Capítulo 5

1277 Words
Narra Dominic El día en el restaurante ha sido extraño, el ambiente se torna tenso, el chef parece de mal humor, quizás ha tenido una discusión con su novia, sea lo que sea ha dejado que esa molestia se descargue en la cocina. - Estamos por terminar, quiero que todo sea perfecto, solo no lo arruinen ¿Okey? – el chef sigue haciendo esas motivaciones no motivacionales que tensan a todos. - Si, chef – responden los chicos con mala gana - ¿Acaso no me han escuchado? ¿No fui claro? – insiste mirándolos a todos a los ojos intimidándolos - ¡Si, chef! – gritan resonando por todo el lugar - Pastas con salsa napolitana, raviolis de pollo y un risotto para la mesa dos – menciona el chef con voz fuerte que hace que todos capten su atención - ¡Si, chef! – responde el equipo de cocineros con la euforia que el ogro quiere escuchar Desde donde estoy los observo, me gusta mirar como hacen las comidas e intento memorizar los ingredientes que utilizan, cuando llego a casa en una pequeña libreta anoto lo que recuerdo y cuando tengo dinero los recreo, he tomado esto como mis clases de cocina ya que no pude continuar los mías. - Bien chicos, esta es la última comanda de la noche – dice el chef dejando el papel en un tablero, las personas aplauden por el servicio brindado, es casi que un espectáculo que al acabar  automáticamente la tensión termina, de inmediato empiezo a organizar los que no está en su lugar, mi tiempo es oro así que entre más pronto inicie, más rápido termino para ir a la lavandería, ese es un trabajo que tuve que conseguir, por las noches salgo del restaurante o en la tarde luego de dejar todo organizado, últimamente no me alcanza lo que me gano aquí para sobrevivir, pagar mi arriendo, comida y la deuda que estoy pagando. Entro a la lavandería y ya tengo un gran saco de tela lleno de ropa esperando para ser lavada, así que dejo mis cosas en un estante e inicio con mi tarea, algunas noches son más extensas en cuanto al trabajo y otras no tanto. - Dominic, te espera el administrador en su oficina – me dice una mujer mayor que también trabaja aquí. - Oh, claro, voy de inmediato – le digo doblando las ultimas prendas que me quedan - Domi, espera; traje un poco de tarta de manzana para ti, espero que te guste, lo hice para mi hija menor, nunca te había hablado de ella, es de tu edad, me recuerda mucho a ti. La mujer me extiende un recipiente desechable de color blanco y lo recibo con una sonrisa - Me gustará mucho, la tarta de manzana es de mis favoritas, gracias. La mujer afirma con su cabeza y me señala la oficina del administrador para que me dirija hasta allá, por lo que guardo la última prenda que estaba doblando y voy de inmediato hasta la pequeña puerta, toco un par de veces y entro cuando el hombre me lo autoriza. - Adelante – dice con esa voz ronca que es incomoda de escuchar, es como si tuviera mocos obstruyendo su garganta - ¿Me estaba llamando señor Rodrigo? - Si, pasa por favor, es para darte tu pago del mes Me alienta escuchar esas palabras, es como un pequeño viento fresco chocando mi cara - Esta vez fue poco es comparación a los otros meses, sabes que tus compañeras vienen antes y hacen más que tú, digamos que adelantan tu trabajo. Te he dejado aquí porque parece que al igual que todas necesitas el dinero, pero debo ser realista y pagar por lo que produzcas, estas llegando a las siete de la noche y lo que haces son solo un par de horas. El me extiende un sobre, lo recibo de reojo y miro lo que hay en su interior, esto es nada para todo lo que necesito. - Quizás puedas venir un poco más temprano, de esa forma tu tiempo será suficiente para que produzcas más Por más que quiera que el día fuera más largo no puedo, llego a esas horas porque debo cumplir con mis funciones también en el restaurante.   - Así está bien – es todo lo que le digo al hombre que parece apenado por el dinero que me está entregando. Me pongo de pie y salgo de la oficina, recojo mis cosas para luego caminar hasta el edificio donde vivo, no es muy bonito pero es todo lo que necesito, no tengo muchas cosas así que el espacio de lata de atún está bien para mí. En el camino me detengo en una tienda para comprar algo de comida, durante estos días he visto como prepara el chef unas pastas con salsa napolitana que quiero aprender hacer, su sabor es exquisito así que puedo intentar replicarla, no es más que una salsa de tomate casera italiana con ajo y otros ingrediente, lo que necesito es tomates maduros, ajo, aceite de oliva, albahaca, azúcar y pimienta, todos estos deben estar frescos, así que dentro de lo que hay escojo lo mejorcito, este lugar no se compara con los sitios donde el chef acostumbra. Saliendo de la tienda avanzo un par de cuadras más hasta que veo el edificio, llegando meto la mano en mi bolsillo para sacar las llaves con algo de dificultad pues tengo las bolsas en la mano, las sujeto casi que dos de mis dedos y al sacarlas se me deslizan cayendo al suelo, es cierto eso de que el flojo trabaja dos veces, debí dejar las bolsas en un lado para poder sacar mis llaves con menos esfuerzo; paso las bolsas para una sola mano y me inclino para poder coger lo que se me ha caído, al erguirme me asusto por ver el rostro que se ha posado frente a mí, era Dunga con ese feo olor a cigarro que hace que se revuelva el estómago. - Estabas tardando – dice exhalando el humo que había retenido justo en mi cara, aguanto la respiración hasta que el humo se esparce y puedo ver la asquerosa cara de Dunga. - Estaba en la lavandería – respondo sin verlo a los ojos - Oh claro, lo sé, pero vienes de la tienda de Bruno, mis hombres me lo ha dicho - Si, si… yo… - ¿Tienes mi pago? – pregunta colocando su mano frente a mi - Si, pero… - hago una pausa porque no sé cómo decirle que no tengo el dinero completo - ¿Pero qué? - No puedo darte más que esto – saco el dinero de mis bolsillos delanteros y lo pongo en su mano - ¿Esta mierda? ¿Solo esto puedes darme? Esto es solo un poco más de la mitad de lo que acordamos - Lo sé, pero de verdad no tengo más, te prometo que te daré el resto con el pago del restaurante, solo dame unos días, te prometo que te pagaré el resto – con el corazón a un millón por minuto intento suplicarle por más tiempo, no puedo darle más porque también debo darle un abono al casero. - Voy a regresa, espero que para entonces tengas mi dinero, muchachos es hora de irnos. – le menciona sus hombres que lucen igual de asquerosos que él. - Nos vemos pronto Domicita – dice uno de ellos dejando un beso en mi mejilla, lo que produce tanto asco que espero a que se vayan para pasar la mano por mi cara y limpiar donde me ha tocado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD