Valeria no reaccionó al beso repentino de Erick. El impacto la dejó sin aire, medio recostada en los brazos fuertes del hombre. Cuando logró comprender lo que estaba pasando, ya estaba presionada contra la cama suave, y el hermoso rostro de Erick ocupaba toda su visión. Su miedo se intensificó de golpe. Aún recordaba claramente el dolor de aquella primera noche. Erick percibió el cambio en su mirada y murmuró junto a su oído, con un tono que erizaba la piel: —¿Qué pasa? ¿Tienes miedo ahora? ¿No fuiste tú quien aceptó sin pensarlo? ¿Eh? El rostro de Valeria ardía. Se mordió el labio con timidez, cerrando los ojos para evitar la profundidad seductora de los de él. Tras un momento, dijo con una voz temblorosa y quebrada: —Señor Erick… estoy cansada. Pero Erick no se detuvo. Su alient

