Tras dejar atrás a aquel desconocido ingreso al edificio, saludo al personal de seguridad con una breve sonrisa, muestra mi identificación a la secretaria y sin más me dirijo a las escaleras, servirán como distractor y como actividad física para liberar toda la energía que mantiene en cautiverio mi sistema... Observo las escaleras con algo de recelo son 15 pisos los que debo subir, todo sea por descargar esta jodida frustración que amenaza con acabar con mi vida, sin detenerme a pensarlo más inicio la tarea con paso lento y soltando el aire subo los escalones.
A mitad del séptimo piso siento mis piernas temblar como si en cualquier momento me fueran a fallar, mi respiración aún es regular, aunque siento que he comenzado a sudar un poco, continúo repitiéndome mentalmente que puedo hacerlo, que falta poco... Sin embargo, al llegar al piso décimo primero mis piernas no dan para subir un escalón más debido a los tacones, tomo una respiración profunda llenando mis pulmones del necesario oxígeno, me sostengo de la baranda de las escaleras para evitar desplomarme y rodar por los escalones cuál pelota.
Luego de haber recobrado el oxigeno necesario para no desmayarme camino en dirección a la entrada de ese piso, por suerte en un piso de emergencia, aquí no hay oficinas solo están los elevadores y la puerta a las escaleras, suspiro y presiono el botón del ascensor.
-Tranquila, Nathalie serán pocos pisos
-¡Estarás bien!
Llega el cajón metálico que para mi suerte esta vacío ingreso y marco el numero de mi piso, observo como las puertas se cierran y cierro los ojos al sentir el vaivén en mi estómago cuando inicia el recorrido, me concentro en mi celular para distraerme de los pensamientos catastróficos hasta llegar a mi destino.
-Buenos días, Nathalie
Comenta mi asistente con una sonrisa apenas me ve ingresar a la oficina, nota mi cara de pocos amigos y frunce el entre cejo ella me conoce bastante bien, aun así sé que ella no tiene la culpa de nada, no merece mi cara de perro.
-Buen Día, Sam.
Le respondo con una sonrisa en los labios aunque sé que el gesto no llega a mis ojos por lo que antes de que me cuestione le pregunto sobre la agenda del día de hoy.
-¿Qué tenemos de nuevo para hoy?
Ella escanea mi rostro como si así pudiera descubrir un magnifico secreto oculto en lo profundo de mi mente.
-Lo único especial es que habrá una reunión con los nuevos socios de la empresa.
Responde en un tono bastante profesional.
-Perfecto, ¿A qué hora sería?
Pregunto mientras me dirijo a la mi oficina, para iniciar con el trabajo para hoy.
-Será al final del día, Nat
Comenta con una sonrisa, asiento con mi cabeza mientras me siento en la silla del escritorio para comenzar a elaborar algunos diseños para las próximas colecciones que se estrenaran.
Hago un esfuerzo sobre humano en no continuar pensando en las palabras cargadas de dagas venenosas de mi madre, ella no comprende nada, nunca se ha esforzado por hacerlo, ahora sencillamente no puedo esperar que eso suceda y menos cuando defiende al poco hombre de Jack, aunque me duela aceptarlo ella hubiese preferido que continuara a su lado así estuviera en juego mi integridad física y emocional.
Me concentro en los diseños a elaborar para la próxima colección de ropa interior inspirada a las mujeres de tallas grandes, la idea es inspirarlas a que pueden verme sensuales en cualquier prenda, que el hecho de ser grande o estar fuera del estereotipo social no significa que no puedas usar atuendos hermosos que te hagan lucir mucho más preciosa, durante muchos años las mujeres que no somos de la talla promedio hemos tenido que lidiar con todo tipo de burlas, de discriminación, desplantes solo por vernos diferentes a lo requerido por la sociedad y la meta es modificar eso, quizás no podamos erradicarlo en su totalidad aun así tengo la certeza de que muchas mujeres se sentirán increíbles al saber que tienen una voz, además de ser ejemplos de inspiración para muchos.
-¡Disculpa!, Nathalie…
La voz de Sam desde el umbral de la puerta me distrae alzo mi rostro del boceto que elaboro para mirarla y prestarle la atención necesaria, ella me regala una media sonrisa a modo de disculpa.
-Lo siento, es que acaban de llamar que te necesitan en presidencia con carácter de urgencia.
Mi ceño se frunce ligeramente a medida que escucho sus palabras, con un asentamiento de cabeza soltando un suspiro de pesadez me pongo de pie, tomo mi celular y la agenda.
-Sam, estoy disponible al celular en caso de una emergencia, ¿de acuerdo?
Le comento mientras me dirijo a la puerta de la oficina con ella siguiéndome los pasos.
-Por supuesto, Nathalie… Estos son los informes de la colección anterior y también anexe el presupuesto de los materiales para el próximo lanzamiento.
Comenta entregándome unos documentos mientras paso por su escritorio. Sam es la mejor asistente que he podido tener sin duda.
-Eres la mejor, Sam.
Suelta varias carcajadas contagiosas y me guiña el ojo con coquetería, ella no tiene remedio; con una sonrisa en mi rostro salgo de mi oficina en dirección a los ascensores privados para subir al piso número 30 donde se encuentra la oficina de presidencia… Me preparo mentalmente antes de llagar a la caja metálica, sufro de claustrofobia así que meterme allí realmente es el infierno para mí.
Me planteo seriamente usar las escaleras; sin embargo, no quiero hacer esperar a la persona que solicito mi presencia en dicho piso, además de que en la mañana las use y aún duelen mis piernas; hago acopio de mi voluntad, mientras inicio con una oración que me salve de dicho tormento, no puedo actuar débil aquí, hace años me prometí no flaquear delante de nadie y no soy una persona que rompe sus promesas, me ha costado mucho llegar a donde estoy, aquí no valen mis inseguridades, ni mis fobias, es mejor de esa manera por mi propio bienestar emocional.
Observo como la alúmina caja desciende, soy el único ser humano a la espera del transporte vertical, a medida que se acerca al pido donde estoy mayor son los nervios que crecen en mi interior… Como método de distracción abro el final de mi agenda y comienzo a realizar anotaciones hasta que escucho el pitido que anuncia la llegada del elevador, suelto un gran suspiro e ingreso, presiono el numero del piso y como las puertas se comienzan a cerrar.
Siento que mi cabeza comienza a latir, mi corazón se empieza a acelerar a medida que el baúl metálico asciende a lo último del edificio, centro mi atención en la libreta y hago dibujos tontos que ayudan a disipar la angustia de estar encerrada en esta cajón vertical… La técnica de la libreta siempre me ha funcionado como distractor en este tipo de ocasiones donde mis negativos pensamientos se adueñan de todo mi sisntema neuronal.
Tras unos minutos llego al piso número 30, suelto un suspiro de alivio mientras aliso mi vestido y tras una respiración profunda y levanto el rostro e inicio la caminata hacia el escritorio de la secretaria… Camino por el pasillo inmaculado de color blanco, el único sonido del lugar es el que producen mis tacones al pegar con el piso encerado, tras cruzar el pasillo encuentro el escritorio de la señorita Roen brillando por su ausencia.
-¡MAGNÍFICO!
-Ahora debo esperar
Me apoyo en una pared frente al escritorio a esperar a la señorita, en esta sala no hay sillas así que espero no demore demasiado o no podre con mis ya adoloridos pies, la vibración de mi celular me hace concentrarme en el distrayéndome de todo lo demás; es un mensaje de texto.
"Torbellino"
-Mi muñeca, te echo de menos…
Inevitablemente, sonrió al leer el mensaje de mi mejor amiga Valentina.
-Mi pequeño torbellino, ¿en qué andas?
Su respuesta llega de inmediato sacandome una sonrisa.
"Torbellino"
-Buscando una solución para que salgas del encierro autoimpuesto.
Su respuesta me hace torcer los labios, Vale se ha encargado de hacerme ver que no es bueno estar encerrada en casa, según ella lo que necesito es conocer a un chico guapo, enrollarme con él para olvidarme de todo lo demás.
-Ya hemos hablado de eso, Vale…
"Torbellino"
-Lo sé pequeña…
-Pero, me preocupo por ti.
Sé que su amor es genuino, pero soy yo la que no quiere salir, temo a que suceda lo mismo.
-No tengo tiempo para continuar esta conversación, torbellino.
"Torbellino"
-Bueno aquí te anexo un link que quiero que veas.
-Whispers.com
Observo sus últimos mensajes con cierto recelo, ella es capaz de enviarme cualquier cosa literalmente asi que prefiero revisarlo en la privacidad de mi hogar… quisiera poder continuar con mi vida de manera "normal", pero aún arrastro con lo sucedido.
-¿Nathalie?
La cálida voz de Diana Roen me trae de vuelta a la realidad, pestañeo para enfocar la mirada a donde proviene la voz, ella me observa atenta con una sonrisa en los labios, presiento que lleva rato intentando que le preste la debida atención cosa que evidentemente no ha sucedido.
-Diana, ¿cómo estás?
Pregunto sonriéndole de manera honesta, es muy noble, siempre esta a disposición para ayudar.
-Estoy bien gracias por preguntar.
-¿Como estas tú?, Nathalie
Pregunta en un tono que demuestra preocupación.
-Estoy bastante bien…
Realizo el mayor esfuerzo para que suene sincero y la sonrisa llegue a mis ojos.
-Realmente, ¿estás bien?
-Te note bastante distraída hace un momento.
Lo sabía, tengo que dejar la mala costumbre de meterme en mis propios pensamientos olvidándome del resto del mundo.
-Lo siento estaba con la mente en la luna.
-No te preocupes, Nathalie lo importante es que de verdad te encuentres bien.
Su tono es un poco más serio ahora aunque su rostro no pierde la sonrisa.
-Por supuesto; Vine porque me mandaron a llamar.
Es mejor cambiar de tema antes de que termine expulsando mis mierdas personales en mi lugar de trabajo…
-Sí, el Señor Myers se encuentra en su oficina, te esta esperando.
Me indica aún con la sonrisa mientras hace un gesto con su mano para dirigirme al pasillo…
En ocasiones pregunto cuál es la causa de que sonría de tal manera.
-Gracias, Diana.
Alisando la pastel frontal del vestido con mi mano libre, me encamino a la oficina de mi jefe, mis pasos firmes resuenan por el pasillo carente de muebles o algún tipo de decoraciones, con paredes pintadas de blancos iluminados por las luz del día y unos faros led en el techo, da la impresión de que es el camino para ingresar al cielo, sé que la comparación puede ser algo extremista; sin embargo, la considerable altura del edificio, el gran ventanal que abarca desde el techo hasta el piso mostrando el gran azul que nos regala este día, además de las luces led de color blanco del largo pasillo.
A mitad del pasillo giro a mi derecha esta la única puerta que lleva a la sala de espera de la oficina presidencial, abro la puerta ingresando a la gran sala decorada con fotografías de las ultimas colecciones, hay un juego de tres muebles de color n***o que hacen contraste con el color blanco de las paredes, hay una mesa ratona de color n***o con dorado donde hay varias revistas que han cubierto nuestro lanzamientos; Al fondo de la sala de encuentra otra puerta que da acceso a la oficina presidencial.
Traslado mis pies en dicha dirección, suelto un suspiro mientras toco la puerta, escucho el típico “Adelante” proveniente de una voz ronca e intimidante, soltando el aire que no sabía que retenía ingreso a la oficina. Al abrir la puerta e ingresar observo un cuerpo amplio y musculoso infundado en un caro traje que esta de espaldas a la puerta, mientras el señor Myers observa atento en mi dirección, al escanear mi escultura y llegar a mis ojos me regala una sonrisa torcida que lo hace lucir bastante sexy y arrogante…
Mi jefe es alto aproximadamente mide 1.90, con un cuerpo trabajado y bastante definido, su mandíbula es un poco cuadrada, tiene una barba de estilo candado, nariz perfilada cubierta por algunas pecas, sus orbes decoradas con pestañas largas poseen un color envidiable, ya que son de un tono gris con algunas líneas, sus cejas son tupidas, su cabello azabache despeinado le dan un tono de misterio que atrae a cualquier ser humano, su mirada demuestra la experiencia adquirida a lo largo de su vida, aunque no es tan mayor debe tener 40 años como mucho.
Saliendo de mi ensoñación y del gran escrutinio a mi jefe carraspeo y sin dar un paso más le sonrió a modo de disculpa.
-Señor Myers, Lo siento desconocía que estuviera reunido.
Siento mis mejillas teñirse de rojo ante la vergüenza que siento por haber interrumpido a mi jefe.
-Nathalie, qué gusto verte…
Su sonrisa se hace más ancha al decir aquello.
-Te mande a llamar, porque necesito que hablemos.
Aunque su tono es profesional aún tiene la sonrisa adornándole el rostro.
-Me notificaron de su demanda para que me presentara, por ellos estoy aquí; solo que de verdad no sabía que estuviera reunido señor, regresaré más tarde.
Tras culminar la frase tomo la manilla de la puerta para cerrarla e irme, pero su voz detiene mis movimientos.
-Nathalie, espera.
Al verlo nuevamente noto en sus ojos la diversión que le causa la situación.
-Pasa, quería reunirme contigo al mismo tiempo que el nuevo socio, por eso Diana te informo que ingresaras.
Me es imposible no reír ante la situación, aunque continuó teniendo vergüenza, sin más ingreso a la oficina y cierro la puerta detrás de mí.
Veremos que trata todo esto...