Es festejo de Lailat debía comenzar mañana, sin embargo, la fiesta en Cadde lo haría desde dos días o un día antes pues tantas personas comenzarían a comer y beber en exceso disfrutando de la celebración. Sila había dicho que estaba comprando dulces, posiblemente para seguir la tradición de regalar a los invitados o a los vecinos que se dieran a la tarea también de presentar sus obsequios. ¿Qué era lo que debía hacer? Necesitaba más dinero si quería comer nuevamente, pero estaba reacia a robar otra cartera. No conocía a nadie salvo a la amable señora del Kebab y el Hiyab (insistía) la estaba matando. Deseaba quitárselo de una vez por todas, pero algo le decía que no debía hacerlo. Al menos eso la hacía sentirse camuflada. Nunca tuvo en mente ponerlo y ahora menos que nunca. Caminó un poc

