Sonreí de medio lado. Richard era un antiguo y muy conocido mujeriego con el cual había tenido la suerte de encontrarme hace varios años. -Hola Rubia. ¿Me extrañabas?- Fruncí el ceño. -No te he dado tal confianza, dime qué haces aquí y hazlo rápido. No tengo tiempo que perder.- Su cara, en lugar de mostrarse sorprendida, se mostró risueña. -Extrañaba esa lengua venenosa. -Al grano. -¿Tienes algún lugar privado en donde hablar?- Bufé. Conocía a Richard, si se había dado la molestia de venir hasta aquí, era porque en verdad sabía o tenía algo. Indiqué con la cabeza para que me siguiera a la oficina. A la mía y de Camilo. Volví a sentir ese extraño cosquilleo en el estómago, el cual se intensificó al recordar nuestra charla de hace un rato. Por primera vez en mucho tiempo le había cont

