" Estoy en el baño, rodeada por el silencio que solo se interrumpe por el latir acelerado de mi corazón. Las náuseas no me dejan en paz, y el mareo parece persistir a lo largo del día. La sensación de hambre es incontrolable, pero el malestar no me deja comer nada. Todo apunta a lo mismo: puedo estar embarazada. La duda se ha instalado en mi mente, y no puedo quitármela. Así que, con un nerviosismo que no me deja tranquila, decido hacerme una prueba de embarazo. Estoy tan ansiosa que no puedo quedarme quieta ni un solo segundo; doy vueltas de un lado a otro por el baño, mirando la prueba en mis manos, esperando que el tiempo pase más rápido. Han pasado ya unos cinco minutos, pero me siento como si el reloj estuviera jugando conmigo. Finalmente, me decido. Tomo la prueba y, con las manos t

