Fui a mi casa después de una parada en el bar más cercano del cuartel. Cuando entré, lancé la cartera al sofá con una idea rondando en la cabeza. Mañana viernes no iría a trabajar. Sí. Era el día número uno de la cuenta regresiva, pero no iría sólo para j***r los planes de Camilo. Exacto. Mi orgullo me iba a llevar al límite de faltar un día a mi trabajo. Estaba demasiado cabreada como para ir a trabajar y aguantar sus babosadas sobre la cuenta regresiva y el supuesto beso. Quería demostrarme a mi, y a él que no me afectaba su estúpida cuenta. Sobre todo a mi. A las diez de la mañana del día siguiente me mordía las uñas por no tomar las llaves del Mercedes e ir a la oficina. Pero de nuevo, me tragué las ansias y me quedé en casa. El fin de semana llegó y con él, un descanso intranq

