-Andrea no lo hagas.- El viento de la azotea golpeaba mi cara, moviendo mechones de mi cabello, el cual cubría parcialmente mi visión. -No puedo continuar... Me siento sucia. -No tienes que hacerlo...- Bajé el arma a mis pies, mostrándole que yo no era un peligro.- Encontrarás la manera. Yo te ayudaré. No tienes que saltar. -¡No!- Gritó. Su rostro desfigurado.- ¡Tú puedes seguir! ¡Él no te tocó! -Andrea, si saltas, le estarás dando en el gusto.- Intenté razonar con ella. Andrea miró a sus pies. Abajo de ella, muchos metros abajo, una patrulla había detenido el tránsito. Al notar que estaba dudando, me adelanté un paso más cerca de su cuerpo, el cual se movía juguetonamente en el borde de la baranda de seguridad de la azotea. -Me siento sucia.- Repitió. -Lo sé. Andrea Mírame.- Lo hiz

