Me arreglé el labial rojo, esperando que no se notara lo mucho que me había mordisqueado los labios de solo pensar en tener que volver a esa mesa. Era inaudito que yo, Melany López, me encontrara tan impaciente y trastornada por un simple hombre. Sobre todo cuando tenía una definición bastante clara para la r**a masculina. Y esa era: Hombre: persona de sexo opuesto al mío que servía para disfrutar durante cuarenta minutos. No es muy complicado entender esa definición, y apostaba a que más de una mujer se identificaba con mi pensamiento. En fin. Inhalé, exhalé y salí fuera. -Te demoraste en el tocador.- Dijo Christopher cuando llegué a la mesa. -No sabía que había tiempo límite.- Contesté seria, volviendo a la comodidad de mi indiferencia. Dejé la servilleta de género en mis piernas y

