Intento abrir los ojos pero los siento muy pesados, no entiendo qué está pasando. Lo último que recuerdo son unos dolores horribles en el estómago y a mi hermana gritando para llamar a una enfermera. Escucho las voces amortiguadas de mi padre y mi hermana Amelia, hablando con una mujer. Pillo algunas palabras sueltas pero sigo sin entender lo que pasa. Cuando consigo abrir los ojos, empiezo a parpadear sin ton ni son. Me incorporo un poco y una médica muy joven se gira hacia mí, en su chapa pone González. —Hola Lucía, soy la doctora González. ¿Cómo te encuentras? —sonríe con calidez y le aprieto la mano que me tiende con la poca fuerza que me queda. En ese momento veo que tengo una vía en el antebrazo. —Hola.. —digo tímidamente. Detrás de la médica las miradas preocupadas de mi f

