Scarlett
Doy un último vistazo a mi reflejo antes de entrar a la segunda hora de clase, mis ojos estaban rojos por tanto llorar y además mis labios estaban rojos e hinchados por la agresividad de los besos de Iván, sin mencionar los moretones de mis muñecas, daba gracias al cielo haber llevado una sudadera de manga larga.
Me miro una vez asegurándome que todo estuviera en orden. Salgo del baño de mujeres fingiendo como si nada hubiese pasado y emprendo camino hacia la cafetería, después de todo la segunda hora iniciaría después del almuerzo, trato de pasar desapercibida entre los alumnos, lo cual me era un tanto difícil ya que para todos era la modelo principal de Elite, además de que todos me consideraban como la puta de Iván, después de todo no era secreto que tenía una especie de relación tóxica con él.
En muchas ocasiones nos llegaron a encontrar en diferentes situaciones comprometedoras, gracias a eso nadie se atrevía a molestarme por miedo a Iván; sin embargo, ni el mismo Iván podía protegerme de los rumores de pasillo y gracias a él obtuve mi título de zorra personal, además ningún hombre se atrevía a mirarme o tan siquiera a dirigirme la palabra. Ningún chico podía fijarse en mí, ya que cualquiera que lo hiciera estaba muerto, eso me había dicho Iván, yo no era más que su pasatiempo favorito, una más en su lista y solo eso.
Supongo que era lo mejor, prefería cerrar mi corazón antes de entregarlo a alguien que corría el riesgo de perder la vida a manos de Iván, no iba a dejar que nadie más saliera lastimado. No mientras viva en este infierno, ya bastante tengo con proteger a mi madre y mi hermana.
Recuerdo perfectamente cuando llegué a las manos de ese salvaje, tenía quince años, desde ese momento Iván se dedicó a hacerme la vida miserable, me obligaba a acostarme con él, se divertía a costa mía. Yo era una chica atractiva, no era voluptuosa, pero tenía las curvas necesarias, mi cabello largo castaño era suave y sedoso, sin mencionar mis ojos color verde, pero eso no significaba que pudiera utilizarme y utilizar mi cuerpo cuando quisiera. No merecía ninguno de sus maltratos, yo valía más que eso.
[...]
Me dirijo hacía el mostrador donde una mujer me sirve una porción de spaguettis con salsa de tomate, no se veía para nada apetitoso, pero mi estómago comenzaba a reclamar por comida, al parecer el durazno de esta mañana ya había perdido efecto, después de lo sucedido esta mañana un plato de spaguettis no eran tan malo ¿podría pasar algo peor que encontrarme con Iván Közel?
—¡Fíjate por donde vas idiota! —Había hablado demasiado pronto ya que mi plato de pasta había quedado sobre la camisa de Aron Izavok.
Toda la cafetería guardó silencio para mirar hacia nuestra dirección atentos a lo que sucedía, Aron Izavok era un chico temible, nadie en el instituto le dirigía la palabra, pero su aspecto no era lo que debía preocuparme, además de conocer a lo que su familia se dedicaba sabía perfectamente que Aron era un asesino, él era famoso en la mafia por no dejar ninguna prueba, ningún rastro que lo inculpara. Él e Iván habían ingresado al negocio familiar a corta edad y sabía que Aron había estado fuera por meses gracias a un trabajo especial que se le había encomendado. Nunca creí él estaría de regreso tan pronto.
No exageré cuando dije que solía meterme en problemas, yo era imán para la mala suerte y esto lo demostraba, estoy muerta.
—Lo siento —titubeo al borde del pánico.
—Esto lo lamentarás —amenaza mientras me toma del cuello de la sudadera —Te costará caro esta humillación.
Miro con terror sus ojos ya que a diferencia de su primo los de él eran verdes con un toque dorado, era como ver el verano y el otoño mezclados al mismo tiempo, viéndolo de cerca era más intimidarte al igual que atractivo, solo a mí se me ocurría pensar eso teniendo frente a mí a Aron. Jamás había hablado con Aron hasta ahora, sabía que ambos eran socios ya que los había visto juntos en uno que otro negocio sucio, pero en el campus eran unos completos desconocidos, al parecer no se llevaban bien.
—Fue un accidente —me defiendo provocando que Aron se molestara aún más.
—¿Acaso eres estúpida como para no ver por dónde caminas?
—Ya la has escuchado Aron fue un accidente —una tercera voz se une a la pelea, lo único que me faltaba era que el imbécil de Iván me defendiera, Aron suelta un bufido ante la intervención de Iván y me suelta.
—Será mejor que cuides tu espalda mocosa —dice Aron en tono amenazante —estás muerta —siento mis vellos erizarse ante su amenaza —¡¿qué están mirando?! ¡El espectáculo acabó! —Todos centraron su atención en lo que hacían ignorándonos por completo mientras Aron sale del lugar como una sombra.
—Vaya lío en que te has metido —comenta Iván.
—No molestes —suelto con desagrado provocando esa mirada de odio en Iván, él me lleva a fuera de la cafetería mirándome furioso.
—Trataré de convencerlo para que no te haga nada, pero a cambio de una cosa.
—¿Qué?
—Acuéstate conmigo —pide sin ninguna delicadeza —ha pasado tiempo desde la última vez, quiero ver si aún estás en buen funcionamiento —siento mis mejillas arder gracias a la ira que me carcome por dentro.
¿Cómo se atrevía a pedirme eso? El hecho de que yo trabajara para él no me convertía en una de sus zorras y si lo hice una vez fue porque él me amenazó con asesinar a mi madre y mi hermana, pero lo único que quería era ser el primer hombre que me arrebatara todo de mí, él me obligó a estar con él, le temía y sino hacia lo que quería mi vida correría peligro pero esto se estaba pasando del límite.
—Eres un maldito enfermo —dije sin más —antes muerta a dejar que me toques una vez más.
—Me estoy cansando de tu insolencia —su mano viaja a mi cuello tratando de apretarlo —sigue así y no dudaré en deshacerme de ti —tenía razón no podía darme el lujo de molestarlo si quería seguir viviendo, sería mejor tener una actitud sumisa ante Iván Kozel —escucha bien perra nadie me rechaza a mí.
—Perdóname —susurro provocando una risa de su parte.
—Así me gusta, cariño —él me da unas palmadas en mi cabeza como si de un perro se tratara — pero creo que eso no funcionará para salvarte del castigo que te espera —sus labios rozan mi oreja —te arrepentirás de esto.
Ese mismo día conseguí una amenaza doble y por los chicos más temibles de la mafia de la república checa.