Miro al cielo completamente azul, manchado sólo por dos solitarias nubes que se mueven poco a poco. Estamos a primeros de Junio, hace una calor insoportable en Córdoba e Ian está a unos metros de mí, en vaqueros y sin camiseta. ¡Gracias dios por tanto y perdón por tan poco!. Me paro a observar a Ian, está en el césped del campo de la familia con una cerveza en la mano y una sonrisa en su bonita cara por algo que le está contando mi padre. Acaba de empezar el verano y su piel ya comienza a estar morena. Sus anchos pectorales se sacuden mientras se ríe y yo estoy apunto de caer en coma. Retiro la vista de mi precioso estadounidense cuando noto que ocupan la tumbona de al lado. —Hermanita, pareces la chica esa de en llamas. —dice mi hermana Sara mientras se ríe. —¡Para tu cumpleaños

