—¿Qué tal si pasamos a cenar y tomarnos una copa? —propuso Israel mientras acaba su auto del parqueadero de la empresa. Anna que estaba en silencio, cohibida por todo lo que ha venido sintiendo hacia él, se sorprendió por su propuesta. —No tienes que llegar a comerte otro sandwich, vamos —insistió. —Estoy agotada —le dijo ella. —Por eso, solo cenaremos y te llevo en seguida a tu palacio —siguió insistiendo y le guiñó un ojo de manera amigable. Anna se convenció de que no puede estar así. Como ya sabía a qué atenerse con él, si la vida insistía en mantenerla al lado de ese hombre, siempre que no caiga en cosas malas no tiene por qué andar prevenida. —Está bien —accedió seria. Israel la llevó a un restaurante lujoso. En el pasado había asistido a algunos en compañía de sus padres, per

