Me levanto de golpe de la cama, el sudor recorre mi espalda y el corazón late tan fuerte que siento como si fuera a salirse de mi pecho. La respiración entrecortada no me permite calmarme, y cuando giro la cabeza, veo que Lucas sigue profundamente dormido, completamente ajeno a la tormenta interna que estoy viviendo. La angustia me consume por completo, pero intento mantenerme lo más tranquila posible. Respiro hondo, y sin pensarlo mucho, me levanto de la cama y me dirijo a la terraza en busca de aire fresco. El aire frío me golpea la piel al salir al exterior. Me siento en el sofá que está justo mirando hacia el bosque, y aunque mi cuerpo está tenso, la brisa fresca me ayuda a calmar mis nervios. El aroma a tierra mojada me envuelve, ese olor tan característico después de la lluvia. Estu

