Las siguientes semanas hacemos lo mismo cuando podemos.
Nos besamos, nos metemos mano, pero nunca rompemos el umbral. No me aburro, aunque quisiera tenerlo por completo, sentir corrida caliente en mi v****a y correrme alrededor de su v***a. Sé que hace todo lo que puede para que no suceda, cada vez el esfuerzo es demasiado para su autocontrol.
El límite impuesto se va extendiendo a medida que la intensidad aumenta.
Justo ahora, estamos estacionados en una calle desolada. Se supone que debe llevarme a la escuela, en lugar de ello, estoy a horcajadas sobre él, sus dedos enterrados en mi coño y su lengua rodeando mi pezón.
Es la segunda vez que pone sus dedos largos en mi coño. La primera vez, se coló en mi habitación y me folló con sus dedos. Me cubrió la boca mientras me venía fuerte, luego, se corrió cerca de mi v****a, demasiado cerca.
—Dominik...—Meneo mis caderas y siento que estimula mi punto G. Su boca chupa como un bebé mi pecho, sus dientes se entierran en mi pezón y gritó entre el dolor y placer.
Tuerce los dedos de una manera exquisita, eso hace que gimotee y me arquee. Le bajó la cremallera y logró sacar su v***a gruesa y dura. Lo masajeo, está tiesa, caliente, muy dura. Quiero chuparlo, no me lo ha permitido, pero espero hacerlo. No pierdo la esperanza.
Suelta mi pecho, su lengua recorre mi clavícula, pasa por mi cuello y la entierra en mi boca. Nos besamos con pasión, sus dedos continúan enterrados en mi pequeño coño mojado, los desliza y los entierra con fuerza, al igual que su lengua en mi boca.
—Tus tetas son preciosas—dice con voz ronca—. Tu coño... el puto cielo. Solo con mis dedos dentro y me aprietas como ningún otro coño lo ha hecho.
—¿Ni siquiera tu esposa? —Aprieto su polla y él gruñe.
con —Ni siquiera el de ella, su coño siempre está seco—indica decepción—. Pero el tuyo, maldición, siempre mojado para mí.
—Es porque se trata de ti, amor—Lamo sus labios y me muevo sobre sus dedos —. Pon tu pene dentro de mí, estoy segura que te apretará hasta dejarte seco.
Dobla sus dedos en mi interior y grito, me estoy corriendo. Aprovecha la oportunidad para invadirme con su lengua y arrancarme la respiración. Se siente increíble, mejor que cualquier experiencia. Sé que quiere meterlo, sé que le cuesta contenerse; espero a que decida follarme cuando se sienta listo.
Bombeo su polla con fuerza, Dominik se agita y aprieta su mandíbula. Su mirada se estrecha, saca los dedos de mi coño y los saborea. Sonríe y estira sus brazos, permitiéndome que lo maneje por mi cuenta.
Me atrevo a llevar la cabeza de su pene a mi coño. Se tensa y me sostiene de las caderas con la mirada alarmada ante mi intento de meterlo dentro de mí. No es algo que quiero hacer, solo quiero que acaricie mi entrada.
Con una sonrisa relajada, le muestro lo que quiero hacer. Ambos gemimos y él agita sus caderas, nuestras respiraciones agitadas, su pene acariciando mi clítoris hinchado y lleno de deseo. Sus manos ascienden hasta mis senos. Estimula el que estuvo chupando y lleva su boca al otro, lo succiona hasta que mi útero y mi coño se contraen. Continúo jugando con su pene, sé estira y gime como si quiera meterlo, veo su desesperación; aun así, no cede.
Qué testarudo.
El primer chorro llega, salpica mi entrada. Ambos gemimos, él se estremece y yo me muerdo el labio inferior. Su semen cae como líneas calientes contra mi muslo y la entrada de mi v****a. Me siento tan tentada a lamer cada gota, pero no me muevo, quiero sentir su calidez una vez más antes de limpiarme.
—Mierda... qué bien se sintió—Me atrae a su pecho y muerde mi labio inferior—. Estuve a punto de meterme en tu coño y venirme—Parpadea y suspira—. Es tarde, debes estar en la escuela.
Me bajo y me limpio, cree que estuvo mal decirme eso, pero a estas alturas, ya sabe que es todo lo que quiero.
En la escuela Mike intenta acorralarme para que chupe su polla. Me niego y lo mandó a la mierda. Me tiene harta, dice que terminó con su novia porque quiere estar conmigo, cosa que me importa poco. Tengo a Dominik ahora dejando marcas en mis tetas, ya no lo necesito.
****
Siento el peso al lado de mi cama. Intento girar, pero no me lo permite. El aliento caliente de Dominik acaricia mi oreja, su mano se cuela por debajo de mi blusa, alcanza mi pezón y lo rodea con sus dedos. Ahogó un gemido y cubro mi boca con mi antebrazo. Su mano libre acaricia mi vientre hasta deslizarla sobre mi coño, gimo más fuerte y siento su erección clavada en mi culo. Se frota con demasiada insistencia, gruñe y estimula mi seno y mi clítoris.
Siento mi orgasmo construyéndose, mi coño contrayéndose, mis jugos resbalan contra mis muslos. Estoy a punto de llorar de gusto cuando se aleja. Resopló frustrada hasta que se coloca sobre mí. En medio de la oscuridad, la luz de la luna me permite ver su mirada llena de hambre, su erección lista, su pecho desnudo agitado y sudoroso. Me acorrala en la cama, soy su presa, pero no estoy asustada.
—Quítate la camiseta—pide con una sonrisa caliente.
Hago lo que me dice, mis pechos saltan al aire. Amasa uno y lo lleva a su boca. Me arqueo y lo atraigo a mí. Rodea el pezón y muerde, aprieto los dientes para no hacer ruido. Atiende el otro pecho de la misma manera, entierra sus dientes en mi seno y estoy dividida entre el placer y el dolor que deja en mi piel.
Sus labios se deslizan por mi vientre, rastros de besos quedan como marcas hasta que llega a mi coño. Su sonrisa hace que me moje.
Separa mis piernas para hacerse espacio. Es la primera vez que va a comerme el coño, y estoy emocionada y nerviosa. No quisiera hacer ruido y que Mary nos atrape, no quiero que lo arruine.
—Es hora de probar este coño dulce—Afirma. Desliza su lengua por toda la zona y gimo demasiado fuerte—. No tan fuerte, pelirroja. No quiero dejar de saborearte. Eres tan sensible y deliciosa.
—Dominik—Enredo mi mano en su cabello y lo animó a proseguir.
Continúa lamiendo, tiemblo y me estremezco contra su lengua, agonizando de gusto por sus toques. Sus labios besan mi coño como si fuera mi boca, me aprieto los pezones y me arqueo porque se siente demasiado bien como para quedarme quieta.
Separa mi entrada y mete su lengua. Abro mis ojos y aprieto las sábanas. La sensación es impresionante, su lengua en mi coño, follándome con lentitud, es un sueño que nunca creí que pasaría.
Pero está sucediendo, su lengua ahora envuelve mi clítoris y lloro porque voy a explotar. Estoy demasiado lista para venirme. Mis piernas tiemblan, mi coño se contrae contra su lengua y quiero terminar.
—¿Quieres acabar?
—Si—gimo agitada.
No dice nada, continúa lamiendo mi coño de arriba abajo, se concentra en mi clítoris, golpea con la punta de su lengua mi botón y entonces, lo pierdo. Me vengo duró, su nombre en mis labios. El orgasmo se intensifica cuando introduce su dedo y me folla con éste. Prolonga el placer hasta que me cuesta respirar. Quiero gritar duro, que Mary se entere cómo es ser follada por su esposo. Quiero ser libre para gritar su nombre, pero me arrepiento y cubro mi boca con mi antebrazo todo lo que puedo para que no escape ningún ruido.
Se arrodilla y se lame los labios. Sonríe con soberbia por lo que acaba de hacerme. Y es que me dio un orgasmo increíble.
De repente, lleva sus dedos hasta el borde de sus pantalones, saca un condón y rompe la envoltura con sus dientes.
Mi respiración se traba, finalmente está sucediendo. Está rompiendo todas sus reglas.
Va. A. Follarme.
Cada minuto lo confirma, desliza la goma sobre su pene, se coloca en posición, su glande juega un poco con mi entrada y me quedo quieta, a la espera de lo que sea que pueda pasar. No me quiero ilusionar, no quiero que se aleje y solo sea una forma más para provocarme.
—He intentado resistirme, pero joder, todo lo que pienso es en follarte—Coloca sus manos a cada lado de mi cabeza y se introduce lentamente—. Ya no puedo controlarme, las putas reglas no sirven de nada cuando tengo mis dedos en ti, cuando te chupo las tetas—Continua todo su camino, lo siento grande, palpitando. La sensación es increíble, me llena demasiado bien—. Es hora de follarte como se debe. Es lo que quieres, Beth.
—Si... Dominik—De golpe, me llena. Muerdo mi labio y me estremezco. Es enorme, duro, grueso. Me fascina—. Toda tu polla dentro de mí—afirmó con una sonrisa de total satisfacción.
Empieza a embestirme con dulzura, permitiendo que me acostumbre a su grosor. Ni siquiera la polla de Mike logró llenarme tan jodidamente bien como lo hace la de Dominik. Lo siento golpear mi útero, masajear mis paredes, estimular puntos que nunca creí que se sentirían bien.
—Puta mierda...—gruñe y me penetra más fuerte—. Tu coño es demasiado apretado y pequeño, Beth—Se inclina y me besa, lo que hace que lo sienta aún más clavado en mí.
No deja de besarme, me embiste con más fuerza, su longitud me estira y me llena, su glande golpea mi útero, el cual tiembla y me incita a venirme. Aprieto las piernas alrededor de sus caderas y eso hace que sus empujes se vuelvan cada vez más duros. La cama se estremece con la manera en la que me folla, nuestras respiraciones se agitan, sus labios acuden a mi pecho y lo mete en su boca sin dejar de penetrarme.
—Dominik... se siente increíble—susurro, cada vez más cerca de mi orgasmo.
Me toma de las caderas, las levanta un poco y me folla como una auténtico salvaje. Entra y sale de mi sin control. Empuja y toca zonas que hace que los dedos de mis pies se doblen. Me agarro de las sabanas y gimo, no creo que pueda continuar. Me vendré alrededor de su polla como siempre quise.
—Vamos Beth, córrete para mí, preciosa—Sus dedos se entornan en mi piel y empuja cada vez más fiero—. Estás cerca, tus paredes me succionan y no me quieren soltar, me envuelven como un puto guante, Beth.
Desliza un dedo sobre mi clítoris, juega un poco con él y suelto un gemido gozoso. Dominik aprieta la mandíbula y se mueve como si estuviera poseído, si no tuviera el maldito condón, sentiría su semen deslizándose dentro de mí. Me encargaré de ello más adelante, porque sé que no será la primera y la última vez.
—Dime, Beth—Sigue follándome duro —. ¿Eres mía? —pregunta con voz tormentosa.
—Sí, soy tuya—respondo sin dudar.
—¿Nadie te ha follado como yo? —Se inclina y lame mi barbilla.
—No, nadie—Clavo mis uñas en su espalda y gimoteo.
—¿Nadie ha tocado lo que es mío? Me limito a negar. Lo de Mike no significa nada, no quiero perderlo, no quiero que me considere indigna y se aparte para siempre—Bien... porque—Empuja y me estruja contra su polla—... eres—Entra y sale de mí—... mía.
Aprieta mi clítoris y ambos nos corremos. Cubre mis labios con los suyos y se estremece sobre mí.
Minutos después de lo compartido, sale de mí. Me muestra el condón y veo que se vino demasiado. Lo envuelve para llevarlo a la basura del baño.
—Tu coño es estupendo—comenta sin dejar de tocarme—. Quiero tenerte sin preservativos—Su anuncio me toma por sorpresa, pensé que tendría que convencerlo para que eso sucediera—. Quiero cada gota de mi semen marcándote como mía—Traza círculos sobre mi vientre.
—He estado tomando pastillas para regular mi periodo, creo que estaremos bien.
Asiente y besa mis labios. Quiero que se quede, que amanezca conmigo, pero me conformo con un beso de buenas noches, sabiendo que me ha follado en vez de la sosa de su esposa, que soy suya y que esto está sucediendo.
Lo que no sabe, es que lo que acabo de decir es una mentira, no tomo pastillas.
Quiero tenerlo, quiero todo dentro de mí.
Quiero las consecuencias de nuestra relación.