La voz femenina, suave y ligeramente delicada, rozó el corazón de Erick como una pluma, dejando un calor inquietante en su rostro. El hombre sintió una punzada que no esperaba. Enzo, en cambio, se quedó inmóvil por un instante… y luego su expresión se volvió completamente oscura. Cuando Erick y Valeria salieron de la joyería ZE, él los siguió sin pensarlo, incapaz de contenerse. Sofía intentó detenerlo, pero no pudo. Era la primera vez que veía a Enzo —siempre tan sereno— perder el control de esa manera. —Señorita Sofía, aquí tiene los anillos de boda del señor Enzo —le dijo el vendedor, devolviéndola a la realidad. —Gracias —respondió ella antes de salir corriendo. Afuera, Enzo estaba de pie frente a la tienda, con la mirada clavada en la dirección en la que se había marchado el veh

