En la madrugada, un sueño junto a mi madre me despertó. Me senté en la cama asustada. Siempre me pasaba. Arthur sintió el movimiento y se despertó. Me miró confundido y luego se asustó. —Cariño ¿estás bien? —Sí, solo tuve una pesadilla— Le respondí. Me acercó hacia él y me abrazó fuerte. —Todo está bien, estás acá conmigo, yo te cuidaré y velaré tus sueños esta noche. —Gracias, Arthur— Subí mi cabeza para mirarlo y noté en sus ojos el deseo latente. Me acerqué y le di un beso. Sus manos comenzaron a acariciar mi espalda, mi trasero y mis muslos. Sus caricias encendían mi cuerpo. Estaba perdida en sus brazos. Hicimos el amor nuevamente. Qué exquisito era sentirlo. Estaba enamorada, ya no temía pensarlo. A la mañana siguiente, me desperté por el ruido de un despertador. Arthur me soltó

