Asumiendo que la pequeña diferencia que tuvo con Israel había quedado aclarada con la breve conversación que tuvieron además de el encuentro s****l en el que terminó la misma, Anna el resto de esa mañana terminó por concentrarse en los retoques que debía darle a el proyecto que venía trabajando con el mismo Israel en ese momento asumió su profesión se olvidó de los problemas que tenía y se abocó a lo que la llevó a establecer esa sociedad con Israel y terminar en la posición en la que se encuentran hoy en día.
Solo pasado el mediodía fue que se acordó de encender el teléfono móvil viejo y de inmediato llegaron varias notificaciones de mensajes y llamadas perdidas.
Muchas de ellas ya imaginaba de quién podrían ser; por lo que se fue directo a revisar la aplicación para leer qué barbaridad pudo haberle dicho a Graham, imaginaba el mal humor que terminó gastándose la noche anterior al confirmar la oposición de ella a su intención de obligarla a hacer lo que le viniera en gana.
No tuvo que ser adivina para abrir todos los mensajes, muchos de ellos eran amenazantes y buscaban intimidarla, como si ella no se supiera ya el repertorio de lo que podía venir de él y hasta de su misma familia.
Ha llevado una vida bajo amenaza constante por lo que lo que él le fuera a decir en nada le afectaba y más porque ella lo que quería con él era un juego el cual parecía estar disfrutando a sus anchas mientras que él, extrañamente para su edad y la posición que ocupa en su empresa y en la organización que se ha encargado de ocultar hábilmente, parece no poder llevarle el juego a la mujer inexperta recién estrenada por el mismo.
Decidida a jugarle una broma a quién estaba dispuesto a hacer su objetivo, Anna se incorporó de su sillón y caminó hasta la puerta con la intención de cerrar esta con seguro, pues había decidido marcarle a Graham sin importarle en el lugar en el que estuviera ni con quién.
Para Ana fue evidente que estaba acompañado por alguien importante Pues a la primera llamada no le contestó, la dejó caer y ella decidida a hablar con él en ese mismo instante volvió a marcarle a lo cual recibió respuesta pero ya casi cuando la llamada iba a volver a caer en el buzón de mensajes, él le contestó. La confirmación de estar ocupado fue tan evidente que cuando escuchó su voz se escuchó en un sonido apenas audible.
—Te llamo luego, estoy ocupado. —Adujo seco e intentó evadirla, pero el tono fuerte de la voz de Anna lo detuvo.
—Necesitamos hablar —le dijo ella en un tono de voz tajante, tal cual es la forma en la que él le habla —. Y debe ser hoy. no voy a aceptar un no por respuesta, así como tampoco me vas a poner de excusa que tienes que ver a tu esposa o tienes una junta.
—Denme unos segundos —escuchó Anna que él dijo a alguien que seguramente era con quién venía hablando. Poco le importaba con quién estuviera, lo único que quería era que él pusiera su atención en ella.
Pasaron varios segundos durante los cuales ella solamente escuchó desde el otro lado de la línea la respiración entrecortada de él, era como si hubiera salido de algún lugar y se apresuró a alejarse lo más que pudo del mismo.
—¿En dónde se supone que te metiste durante todas estas horas Anna? Conmigo no se juega —reclamó enojado.
Decidida a no dejarse intimidar mucho menos perturbar, Anna se tomó su tiempo para responderle.
—Yo te dije que estaba ocupada. No tengo que darte explicaciones de lo que hago ni con quién lo hago —respondió con voz pausada—. Es más, no te llamé para hablar de eso. Necesito que nos veamos hoy mismo.
—¿Con quién crees tú que estás tratando, muchachita? Bien sabes que soy un hombre serio, no me gustan los juegos.
—Primero, no estoy jugando, también sabes no soy tampoco persona de andarme con juegos, y segundo, mucho menos soy niña y eso lo sabes tú de sobra —soltó un largo suspiro y se encargó de cambiar el tono de su voz a uno que le demostraba todas las intenciones que ella tenía de seguir su juego—. Tú mismo te encargaste de quitarme lo poco que quedaba de ello; ahora, vamos al grano, ¿En dónde y a qué hora podemos vernos el día de hoy?
—Aquí quién toma las decisiones soy yo, tú no decides absolutamente nada. No puedo verte el día de hoy. Así que tendrás que esperar a que yo te llame —le dijo él de manera autoritaria.
Claro que desea verla estaba necesitado de volver a ver a su pequeña; sin embargo, sentía la necesidad de ponerle un alto, de demostrarle que con él no se jugaba y una de las formas era tratando de mostrarse firme en sus decisiones y sus actitudes.
Graham es del pensar que sí un hombre cede aunque sea un poco ante los caprichos de una mujer, termina perdiendo. Con Loreta no ha sido así, por eso es que se han llevado tan bien, y por esa misma razón es que terminó tomando la decisión de casarse con ella. Ha sido una mujer medianamente sumisa, han sido pocos los problemas que le ha dado. Pero al parecer con la hermana no le estaba resultando de la misma forma, pues aparentemente ella, que le gusta más que su misma esposa, para su pesar, estaba demostrando tener una rebeldía que jamás en su vida hubiera imaginado que guardaba dentro de ese pequeño y exquisito cuerpo.
—Sí es así entonces no me volverás a ver —respondió Anna y puso fin a la llamada dejándolo con el auricular pegado al oído.
Tal como lo esperaba, la reacción de Anna, logró tener efectos nocivos en Graham, pues el hombre agarró un mal humor de perros tan peor del que había agarrado la noche anterior. De modo que cuando volvió a la sala de juntas su semblante no era el mismo se le notaba desencajado y con muy mal humor tal es así que terminó aflojándose la corbata al sentir un calor tremendo que era el propio de la ira que le causaba no haber logrado su objetivo que era doblegar a la mujer a su merced.
—Señores, lamentablemente tengo que dejar esta junta por la mitad —anunció—, se me presentó una emergencia que debe ser resuelta de inmediato —les dijo Graham a el grupo de empresarios que estaban reunidos con él y tuvieron que esperarlo durante el tiempo que él mantuvo la conversación telefónica con Anna.
Intentó actuar con normalidad, pero no lo logró por lo que tomó la decisión de posponer el resto de la misma.
Una vez dada esa información a los empresarios, Graham se incorporó de golpe de su sillón y sin mirar atrás abandonó la sala de juntas que ingresó a su oficina y allí se encerró hasta que se sintió un poco más estable y de inmediato llamó a uno de sus hombres.
—Mathías, necesito conseguir la ubicación de este número telefónico —le ordenó al tiempo que extendió un papel manuscrito—, y es para hoy, no no quiero que te tardes en conseguir esta información.
—Señor, usted sabe cuál es el medio que nosotros tenemos para conseguir la ubicación de los números. Si no logramos conectar la llamada difícilmente podemos lograr ubicar en dónde está ahora. Mi pregunta es la siguiente ¿Sabe a nombre de quién está registrado el número?
—Claro que sé pedazo de idiota. También sé que para conseguir la ubicación tiene que haber una conexión entre llamadas, si te estoy pidiendo esto es con la intención de que instales los equipos necesarios y me informes cuándo debo hacer la llamada —reclamó enojado—. ¡Dios mío! hasta tengo que pensar por ustedes ¡¿Para qué los tengo?! —le dijo un tono de voz brusco.
El escoltas sabiendo cómo es el temperamento de su jefe, no dijo nada más, sino que se giró sobre sus pies no sin antes de pedir permiso para retirarse e irse a la oficina donde reposa para organizar todo lo que Graham le estaba pidiendo y como bien lo dijo él era una orden que era para ya, un mínimo error implicaba perder la vida en sus manos. Porque si una cosa tenía Graham, era que el pulso no le temblaba para sacar del medio a quien quisiera y deshacerse de lo que queda de la persona así sin más. No quiere ser él quien le toque dar el paseo en ese preciso momento.
—Señor, ya tenemos todo listo. Solamente es cuestión de que usted haga la llamada que necesitamos para enlazar los números y tratar de lograr la ubicación del mismo —le informó el escolta pasado buen rato.
—Ahí tienes el teléfono, marca el primer número que consigas. Ese es el número que necesito que rastreen —le dijo Graham y señalándole el móvil que se encontraba en el borde del escritorio en una esquina.
La diligencia con la que actúan los hombres de Graham les aporta una precisión tremenda. Es raro cuando cometen errores, pues como bien se dijo anteriormente, el más mínimo implicaba hasta perder la vida en manos de este hombre que parecía no tener sentimientos.
Solamente después de muchos intentos fue que Anna se decidió a contestarle la llamada y para ese momento el reloj marcaba las siete y treinta de la noche, lo que le había llevado a un estado de mal humor superior al que había adquirido en la tarde cuando ella le colgó la llamada.
—¿Dónde carajos estás? Ves cómo te portas, pareces una niña. Necesito que hablemos.
Para él todo eso solo eran palabras vacías que no tenían contenido alguno, pues su intención no era ir a verla en ese momento, sino tratar de ubicar el lugar donde ella pudiera estar; ya que se propuso hacerle un seguimiento de cerca, pero sin que ella se diera cuenta, así podría tratar de reconocer los lugares a donde va y las personas con las que se relacionaba, porque sí el día del primer encuentro ella lo volvió loco con solo un leve movimiento de caderas, el segundo encuentro fue superior, aunado a su carácter desafiante. Ese que tiene cierto picante que hace subir el mal humor de él a niveles inimaginables, lo que él recuerda como un aditivo importante en las relaciones que ha tenido y que con ella promete tener efectos volátiles, algo satisfactorio para él sí el resultado final será terminar de la misma forma en la que terminaron la tarde del día de anterior donde sentado sobre la silla frente a la mesa que reservaron en el restaurante, terminó haciendo lo que más le provocaba de ella, corriendo el riesgo de que casi los expulsaran del establecimiento por actos lascivos en vía pública.
Graham celebró la efectividad de sus hombres al momento de realizar este tipo de trabajo, nunca fallan confía ellos, aunque siempre considera que es necesario presionarlos un poco para demostrarles o recordarles a ellos cuál es la consecuencia de desobedecer su órden.
Al rato, buscando en quién desembocar toda la ira que tiene producto de una desobediencia, ahí se encontraba parado detrás de una alma que no había percibido su presencia en uno de los restaurantes más importantes de la ciudad, estaba tan embelesada degustándose una copa de vino que no percibió la llegada no solo de él sino de los cuatro escoltas que se desplegaron alrededor de la mesa donde ella permanece evidentemente acompañada, pero Graham no vio por ninguna parte a la persona que ocupaba el otro lado de la mesa cuya copa de vino estaba medio tomar.
Sorprendiéndola, invadió su espacio y tomó el lugar que era de Israel. Al verlo el corazón de Anna se paralizó, pues si bien ella no tiene nada que explicarle a ninguno de los dos hombres que estaba a punto de enfrentar, dentro de sus planes no está la idea de juntarlos, porque bien es consciente de que ambos tienen el mismo interés por ella; y ella por ninguno de los dos, lo que representa una clara confusión que pudiera traer consecuencias inimaginables y no buscadas por ella.
—¿Ves qué fácil te encuentro? Cuando quiero y como quiero doy con lo que me interesa. —El tono grave de su voz la hizo sobresaltarse, casi se mancha la blusa.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó ella al tiempo que miraba a los lados tratando de ubicar a Israel quién había ido unos segundos al baño.
—¿Con quién estás en este lugar?
—Eso es algo que no te interesa y te voy a pedir que por favor te retires —le señaló el camino—. Estoy ocupada discutiendo cosas importantes y en las cuales tu presencia resulta algo perturbadora.
Justo en ese instante la presencia de Israel se notó a la salida de sanitario quien desde la distancia se dio cuenta de la presencia de Graham en la mesa que él venía ocupando con Anna.
—Espero que lo que sea que estés discutiendo con este sujeto sea que le estés notificando de el final de la relación que vienen teniendo, pues no voy a admitir que te toque otro hombre. Ya basta de este juego si no quieres conocerme de verdad.
—No voy a hacer tal cosa a menos que tú le digas a Loreta lo que vienes teniendo conmigo desde el mismo día de la boda de ambos —se atrevió a desafiarlo hablando con una tranquilidad que daba a entender que estaban en una conversación amena.
Esa era la intención. Para nada quería que Israel se diera cuenta de la discusión que sostenían y menos de las razones.
Si su intención era callarle la boca a Graham lo logró, el hombre no daba crédito a la forma en la que la morena le habló; lo hizo con una tranquilidad y con una firmeza que le hizo dudar de si sería capaz o no y como quiera que no quería despertar una fiera en ese momento, decidió hacer silencio.
Estimó que no era el momento ni el lugar de sacar a la luz lo que sea que ellos estaban teniendo. Si lo hacía Anna tal vez cumpliría su promesa o la amenaza de contar la verdad de los dos breves encuentros que han tenido y a él en realidad no le convenía que Loreta supiera en este momento que él estaba teniendo una aventura con cualquier mujer, y menos con su hermana. Él no había logrado ni la cuarta parte de lo que lo llevó a meterse en ese matrimonio que aunque no le resultaba tan desagradable, ya le estaba comenzado a representar un sacrificio bastante pesado, pues en la medida que conocía más y más el carácter de la mujer que tiene al frente, se sentía más atraído hacia ella y su hermana pasaba prácticamente a un segundo plano. El desinterés que estaba comenzando a sentir por Loreta era bastante marcado.
—Buenas noches —saludó a Israel apenas se acercó a la mesa y se detuvo al frente de esta mirando a Graham y luego a Anna, dirigiéndole una mirada curiosa a ambos.
—Amor, ¿Viste quién se apareció por acá? —le dijo Anna a Israel de manera un tanto descarada, se puso de pie para invitarlo a sentarse en la silla que estaba cerca de ella—. ¡Qué sorpresa encontrarlo aquí! ¿Verdad, mi amor? —inquirió Ana volviendo a acentuar en el tono cariñoso de su voz lo que hizo que la sangre de Graham bullera de la ira.
—Sí, la verdad es una gran sorpresa. No me no esperaba encontrármelos a ambos aquí —adujo Graham en reacción—. Más bien me extrañé cuando la vi desde la distancia, había asumido que había salido del país —agregó Graham siguiéndole la corriente—. ¿Cómo está? —saludo a Israel.
—¿Cómo le va? Muy buenas noches. Espero se encuentre bien ¿Cómo está su señora esposa? —preguntó Israel mirándolo con dureza.
—En casa todo está bien. En el lugar donde sé que las cosas no marchan tan bien como deberían, es en la casa de la señorita. Tengo entendido que la están buscando en un desespero impresionante. Deberían darse una vuelta por allá para ver qué es lo que se les ofrece a los O'Brien.
—¿Y eso por qué? —preguntó Anna con curiosidad— ¿Habla usted en serio? —preguntó ella además.
—Siempre hablo en serio, tan en serio que de verdad es preocupante, pues no sé por qué razón ellos insisten en que sea yo quien terminara buscándolos a ustedes.
—¿Qué querrá mi familia con nosotros? ¿O por lo menos contigo Israel? — preguntó Anna pensativa.
—Yo, siendo ustedes, me daría un paseo por la mansión de su futuro suegro —le dijo Graham a Israel en un tono de voz bastante sarcástico.