El Marqués se volvió para mirarla. —¿Me está usted insinuando que nosotros podríamos encontrar esa estatua? —Tendríamos que tener mucho cuidado —respondió Medina—, porque la gente que vive aquí es muy posesiva y no desea que sus tesoros caigan en manos de otros. —Es natural. —Varios Arqueólogos han sido echados ya de no muy buenas maneras —comentó la joven. —¿Cree usted que podremos pasar desapercibidos? — preguntó el Marqués. —Tendríamos que ir solos —respondió Medina—, y sólo podríamos confiar en Nur. El Marqués pensó por un momento y después preguntó: —¿Está muy lejos de aquí? —Tardaremos aproximadamente un cuarto de hora en llegar al lugar donde el hindú supone que se encuentra enterrada la Estatua. —¡Pues en marcha! —exclamó el Marqués con una sonrisa. —Necesitará una pala

