6 horas antes.
El móvil vibró sobre su escritorio justo cuando se servía un trago. Kieran lo miró un segundo, dudando si contestar. Estaba de mal humor. Su hermano había intentado por todos los medios contactarlo y su abuelo le había enviado una lista de candidatas a prometida, como si fuera una puta subasta.
Iba a ignorar la llamada creyendo que era su abuelo hasta que vio el nombre.
Bárbara Ross.
Había perdido su primera llamada por una estupidez. Su móvil se había quedado sin pila, luego había tenido que atender una junta de accionista que se extendió más de lo previsto. Sin embargo, que estuviera llamando de nuevo en menos de una hora hizo que su nuca se enfriara.
Kieran atendió de inmediato.
—¿Señor D’Amato?
La voz al otro lado de la línea no era la de Bárbara
—Sí, ¿quién habla?
—Soy Jenny… Jenny Ross. La hermana de Bárbara.
Kieran se quedó inmóvil.
—¿Ha pasado algo?
—Sí. Hubo un temblor aquí en Dillon. Bastante fuerte. Bárbara… —la voz titubeó, luego continuó en un susurro trémulo— La…La encontré inconsciente. Está en el hospital, con una conmoción cerebral. Pensé que… como su prometido, debía estar al tanto.
Silencio.
Las palabras rebotaron como piedras en el interior de su cráneo.
—Perdón… ¿Su qué?
—Su prometido—Repitió ella—Estoy hablando con Kieran D’Amato ¿Cierto?
—Sí.
—Bueno, mi hermana ha tenido un accidente. Su prometida ha tenido un accidente, señor
¿Prometida?
—¿Qué ha dicho ella?
—Nada. Aún no ha despertado. Pero tenía su número guardado en sus contactos…En “favoritos”. Supuse que… se preocuparía al no saber de ella en varias horas.
Kieran no respondió de inmediato. Su mirada cayó sobre el vaso con whisky, y por primera vez en la noche, se sintió sobrio.
—Gracias por avisar —dijo al fin, su voz más baja de lo habitual.
Colgó.
No desmintió nada.
No lo corrigió.
No lo negó.
Se quedó mirando su propio reflejo en los ventanales oscuros de la oficina, el vaso intacto en su mano, y una extraña presión en el pecho que no supo cómo clasificar.
Prometida.
¿En qué momento Bárbara Ross —La abogada más reservada, estructurada y hermética de la firma— se las había arreglado para decirle a alguien que estaban comprometidos?
¿Era una broma? ¿una cámara oculta?
¿Y por qué demonios no lo había negado él?
Kieran apoyó el vaso sobre el escritorio sin beber. El sonido seco del cristal contra la madera resonó más de lo necesario en la oficina vacía.
Su mente viajó a la última vez que la había visto al pasar por su oficina: el gesto serio, la mirada que rara vez se desviaba de los documentos, esa manera de mantenerlo a raya con frases cortas y precisas. Nunca daba pie a conversaciones largas. Bárbara no era de improvisar. No era de inventar. Entonces, ¿por qué alguien pensaría que él era su prometido?
A menos que ella misma lo dijera…
Se pasó una mano por el rostro y caminó hasta el ventanal. La ciudad seguía ahí abajo, indiferente, brillante, funcionando como siempre. Nada había cambiado… salvo una mujer inconsciente en un hospital de un pueblo que apenas podía ubicar en el mapa.
Su móvil vibró de nuevo.
Esta vez sí supo quién era antes de mirar la pantalla.
—¿Qué demonios quieres? —respondió sin saludo.
—¿Le dijiste al abuelo que me había acostado con Tatiana? —la voz de su hermano sonó tensa.
—Por supuesto que sí.
—¿Estás loco?
—No —dijo Kieran, con calma—. Loco habría sido casarme con una mujer que se acostó con mi hermano.
—Eso fue solo un error…
—Error o no, ya está hecho.
—¿Dónde diablos vas a encontrar otra mujer perfecta y con buena posición como Tatiana Kennedy?
De pronto, los ojos verdes y gatunos de Bárbara relampaguearon en su cerebro
—Mujeres como Tatiana abunda por ahí... —señaló.
—Kieran no hagas esto. El abuelo cuenta con este matrimonio para…
Kieran soltó una risa breve, sin humor
—Eso debiste pensarlo antes de acostarte con ella. Ahora, si estás preocupado por la alianza, porque no te casas tú con ella. Por una vez en la vida, Anthony afronta las consecuencias de tus jodidos actos.
Colgó.
No se arrepentía de nada, pero por primera vez en años, sentía que algo se le había salido del guion. No un negocio. No una negociación. Algo más… incómodo.
Caminó de regreso al escritorio y tomó el teléfono interno.
—Sofía —dijo cuándo su asistente contestó—. Cancela todo lo que tenga mañana. Todo.
—¿Incluso la junta con—?
—Todo —repitió—. Y dile a Romeo que prepare el jet. Salgo esta noche.
—¿Destino?
Kieran miró el reflejo de su propio rostro en el vidrio oscuro.
—Dillon.
Colgó sin dar explicaciones.
No sabía qué era exactamente lo que iba a encontrar cuando llegara a dicho pueblo.
Ni qué pensaba hacer cuando ella despertara.
Pero algo estaba claro:
No iba a permitir que su nombre siguiera circulando en una mentira…sin estar presente.
Quería ver el jodido espectáculo por él mismo.