Deseo descubierto

2209 Words
—¿Qué haces aquí tan temprano? —le preguntó Anna a Israel cuando abrió la puerta del departamento. Son las siete de la mañana, estima ella demasiado temprano para hacer visitas. Sobre todo para ella que no había logrado dormir lo suficiente la noche anterior y cuando logró conciliar el sueño cayó en un sueño tan profundo que no escuchó el repique de la alarma de su teléfono móvil. Entre los objetos que Israel pidió en la decoración de la habitación estaba incluido un reloj despertador, ella desacostumbrada a esos aparatos no lo programó, y ahora admite que tal vez ese aparato si la hubiera despertado una hora atrás. —¿Temprano? —cuestionó Israel pasando frente de ella al ingresar al departamento—. Mira la hora, creo que más bien deberías estar lista. Haciendo caso a Israel, levantó la mirada para el reloj que decoraba una de las paredes de la sala de estar, sintió pena. —¡Ay, Dios! Me quedé dormida. Removió más su cabello que de por sí estaba bastante enredado. —Anda a prepararte mientras preparo café y sirvo el desayuno —dijo Israel mientras caminaba hacia la cocina. Solo hasta ese momento Anna se dio cuenta que traía en sus manos unas bolsas de papel. —¿Desayuno? —Sí, sé que no sabes cocinar, ya aprenderás, por eso decidí venir a desayunar contigo. —¡Qué vergüenza! ¡Te vas a cansar de mí! Israel volteó a mirarla. Llegó a la conclusión de que hasta recién despierta se veía atractiva. Le era difícil dejar de verla y hasta desearla. —No creo, pero para evitar que ese tonto comentrio se haga realidad, vete a ducharte. Apenada, se apresuró a la habitación, se lavó los dientes, y luego tomó una ducha rápida. Como quiera que estaba en la habitación sola, después de secar su cuerpo en el baño y colocar loción, se fue a la habitación a vestirse totalmente desnuda. Para su sorpresa coincidió con un Israel que imaginando que ella aún estaba en la ducha se arriesgó a ir a dejarle una taza de café. Casi ésta resbala de su mano al verla una vez más en la mejor de las vestimentas que puede lucir una espléndida mujer. La ropa de eva le quedaba a la perfección, ni más ni menos, y eso lo volvía loco, tanto que no pudo quitarle la mirada encima, y para colmo antes de disponerse a preparar unos tocinos, los que ya reposaban servidos en sus platos en la mesa del comedor, se había quitado la chaqueta y la camisa para no mancharla en la cocina, por lo que se encontraba en guarda camisa y el pantalón del traje. De modo pues que terminó por delatarse, Anna también sorprendida de verlo ahí, se paralizó, se quedó de brazos caídos, mostrándole todo el frente de la escultura que Dios hizo de ella en su proceso de crecimiento. La respuesta a tal perfección se manifestó en una erección inmediata, de esas que parecen express porque no pasó por el tiempo de maduración del despertar del deseo. Su virilidad se veía asfixiada y demandante, eso percibió Anna, le fue inevitable verlo en esa zona, se sintió más desnuda de lo que ya estaba. Israel, consciente de que no debía estar ahí, reaccionó. —Ay, disculpa, solo venia a traer esto —le dijo y colocó la taza sobre una mesa de noche y salió apresurado, no por pena salió espantado, sino porque sentía que no iba a poder contenerse. No era un depredador s****l pero sí un hombre consciente de sus límites cuando le gusta una mujer, y Anna lamentablemente lo lleva famélico de cuerpo. Anna quedó atónita por lo sucedido, y más al darse cuenta del efecto que su desnudez ocasionó en su socio. Sintió dudas de sí salir o no, incluso hasta de seguir en ese departamento. Se confundió con ese pequeño incidente. Tardó más de lo debido vistiéndose, pensaba que no tenía caso ir a la empresa ese día. Tan poca era su experiencia con los hombres que en ese momento no supo separar el trabajo de lo personal. Israel fue el que terminó haciéndoselo ver. —Anna, ya casi es hora de irnos —contestó a su llamado desde el pasillo, al otro lado de la puerta. —No, anda tú —le contestó con inseguridad—. No iré. De la impresión, Israel como no tenía nada que perder porque ya se había puesto en evidencia ante ella y él la había visto en dos oportunidades totalmente desnuda, abrió la puerta e ingresó a la habitación a riesgo de encontrarla en la misma situación. —¿Por qué no vas a ir? —preguntó y se dio cuenta de que ya estaba vestida. —No, no puedo, no voy a ir. —Ya me dijiste eso, ahora dame una justificación —le pidió serio—. ¿Te duele la cabeza? ¿Te sientes mal? —No, estoy bien. —Entonces no entiendo porque no vas a ir a cumplir con el compromiso que asumiste —le dijo Israel—. Hoy tenemos una visita a la obra y lo sabes, no creo que por tus problemas familiares quieras detener tu vida. No vale la pena hacer eso. Esperó a que Anna le contestara. —La comida se enfría —le advirtió—. Y ese café también —agregó mirando la taza intacta. —Comeré después —expresó ella. —Con razón estás tan delgada —opinó—. Te espero afuera para desayunar y nos iremos. Se giró sobre sus pies e iba a salir. —No, no iré hoy, me quedaré en casa. Ya veré qué haré. Necesito pensar qué haré con mi vida. —¿Cómo qué vas a hacer con tu vida? —pregunto confundido—. Pensé que parte de tu vida estaba resuelta. Ahora solo debes dedicarte a trabajar. —No lo creo así, en mi vida no hay nada resuelto, debo pensar mucho qué voy a hacer, no voy a seguir abusando de tu generosidad. Israel del deseo pasó a la confusión. —¿Abusando de qué? La vio dudar, un dejo de contención pudo percibir en la expresión de su rostro. —Es evidente que haces todo esto por mí por una sola razón —le dijo esquiva. En seguida Israel entendió a qué se estaba refiriendo. Sabía que tarde o temprano ella iba a sacar a relucir el tema, y como quiera que ya nada podía ni quería ocultar puso las cartas sobre la mesa. —Ya —adujo y caminó para acercarse a ella—. Ya esperaba que quisieras hablar de lo sucedido, y es bueno que sea ahora, ¿Para qué ocultar lo que se hizo evidente? —suspiró—. Sí te deseo Anna, desde hace meses me llevas padeciendo, me ha costado disimularlo, pero no por eso soy de los que confunde las cosas, somos amigos y socios, bien podemos mantener la sociedad y la amistad, no pienso forzarte a nada. Pero una cosa si te puedo decir, y necesito que te lo grabes, no eres para nada poca cosa como tu familia te ha hecho creer y como tu misma piensas. Eres una mujer maravillosa, tiene un cuerpo exquisito que si me dieras la oportunidad de probar, te juro que haría todo por no herirte, sería tan delicado como se trata a un bebé, porque eres tan endeble y tan tentadora que provocas todos los sentimientos y las emociones que la necesidad puede despertar. Escucharlo hablarle de ella misma con tal devoción le hizo ver a Anna que Israel es un caballero, un hombre diferente, distinto a Graham que si la tomó sin preguntarle; pero como ella quería y quiere su venganza poco le importó verlo en el plan en el que estaba Israel. Se sintió confundida porque esa confesión en lugar de enfadarla, le asustó porque la hizo dudar de sí misma. —Yo…, yo…, no sé qué decirte. —No tienes nada que decir, más bien agradezco haber tenido la oportunidad de soltar esto, ya me estaba agobiando esta sensación —confesó él—. La noche que estuviste en mi casa me pusiste a sufrir, te tuve que bañar y vestir, no sabes lo que me costó contenerme. Su corazón dio un vuelco. —Lo…, lo lamento —respondió nerviosa—. Por eso es mejor que yo me aleje, mejor busco otro empleo, otro lugar. —No —respondió Israel seco y con rapidez—. Te estoy diciendo que no debes confundir, ya hay un contrato firmado, no lo puedes deshacer; además ¿Para dónde irías? ¿Quiéres darle a tu familia un motivo para seguir pensando que no puedes llegar más allá del título que tienes en las manos? Anna guardó silencio, él tenía razón, no tenía para donde ir ni en ningún lugar conseguiría un empleo tan rápido, nadie ha creído en ella. Israel es el único que se había atrevido a creer en ella, ¿O no? ¿Será que solo le propuso la sociedad por su deseo carnal? —¿Por qué me ayudas tanto? —Porque odio las injusticias, porque mereces que te den una oportunidad en la vida. Eres un excelente arquitecto, solo que nadie se había preocupado en verlo. Sería una maldad que ahora desistas solo porque alguien te demuestra y confirma lo deseable que puedes llegar a ser. —No sé qué hacer. —Por ahora desayunar e irnos a la empresa —resolvió Israel sorprendido de sí mismo al demostrar más ecuanimidad en una situación tan avasallante como la que estaban experimentando. Hasta la vergüenza que estaba demostrándole le parecía tentadora, quiso chupar sus labios carnosos y dejar fluir todo el deseo en la enorme cama que tienen al lado—. Vamos. Le señaló el camino, y solo pasados unos segundos Anna avanzó hacia afuera Pasaron el resto del día en una tensión bastante incómoda. Anna agradeció tener a los empleados alrededor de ambos, porque por más que ella lo intentó, no pudo dejar de recordar el momento en el que descubrió el deseo de Israel por ella, y encontrarse observándolo imaginándose con él, en la misma situación que estuvo con Graham pero de manera más relajada porque Israel no tiene nada que ocultar e Israel no es objeto de su odio, Israel se ha convertido en ese ángel que parece convertir sus tragedias en milagros. Por lo que ve como un absurdo terminar cayendo con él, lo respeta tanto que no ve posible terminar en una cama con él. Pero tal descubrimiento terminó abriendo un camino de incertidumbre, curiosidad y hasta cierta contracción en su estómago y cierto picor en sus labios que la llevaban a querer saber que podría sentirse dejarse besar por Israel. Así se mantuvieron el resto de los dos días que transcurrieron, no volvieron a hablar sobre el tema e Israel no dejó de dedicarle las atenciones con las que siempre la ha tratado, y pasó una gran vergüenza en uno de esos tantos momentos en los que su mente la llevó a pasearse por la curiosidad, sintió pena cuando, se vio descubierta por él mirándolo. Se sonrojó, él supo la razón y en lugar de incomodarse se sonrió complacido. Israel imaginó que de pronto el deseo no solo era de él, tal vez ella estaba comenzando a sentir algo hacia él. Una atracción en correspondencia, no amor porque no aspiraba a tato pero sí desearía que ella sucumbiera solo una vez al deseo y se dejara llevar para que ambos pudieran explorar qué tanto pueden obtener ellos en un solo encuentro. Después de ese momento, ella se cuidó de volver a ser sorprendida. —Ya me voy —anunció Anna, la tercera noche después de estar viviendo sola. —Espera que te llevo —le dijo Israel. —No, no es necesario. Ya has hecho mucho por mí, debo comenzar a moverme sola —dijo ella firme. No esperó a que él dijera algo más que buscara convencerla, siempre lo hace y estimó que era necesario soltarse de él para avanzar. Pero Israel no estaba dispuesto a cortar el lazo que se había comenzado a anudar entre ellos. Se paró de golpe de la silla y le obstruyó la salida a tiempo. —Deja de ser odiosa, solo te voy a llevar a tu casa —recordó—. No es que te vaya a hacer nada, ¿Acaso me tienes miedo? Estaban tan cerca que Anna se asustó, no porque él pudiera besarla sino porque sospechaba que tal vez ella no iba a poner objeción si él decidiera hacerlo. La curiosidad la llevaba a mil, y en el proceso deseó una y otra vez saber qué se sentía tenerlo dentro de ella como sucedió con Graham. Desde esa vez no estuvo con nadie más. —No, no te temo —contestó en un susurro. —Entonces no huyas como niña, no voy a comerte. Ya cierro las carpetas y nos vamos, ¿Te parece? —le preguntó tan cerca que hasta él terminó nervioso. Anna asintió en un movimiento de cabeza mirándolo a los ojos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD