11 HAMBRIENTO, PERO MAREADO por haber sido noqueado, Joe Ray se esforzó por romper el pan duro. Sus esposas sonaron cuando acabó soltando un trozo y se lo metió en la boca. Mientras masticaba, la sangre corría de su sien palpitante donde el gran hombre que llevaba la grotesca máscara le había golpeado; se la frotó antes de que le llegara al ojo. En todo momento, mantuvo la vista fija en la mujer atada a la silla de ruedas, y en la niña que miraba fijamente al espacio; la línea de babas que colgaba de su boca parecía una hebra plateada tejida por una araña. Estaban sentados a la derecha de una mesa grande y deforme que él dirigía. En otro lugar había un recipiente vacío y un plato rústico con un trozo de pan moreno. De una gran olla llena de caldo, situada en el centro de la mesa, se ele

