Extendí la mano y Lisandro arqueó una ceja, blanqueé los ojos. -¿Cómo es que pretendes que nos veamos si es que no tienes mi número de teléfono?- pregunté y no dudó en tenderme su aparato celular. Tecleé los números que aprendí de memoria, identificándome como Triada y un corazón violeta, presioné “Agendar contacto” y volví a entregarle su teléfono. -¿Siempre eres tan directa con los hombres, Triada? -No, no siempre- reconocí y acerqué mis labios a su oreja mientras me ponía de puntitas- Sólo con los que me llaman la atención.- me alejé de él y le regalé una conquistadora sonrisa- Hasta luego, Lisandro- me despedí mientras me miraba algo shockeado. -Hasta pronto, Triada- murmuró y me alejé con el corazón acelerado y el teléfono timbrando de nuevo. -¿Hola?- -¿Triada?- fruncí el ceño

