, me pongo de rodillas. Lo sostengo en mi mano y lo masajeo. Aprieto el tronco y rodeo el glande. No puedo evitar mojarme, pero aún sigo adolorida por nuestra sesión previa.
Lo veo agitarse, apretar sus manos. Eso me indica que le gusta, por lo que paso mi lengua por toda su polla, su longitud se estremece, Dominik resopla y aprieta los dientes. Mis labios se deslizan por su largo, sintiendo las venas surcando el tronco. Mi lengua golpea suavemente su glande, pequeñas gotas blancas se asoman por la rendija.
Hacemos contacto visual mientras lo llevo a mi boca. Sus manos se enredan en mi cabello y me obliga a llevarlo profundo. Me toma unos segundos asimilarlo y adaptarme. Pronto, lo estoy chupando como quiere. Muevo mi cabeza, entornando los labios en su glande, luego, bajó todo el camino hasta la empuñadura, donde me sostiene de los cabellos.
—Eso es, esa es la mirada que tanto quise ver—afirma lujurioso.
Me sostiene de la cabeza y comienza a follarme. Trata de ser suave, pero no lo logra. Se entierra en mi garganta y siento que me ahogo. El deseo en su mirada es suficiente para dejarlo, porque me gusta la sensación de su polla golpeando profundo mi garganta.
—He querido follar tu boca así, pelirroja—indica y mueve mi cabeza a su gusto—. No duraré mucho. preciosa. Me correré.
Gimo sobre su polla, lista para recibir su carga. Balancea mi cabeza con insistencia hasta que su corrida llena mi boca. Su semen llena mi garganta, lo cual me toma un poco de sorpresa, no pensé que eyaculara tanto.
—Eso es, Beth. Trágate todo—Recojo lo que queda sobre su tronco con mi boca y trago.
Sigo chupando hasta que no queda ni una sola gota. Limpio su polla con mi boca.
Una forma se asoma por la puerta. Dominik se tensa y yo me detengo, con su v***a profundamente en mi garganta.
Mary está de pie, observando la escena con desconcierto y dolor. No puede detener las lágrimas picando sus ojos.
—¡Maldito hijo de puta! —exclama, rabiosa.
Y así, pierde el control, todo se convierte en gritos y en reclamos.
Es el final de su matrimonio, algo que me satisface.
Es el final de lo nuestro, algo que me rompe el corazón.