Tu mi mayor recompensa

1784 Words
Ese sabor que se siente en el paladar y recorre el cuerpo en una especie de baño de gloria que enaltece el ego al punto de hacerte sentir dueño del universo y causar una sonrisa de suficiencia que demuestra al mundo que no habría nada ni nadie que pudiera perturbar ese momento de regocijo. Así se estaba sintiendo Anna. Al llegar a su departamento, dejo los paquetes que traía en las manos y se fue directo al pequeño bar que estaba dispuesto en un ala de su sala de estar. Tenía la sensación de que era necesario celebrar. Dejar a Graham con el deseo ferviente de apoderarse de su cuerpo, a la espera del regreso que nunca iba a suceder, no por ese momento, era el logro más grande que pudo haberle aportado ese día. Descorchó una botella de vino blanco, y gustosa, pese a que no es asidua al licor, se sirvió una copa, como si fuera la más conocedora y experta en degustación. Lo que era llevar el ego a su máximo nivel, la felicidad que momentáneamente estaba sintiendo la rebasaba. —No todos los días logras burlar a un ser tan despreciable —dijo levantando la copa en alto, brindando por su pequeña victoria. Así se dedicó a celebrar en compañía de su ego enaltecido. A la mañana siguiente, luego de haberse tomado dos comprimidos, y un café bien cargado porque su cuerpo le recordó que pese a su marcada intención de hacerse ver una mujer autosuficiente, empoderada y atrevida, despertó resintiendo los efectos de una tremenda resaca, fue que pudo salir de casa. —Buenos días, amor —escuchó detrás de ella la voz de Israel. Estaba algo irritable, cualquier ruido le molestaba. Se llevó la mano derecha a un costado de la cabeza para tratar de calmar el poco malestar que le quedaba. —Buenos días —contestó con evidente desgana y se encaminó a su oficina. Hasta ese momento Israel no se había dado cuenta del estado en el que se encontraba Anna. Solo lo percibió pues cuando entró a su oficina y la vio sentada detrás de su escritorio ella no hizo ningún gesto para quitarse los lentes de sol lo que llamó poderosamente su atención. —Amor, ¿Te sientes mal? —le preguntó él con evidente curiosidad. No podía contarle de su última hazaña. Era evidente que debía disfrazar tanto la causa como la alegría momentánea que estaba sintiendo del resultado que ahora Israel tiene ante sus ojos. —Sí, un poco. Amanecí con una migraña bastante severa, pero ya me tomé el medicamento. Espero que me haga efecto. Por favor, si puedes pídele a la secretaria que me traiga una taza de café —adujo en un tono de voz más pausado de lo normal—; y cuando salgas, cierra la puerta, no quiero ser distraída. —Si te sentías tan mal me hubieses llamado y yo iba y te llevaba algún otro medicamento; además no tenías por qué venir a trabajar el día de hoy. Ya casi estamos terminando el proyecto, no hay nada por lo que correr —le dijo él en un tono de voz comprensivo. —Precisamente porque estamos terminando el proyecto es que no quiero pasar por irresponsable. Me comprometí contigo y eso es lo que estoy haciendo así me sienta mal, mi deber es estar aquí a la hora indicada —le dijo Anna y levantó la mirada para ver la hora en el reloj que estaba por encima del marco de la puerta. Se dio cuenta que su afirmación estaba siendo bastante errada, pues había superado con una hora de diferencia la hora en la que debía estar en su lugar de trabajo. Israel no le dio importancia su comentario solamente la miró con el cariño que siempre le ha profesado desde el primer día en el que la vio, le dirigió una sonrisa y se giró sobre sus pies para ir por lo que ella le había pedido. Quería ser él quien le llevara esa taza de café. Pasado un buen rato Israel regresó con la taza de café que Anna había solicitado. —Aquí tienes amor, yo mismo lo preparé. —Dejó la taza en frente de ella y tomó asiento en una de las sillas que estaba detrás del escritorio. Dejó que se tomara el café poco a poco y mientras tanto no expresó palabra alguna. En ese momento Anna agradeció en su mente que pese a que se tomó solamente cuatro copas de vino no tuvo un efecto delatador pues el malestar no pasó de el dolor de cabeza que la martirizada que aunque no era fuerte sí por lo leves resultaba un tanto tedioso aunado al efecto de Los Rayos de la luz que fastidiaban en sus ojos de resto ni siquiera transpiró alcohol lo cual era un punto a su favor. Israel jamás se enteraría de la razón de ser de ese malestar. —Este proyecto finaliza la semana que viene, ya hablé con los ingenieros para hacer la inspección final. Me informaron que los funcionarios del organismo municipal van a hacer acto de presencia para entregar el finiquito del proyecto —comenzó a explicarle a Israel asumiendo que el café la había recuperado un poco porque Anna en ese momento finalmente se quitó los lentes de sol y lo hizo aunado sobre la superficie de su escritorio—. No te sientes emocionada? —inquirió él en un tono de voz feliz pausado pero que demostraba regocijo—. Tu primer proyecto finalizado Anna. El proyecto que llevará tu nombre y te elevará a las nubes. Confío en que esto servirá como referencia para que te contraten en cualquier otro proyecto. —¿Cómo que me contraten en otro proyecto? Yo trabajo para ti, para la firma ¿No somos socios? —le dijo ella en un tono de voz de preocupación. — Por supuesto que somos socios y vamos a seguir trabajando Me refiero a que obviamente vas a seguir trabajando conmigo y te van a llegar proyectos donde querrán involucrarte Más sin embargo como hay un contrato de exclusividad donde dice que no podemos trabajar por separado al contratarte a ti están contratando a la empresa; así que pierde cuidado. Me llena de orgullo ver la dedicación que le pusiste a este proyecto. Te felicito amor. Yo sabía que lo ibas a lograr, solamente necesitabas a alguien que te sirviera de puente le dijo él con ternura. —Ah había preocupado gracias — respondió devolviéndole sutilmente la sonrisa que él llevaba por ratos obsequiándole. Israel carraspeó su garganta y se acomodó en el asiento apoyó sus codos en la superficie del escritorio y la miró fijamente. —Amor, estaba pensando en algo. Después que te fuiste ayer, a mi mente llegó la propuesta que me hiciste de que te ayudara a recuperar el dinero que tu familia te quitó. —Sí. Llevo días pensando en cómo hacer para proceder con eso le dijo ella recordando perfectamente el día en el que tuvieron esa conversación. —Estaba pensando que sería bueno que trataras de lograr hacerte de una aliada adentro de la casa de tus padres —advirtio adoptando una actitud seria—. Necesitas que alguien te ayude a conseguir los documentos que dices que te hicieron firmar. —Va a ser una tarea difícil .Recuerda lo que sucedió el día que me acompañaste a sacar todas mis cosas de esa casa ¿Lo recuerdas? Si ninguno quiso apoyarme al momento de hacer las maletas y hasta bajarlas. Imagínate tú ¿Van a querer arriesgar su trabajo por ayudarme a conseguir unos documentos que en realidad yo ni siquiera sé si puedo deshacer a estas alturas? —Contando con unos buenos abogados todo se puede Anna —afirmó en un tono de voz seguro—. Mentalízate solamente en conseguir los documentos, yo me encargaré de contratar a los mejores abogados del país. Estoy seguro de que algo se puede hacer. Sí para ese entonces tú no tenías la edad suficiente para tomar una decisión tan radical como para cederle los bienes que te dejaron tus parientes, entonces todo eso que ellos hicieron y lo que vienen haciendo es ilegal. Anna lo miró esperanzada pero la preocupación no dejaba de punzar en su pecho, pues sabía que el paso que iba a dar no era fácil se iba a terminar de echar de enemigos a su padre, a su hermana y a su madre los únicos, ese paso terminaría de declarar la enemistad que por años llevan cada uno manifestando silentemente lanzándose dardos invisibles cargados de un veneno que no mata de manera instantánea sino que hace padecer sus efectos como cual enfermedad terminal parientes que le quedaban en este mundo. —Dejame ver Qué puedo hacer porque en realidad no estoy segura de poder encontrar dentro de esa casa a alguien que me pueda ayudar —le dijo ella en un tono de voz desesperanzado. — Piensa bien a quién puedes tratar de contactar y yo lo llamo o ponemos a cualquiera de nuestro equipo a hacer la llamada para preguntar por la persona yo me encargaré de ofrecerle una cantidad de dinero sustanciosa por dinero nadie deja de considerar hacerse de un riesgo que pudiera representarle un futuro alejado de el estrés propio del día a día y los gastos que no pueden ser afrontados. —No deberías hacer eso — le dijo ella preocupada—. Ya has hecho demasiado por mí dar dinero por algo que ni siquiera sabes tú si va a llegar a feliz término es un riesgo bastante tonto no creo que sea conveniente que hagas esto a fin de cuentas no vas a obtener nada Pues en realidad el dinero me lo dejaron a mí yo soy la que perdí y yo creo que seré la que seguiré perdiendo adujo con pesimismo evidente. — Claro que gano me estaría ganando tu corazón que es la mayor recompensa que le he pedido a la vida durante todos estos años le confesó él en un tono de voz serio—. Llegar a ti no es fácil y estar en la posición en que me encuentro hoy en día es uno de los tantos trofeos que he podido alcanzar no creas que no me has hecho feliz en estos meses sobre todos los últimos días con todas las manifestaciones de cariño que me has dado lo de ayer fue fenomenal y por eso mismo es que siento que te amo cada día más le confesó él dejándola bien atornillada en el sillón de la fuerte impresión que le produjo esa confesión.
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