No pensé que me sentiría tan cómoda. Porque sí, la verdad era que me sentía cómoda. Recapitulemos... una cosa era que no lo quisiera en mi oficina o que fuera mi guardaespaldas, y otra muy distinta era su manera de besar. Madre santa... Si hasta me temblaban las pestañas. Seguro, firme, delicado, suave... Soltó un suspiro sin separar nuestros labios para luego continuar con lo mismo. Abrí mis ojos un segundo... un mili segundo, pero fue lo necesario como para ver a Ricky por el espejo deteniéndose dos personas a la derecha nuestra, a quienes saludó con una sonrisa. Sabía que tenía que detener este beso, pero joder... se sentía tan bien. Pero bueno, que el deber nos llamaba. Con mis manos en su firme pecho, lo aparté y lo miré a los ojos. Sus pupilas se habían dilatado, y nunca pen

