Scarlett
Cierro mi libro de historia en cuanto termina la clase, suelto un suspiro, después de todo el espectáculo de esta mañana con Aron Izavok me tenía merecido un buen descanso, así que tomo mis cosas y me apresuro a salir de asfixiante lugar. De camino a casa no pude resistirme a comprar un helado de menta y frutilla, después de todo no tenía a nadie que me esperara en ese ostentoso y vacío lugar, no tenía amigos y mantenía a mi familia lejos de mí solo por una sola razón.
Miedo.
Temía por las personas a mi alrededor, ya que sabía que Iván los utilizaría con tal de tenerme en sus manos, por eso prefería estar sola, sí, era lo mejor. El sabor dulce del helado se convirtió en un sabor amargo mientras que una sola pregunta cruzaba mi mente ¿por qué a mí? Yo era una chica normal con una vida normal, pero esa vida se vino abajo por él, mi padre, él era dueño de una pequeña empresa, el mejor comerciante que conocía hasta que por un mal negocio perdimos todo, eso lo llevó a pedir un préstamo al banco el cual al poco tiempo nos quitó la casa donde habíamos vivido por tantos años, eso llevó a mi padre a caer en depresión y hacerse dependiente de los antidepresivos y posteriormente de las drogas.
Fue ahí cuando Iván Kozel hizo su aparición.
Tiro el helado en el primer bote de basura que encuentro, después de todo ya no tenía un buen sabor, era increíble que Iván tuviera ese poder. El poder de arrancarme hasta el placer más mundano. Suelto un suspiro, lo mejor sería volver a casa, así que, sigo mi camino hasta que una extraña sensación invade mi cuerpo, miro por el rabillo del ojo y noto como un grupo de chicos me siguen cuidadosamente.
Corre.
Grita mi conciencia.
Y eso hago, corro lo más rápido que puedo perdiéndome entre las callejuelas de Praga, giro la cabeza y pude divisar que ellos no me siguieran, me detengo a recuperar el aire, estaba un poco más tranquila ya que creí haberlos perdido, pero de un momento a otro esos chicos estaban frente a mí.
—¿Creíste que podrías escapar lindura? —Se mofa uno de ellos.
—Deja que te hagamos compañía nena. —Dice otro.
—Esta perra es mía —los dos primeros chicos se apartan abriendo paso a su líder, quien no duda en posar su asquerosa boca sobre mi cuello mientras que con una mano acariciaba mi pierna.
—¡Suéltame imbécil! —Trato de apartarlo, pero es inútil ya que me toma con fuerza del cabello al mismo tiempo que golpeaba mi cabeza con la pared del callejón.
—Escúchame bien perra, no tengo tiempo para esto, así que, seré rápido, lo prometo —susurra en mi oído.
Puedo sentir como comenzaba a desabrochar su pantalón para después comenzar con el mío.
—¡Por favor no! —Chillo.
Siento que mi vida se derrumbaba, ese imbécil estaba a punto de abusar de mí y no podía hacer nada y mucho menos aparecería alguien a ayudarme ¿por qué me pasa esto a mí? ¡Por favor! ¡Si hay un dios, por favor envía a alguien que me ayude! Suplico en mi mente en cuanto siento el m*****o de ese desgraciado rozar mi pierna.
Fue entonces cuando escuché el primer disparo.
—Pero ¿qué mierda? —El hombre que estaba a punto de violarme cayó al piso con una herida que sobresalía de pierna.
—¿Te crees muy hombre para abusar de una mujer? —En cuanto él hizo su aparición los acompañantes de mi agresor huyeron —¿por qué no te metes conmigo?
—Por favor no me hagas daño —suplica.
—Te ves tan patético —ríe, para después volar su cabeza con un solo disparo —pero mira que tenemos aquí, la torpe de la cafetería —se mofa en cuanto me ve.
—Aron.
Él se acerca peligrosamente a mí, su rostro está tan cerca del mío que puedo sentir su respiración, su cercanía provocaba que me estremeciera y que mi corazón latiera frenéticamente.
—Veo que tu deuda conmigo comienza a crecer —susurra —será mejor que cuides tus espaldas porque en cuanto menos te lo esperes te cobraré el incidente de la cafetería y este favor.
Y así tan rápido como apareció se marchó, dejándome totalmente aturdida.
Decido emprender mi camino, pero un lujoso auto color blanco se posa frente a mí, de él descendieron tres hombres y sin darme tiempo de reaccionar me sujetaron del brazo y me obligaron a entrar al auto.
—¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren? —El hombre que estaba a mi lado puso su arma sobre mi cabeza.
—Será mejor que cierres la boca mocosa —amenaza haciendo que tragara en seco, debería estar acostumbrada a este tipo de cosas debido a que había visto a Iván solía hacerlo miles de veces cuando estaba molesto.
Fue entonces cuando mis neuronas hicieron sinapsis. Esto debía ser obra de Iván y se estaba cobrando la humillación de esta mañana. Uno de ellos me extiende su teléfono del cual había una llamada entrante, sabía que debía contestar, pero mis manos temblaban tanto que ni siquiera podía deslizar mi dedo por la pantalla.
—Hola preciosa ¿me extrañaste? —su asquerosa voz me provoca náuseas.
—Iván.
—Espero que recuerdes que tienes un pequeño trabajito esta noche —inmediatamente recordé sus palabras que dijo en el jardín del campus.
Mi cuerpo se tensa y mis manos tiemblan al recordarlo.
—Por favor, no me hagas hacerlo —chillo, ya sabía lo que me esperaba y no sabía si iba a soportarlo una vez más.
—Tú trabajas para mí y harás lo que yo diga o sino tu madre y tu hermana pagarán con su vida —después de eso colgó.
—El objetivo es una mujer de dieciséis años, castaña y de un metro setenta ¿entendiste? —Ordena uno de los gorilas de Iván.
—Sí.
[...]
Esto era mi trabajo, Iván contactaba a chicas que tuvieran una de esas necesidades de afecto o en otros casos, económica y bajo engaños las enamoraba para después convencerlas de trabajar en Elite como modelos o en algunos casos también secuestraba a chicas que buscaba en las r************* , después las prostituía en una página web y si ellas se negaban las amenazaba con asesinar a su familia. Tal y como lo había hecho conmigo. Ahora en la cajuela del auto se encontraba una chica española que sería vendida al mejor postor.
Me sentía terrible, cada vez que Iván me hacía secuestrar a una chica, una parte de mi alma moría con ellas; sin embargo, no podía desobedecer las órdenes de Iván ya que la vida de mi familia estaba en juego. Recuerdo la primera vez que me negué, ese día recibí la paliza de mi vida y desde entonces supe que tendría que hacer lo que fuera necesario para sobrevivir. El auto se estaciona frente a mi departamento y como si de una muñeca de trapo se tratara me arrastraron al interior del edificio a pesar de la resistencia que puse, lo primero que vi al entrar al lugar en donde vivía fue al desgraciado de Iván sonriendo maliciosamente.
—Hola Scarlett —saluda mientras hace una seña para que sus hombres salieran del lugar dejándonos completamente solos.
—¿Era necesario que tus gorilas me trajeran a la fuerza? —Rueda los ojos con fastidio.
—No quería que me hicieras esperar más cariño —una de sus manos viaja a mi cabello colocando un mechón detrás de mi oreja mientras que con su otra mano toma mi cuello con fuerza provocando que soltara un gemido de dolor —¿Está hecho? —Sabía que se refería a la chica española.
—Basta Iván....no respiro —pido con voz entrecortada.
—¡Responde! ¿Está hecho? —Asiento, un gemido de dolor se escapa de mi boca —shhhh, silencio preciosa —susurra cerca de mis labios —recuerda que tienes que cumplir con tu castigo por lo de esta mañana —fue entonces cuando su puño golpeó con fuerza mi rostro.
—Idiota —esa fue la única palabra que pude decir mientras limpiaba la sangre que escurría de mi boca —no sabes cuánto te odio —él se acerca a mí y se pone a mi altura.
—Sabes que me importa una mierda lo que pienses o sientas por mí querida —Iván toma mi rostro sin ningún cuidado —tú haces lo que yo diga, si digo que saltes tú saltas, si digo que mates tú matas, pero ¿sabes lo que quiero ahora? —Niego. —Quiero sentir tu cuerpo contra el mío.
Mis ojos se abrieron con terror con tan solo imaginarme sus manos tocar mi cuerpo, esa simple idea me hacía sentir repulsión.
—No, por favor —él solo ríe ante mi suplica, él disfrutaba verme humillada y derrotada frente a él.
—Vamos con esa cara me haces pensar que te haré algo malo —con un simple movimiento logra ponerme de pie y a pesar de mis insultos y mi resistencia me lleva a la habitación —más que un castigo esto es una recompensa para ti —sus manos se posaron debajo de mi sudadera.
—¡Suéltame! Me das asco —pero lo único que recibí por mi osadía fue un golpe en mis costillas arrojándome de nuevo al suelo, esta vez sobre la suave alfombra que cubría el suelo de mi habitación.
—Parece que no has entendido Scarlett —Iván se coloca sobre mí impidiéndome moverme —tu opinión aquí no cuenta, tú no eres ni serás nadie, aquí tú solo eres mi zorra personal —y sin que pudiera hacer algo desabrochó su cinturón y arrancó mi ropa de un solo tirón arrojándola por alguna parte de la habitación.
[...]
El sonido de la ducha era tranquilizador, aunque yo no fuera la que se encontrara en ella el sonido me hacía recordar a la lluvia cuando caía, al igual que lo hacían mis lágrimas en este momento, después de que Iván abusara de mí hasta el cansancio sobre la alfombra de la habitación, ambos nos quedamos dormidos, pero cuando desperté él estaba duchándose. La puerta del baño se abre, Iván sale con una toalla que rodeaba su cintura mientras se seca el cabello con otra más pequeña.
—Hola linda ¿dormiste bien? —No podía ser más cínico, después de abusar de mí toda la tarde todavía me preguntaba eso.
—Estúpido —él solo ríe ante mi patético insulto.
—¿Sigues enojada conmigo amor? —Me cubro con la sábana para no poder verlo.
—No soy tu amor imbécil —digo molesta, Iván baja la sábana que cubre mi desnudez. —¿Qué?
—Levántate —ordena —vendrás conmigo.
—No iré contigo a ningún lado.
—No te pongas pesada porque sabes que con solo una llamada tu madre y hermana estarán muertas —siento como la sangre deja de circular por mi cuerpo al escucharlo y de un solo salto me levanto de la cama.
—No lo hagas, iré a donde digas —él sonríe con satisfacción.
—Así me gusta —Iván camina hacia mi armario y saca un traje, al parecer el imbécil estaba preparado —vístete formal.
—¿Puedo saber a dónde iremos? —él asiente.
—Iremos al Oasis.