Para mi madre no fue tan complicado asimilar el hecho de la decisión que había tomado con respecto a la venta de las tierras. Me dio mucho gusto encontrarme con Lina al pasar por la casa de su madre con el taxi para recoger a mis hermanos y que pasaran unos breves momentos junto a nosotras bajo aquel techo que nos vio crecer a los tres. Todo habría sido mejor si no hubiésemos encontrado a mi padre sentado en la entrada con una botella entre las manos y un cigarrillo entre los labios. -Mijo- le saludó mi madre tan sorprendida como yo, o eso esperaba yo confiando que así fuese. -Cambiaron la cerradura- fue el tosco recibimiento de mi padre. Sus ojos viajaron a la pierna de mi madre y vi cómo no disimuló ni un poco el asco mientras los chicos me ayudaban de forma muy hábil y bajarla de el

