Capítulo 6AL amanecer, antes que nadie se hubiera despertado, Medina salió de su tienda y se dirigió a la Tumba de su Padre. La encontró con facilidad, pues había colocado muchas piedras encima después del entierro. El viento había cubierto las piedras con arena y era imposible para quien las veía saber que habían sido colocadas recientemente. Se arrodilló junto al túmulo y como en ese momento se sentía más unida a su Padre que nunca, comenzó a implorarle: —¡Ayúdame, Papá... ayúdame a salvar al Marqués! Tú sabes que es una locura pretender entrar en La Meca y si él muere yo desearé morir también. Ella murmuró las palabras, pero le pareció que las había gritado y que los espíritus de la ciudad y de las montañas la habían oído. —Lo amo, Papá, lo amo... con todo mi corazón... como tu amas

