Ha llegado el día. Hoy van a decir quién es el nuevo director o directora de la editorial. Ha sido una semana un poco loca, no sabíamos qué hacer y a veces nos ponían tareas de otros departamentos, eso sí, esta semana he estado mucho más tranquila. No quiere decir que me alegro de la muerte de mi jefe, pero estoy mejor sin él.. ¿Soy una mala persona?
Al llegar a la oficina puedo notar perfectamente el nerviosismo de mis compañeros. Entran y no saludan, van con prisas y se le caen las cosas de las manos.. Pero por dios santo, ¡que no acaba el mundo! Aunque si le hacemos caso a los mayas.. ¿Alguien se cree esa teoría? Quizás.. Vale, estoy desvariando. Puede ser que yo también esté un poco nerviosa por todo lo que puede ocurrir hoy. Aún queda una hora para la reunión así que voy hacia Martina y le arrastro hacia la cafetería. Con café todo es mejor.
—¿Quién crees que va a ser el nuevo jefe? —me pregunta Martina con su habitual voz ronca. Qué hará para tener casi siempre esa voz..
—No sé, pero quiero tener de jefa a una chica. Estoy harta de los tíos, se creen que somos esclavas y no simples trabajadoras que hacemos lo que nos gusta.
—Estoy de acuerdo, una chica siempre tiene más tacto. Ojalá fueras tú la nueva jefa..
—¿Yo? —me echo a reír—. Llevo solo un año aquí Martina, tú llevas cinco.
—¿Y qué? Todos sabemos que desde que tú llegaste, todo va mejor, las entregas son más rápidas, las correcciones también... Además, las ventas subieron un sesenta por ciento.
—Coincidencias Martina. —le pongo una mano en el hombro—. Me encantaría tenerte de jefa. —admito.
Y es verdad. Martina es una chica amable y simpática que siempre está cuando lo necesitas. Hace dos meses, cuando falleció mi hermano, ella estuvo conmigo como si fuese parte de mi familia sin conocerme de nada, ¿quién hace eso?. Sin duda sería una gran jefa.
Después de estar toda la hora hablando con Martina sobre cosas triviales, nos dirigimos a la reunión. Están todos menos el vicedirector, quien sinceramente, no sé por qué no se hace cargo del barco, por así decirlo. Quizás quiere darle a alguien la oportunidad.. O quizás no le guste viajar, pero.. ¿A quién no le gusta viajar? Yo me vuelvo loca cada vez que conduzco mi citroen para ir a Córdoba, mi tierra. Cuando entra Joe, el vicedirector, me encuentro sonriendo como una tonta mientras recuerdo los veranitos en mi casa en Sierra Morena.
—Buenos días a todos y todas. Ya tengo la decisión tomada y es una decisión inamovible.—pronuncia la última palabra más fuerte, dejándolo claro—. La nueva directora estará al cargo de todo a partir de nombrar mi decisión y decir el por qué de ésta. —la sala está tan en silencio que casi puedo palpar la tensión—. Acabemos cuanto antes. —carraspea—. Enhorabuena a Lucía Sellers. Eres la nueva directora.
¿¡YO!?
Creo que me he meado encima.
Ah no, es el vaso de agua.
¡Mierda! Me levanto de golpe mientras miro mis pantalones vaqueros mojados. Me acaban de nombrar directora de una editorial, el sueño de mi vida y voy yo y me tiro un vaso de agua. Eres la hostia Lucía. ¿Cómo vas a ser la directora si no sabes mantener un vaso de agua en la mano? Toda la razón mi querido subconsciente.
Al levantar la cabeza es cuando me doy cuenta de que están aplaudiendo y esperan alguna reacción. ¿Qué voy a decir?.. ¡Oh estoy encantada, quizás con suerte no caemos en quiebra! me entran los siete demonios en el cuerpo y reprimiendo el impulso de meterme debajo de la mesa decido abrir la boca para decir algo. Antes de pronunciar cualquier sonido parecido a un grito de pánico, Joe empieza a hablar. ¡Gracias Universo por ayudarme!
—Los motivos son los siguientes: Desde que estás aquí las ventas han subido notablemente, Marco siempre hablaba maravillas de ti en las reuniones privadas, sabes siete idiomas y te he visto trabajar eficazmente. Eres perfecta para este puesto. Además, conoces perfectamente cómo van las cuentas y todos los departamentos, ¿me equivoco? —niego con la cabeza y él aprovecha para coger aire—. Entonces, enhorabuena.
La hora siguiente me la paso en una especie de nube, no paran de llegar las felicitaciones de cada compañero y de mis amigos, a quienes he avisado. Cuando acabo de hablar en privado con Joe sobre mis nuevos honorarios, lo que haré a partir de ahora y sobre quién será mi secretaria, me voy a casa para retocarme un poco el maquillaje y cambiarme de blusa. ¡Es viernes y voy a celebrar mi gran ascenso!
Me pongo una blusa negra con escote de pico y mangas de volantes. Dedico unos segundos a observarme en el espejo; Mis ojos marrones están mas brillantes de lo habitual y mi piel morena tiene un tono sonrojado por la euforia de todo el día. Abro mis labios gruesos formando una o y los repaso de nuevo con el gloss. Suelto la coleta que llevo hecha y me dejo el pelo liso suelto, que me llega casi a la cintura, y corro hacia la entrada donde me pongo unos botines negros. Mientras le echo de comer a Coco, me llega un w******p.
María Chiconina
Stas ya?? t pesa el higo! ✔✔
Sí pesada!!! Donde andas??✔✔
En tu puerta directoraaaaa!✔✔
OK, ya salgo.✔✔
Acaricio la cabeza de mi pequeño golden retriever y le doy un beso en una de sus orejas a lo que él contesta gruñendo. Vale, ya me he enterado, quiere comer tranquilo el muy ansioso. Me retiro de su campo de visión antes de que decida comerme a mí y apago la luz antes de cerrar la puerta de casa con llave.
Cuando llegamos María y yo al fifty, mi pub favorito, está sonando una canción de El Barrio y sin dudarlo nos ponemos a bailar. Cinco minutos después llegan nuestros amigos: Chuso, Clara, Marta y Kate. La verdad es que somos un grupo pequeño de amigos, pero mejor pocos y buenos que muchos y chuchurríos.
Chuso es el gay del grupo y el que más vida s****l tiene, siempre está contándonos sus batallas en la cama con sus diversos amantes, a estas alturas no soy capaz de retener ni un sólo nombre de todos los que nos ha ido contando. Clara es la más tímida, hay que sacarle las palabras con sacacorchos porque sino puedes estar cinco horas con ella sin cruzar ni una palabra aunque desde que nos conocía, parecía haberse soltado más. Kate sin embargo, es una bomba. Su belleza sudamericana y su forma de ser llama la atención por todos los sitios a los que va por lo que caes enamorado de ella al segundo de conocerla. Y Marta.. Bueno es Marta. Ya la conoceréis. Y estos son mis amigos, sonrío con ganas, feliz de conocerles.
Uno a uno me van dando la enhorabuena por mi nuevo puesto en la editorial y empezamos a pedirnos cervezas como locos.
—Mmm.. ¡Qué rica! ¡esto sí es el paraíso! —digo cuando pruebo mi Estrella Galicia.
—¡Esto está para mojar los dedos y chupar! —dice Chus entre risas.
—¡Eres más bruto que un arao! —continúa Marta.
Rodeados de Madrileños, se nota a leguas que somos del sur, todos excepto María y Kate. La primera es de Madrid y la segunda es de Bolivia. Pero bueno, nos importa tres pepinos destacar y además, a todos les hace gracia nuestro acento.
Tras cinco rondas de cervezas nos encontramos bailando en la pequeña pista al ritmo de Beyoncé y la verdad es que me siento como si las cinco rondas hubieran sido de agua. Necesito más alcohol. Aviso a los demás haciendo los típicos gestos de ir a beber y me alejo de la pista para ir a pedirme un ron con cocacola. Vamos a subir la potencia. Cuando pido, el barman rubio que me ha atendido las ochocientas veces que he venido, me sonríe mientras insiste en que guarde su número de teléfono. Al pagar, alguien se me adelanta.
—Yo invito.
Una suave voz llega desde mi lado izquierdo y un hormigueo recorre mi espalda. ¡Madre mía que yo tengo un problema con las voces, que me vuelvo muy loca! Rezo a todos los santos que conozco para que sea un orco sacado del Señor de los Anillos. Me giro lo más lenta posible y flipo en colores al ver al guapo y sexi policía de hace una semana. Va con un polo n***o y unos vaqueros negros ajustados. ¡Madre mía del amor hermoso y la virgen santa! Señor, si estás ahí, ayúdame.