Salimos del hospital, por una salida especial para esos casos, pero dejando atrás las miradas del doctor y de las enfermeras que se despidieron de Arthur a su manera. Salí de ahí, dejando mis penas y sentimientos cargados en esa habitación. Solo esperaba que Arthur me siguiera y no se quedara rondando en ese lugar. Quería que estuviese a mi lado siempre. Me subí al auto, al lado del chofer. Los tipos se fueron en otro auto, porque no alcanzaban en la carroza y salimos rumbo a la iglesia, donde lo velaríamos. Por orden expresa de Arthur, no quería que lo velaran en nuestra casa. Entendí que era, porque para mí sería triste llegar a casa y ver el lugar, donde sea que colocaran su ataúd en caso de que su muerte sucediera. En el fondo se lo agradecí. No estaba preparada para eso. Menos ahora

