Capítulo 1.

3091 Words
El frío se asentaba en el cofre del sedán color rojo en el que estaba dentro. El humo de su cigarrillo envolvía todo el interior mientras que por una pequeña hendija de la ventana que dejó entre abierta se disipaba a las afueras de la ciudad. Observaba de reojo el retrovisor cruzando mirada con sus dos compañeros mientras se preparaban para el robo. El sonar del seguro de las armas no le tranquiliza para nada, aunque sabe que es el único modo de estar a salvo de la policía pudiendo protegerse, y aun así es tan de temer para él como ir desnudo. Volvía a poner su mirada al horizonte, la ciudad de Nueva York estaba ajetreada como siempre y el ruidoso sonido de la población causa en Levi un tic nervioso que le hace mover las piernas con desesperación. Vuelve a inhalar el tóxico humo de lo que le queda al cigarrillo y al acabar desliza el filtro por la pequeña hendija de la ventana para dar la señal a sus compañeros de que todo está listo. —¿Has perdido los nervios? —pregunta el de aspecto más rudo y corpulento de los tres—. Esto será duro —por la cantidad de personas que había en el banco se notaba a lo lejos que la dificultad había aumentado exponencialmente. —Ni por el mínimo —respondió Levi mientras se colocaba unos guantes de cuero color n***o y preparaba su hermosa glock modificada para ronda de treinta y dos balas de nueve milímetros perforantes que harían que cualquiera dejara de respirar al instante. —Sea o no —responde el otro, no muy de apariencia ruda, pero con un aspecto serio de temer—, deberás estar listo por si... —Tengo que dar la vida —le interrumpe Levi y le desliza nuevamente la mirada desde el retrovisor—. Lo sé dijo con mayor seriedad voltea de lado a su ventana para observar el frente del banco. —Que empiece la fiesta —dijo el de aspecto más rudo y en seguida los tres salen del vehículo rumbo al banco con paso apresurado cargando con maletas para el dinero, armas de asalto, máscaras y chalecos blindados para protegerse. Cruzaron rápidamente la calle y al entrar al banco lo primero que hizo Rocky, el más rudo y corpulento de los tres fue inmovilizar al guardia de seguridad con un golpe contundente a la cabeza con el reverso de su ametralladora. Por ser un banco pequeño solo tienen a una persona vigilando para suerte de los tres, Fred se encargó de sellar la salida colocando una cadena a las puertas entrelazada. —¡Nadie se mueva! —Levi detonó dos disparos al aire con su pistola y en seguida el pánico se esparció por toda la edificación—. ¡Todos de rodillas y con ambas manos en la cabeza o los dejaré sin sesos! Sin dudarlo todos hicieron caso a las indicaciones de Levi y Rocky se abrió pasó hasta la cajera que había sonado la alarma para obligarla a abrir la puerta. —O la abres o le vuelvo la cabeza y será culpa tuya —coge de rehén a un niño de siete años que se encontraba cerca y lo mantiene agarrado del cuello con la pistola en su cabeza. —¡Mi hijo no por favor! —la madre se intenta abalanzar a Rocky, pero Fred logra verla a tiempo y dispara un tiro certero con su ametralladora ligera en una de sus piernas para inmovilizarla al instante. Todos en el banco estaban temblando, se notaba la sed de sangre de los tres criminales y nadie debía desobedecer sabiendo que podrían ser el próximo. La cajera nerviosa abrió la puerta de seguridad y al hacerlo Rocky la toma de rehén dejando al niño de lado quien vuelve cerca de su madre tendida en el suelo derramando un charco de sangre desde la abertura de su pierna derecha, gimiendo del dolor que se comenzaba a evidenciar cada vez más al perder el efecto de la adrenalina. —Ojos abiertos —señaló Fred a Levi y después se encamina hasta la bóveda con Rocky para guardar el dinero en las bolsas. Levi se encontraba atento a lo que pudiese suceder, todos parecían tan en pánico que nadie se atrevería a realizar alguna estúpida acción que los pusiera en peligro. Las sirenas empezaban a escucharse cerca y Levi parecía cada vez más nervioso de que, aunque el plan estuviese saliendo a la perfección su tiempo de escape pudiese no ser suficiente. Sin darse cuenta ya que estaba detrás suya, el guardia de seguridad comienza a despertar del golpe y al hacerlo su primera acción por instinto es lanzarse contra Levi quien logra capturarlo para tenderlo en el suelo a unos pocos metros de él. Se percató de que su pistola se encontraba al lado del guardia, y él solo poseía en sus manos el subfusil. —No —dijo con voz normal y negó con la cabeza al ver que el sujeto pretendía arrimarse hasta la pistola—. No lo hagas, valora tu vida más que los billetes que vinimos a recoger. Púdrete dijo el sujeto con impertinencia y estiró la mano. Levi no tuvo más opción que dispararle dos veces en el brazo, exactamente ambos disparos en el hombro izquierdo dejándolo tendido de dolor. Se quedó unos segundos frente a él, observando como la sangre se abre paso desde el interior de su herida al árido y blanquecino suelo que se manchaba del vivo rojo de la muerte. —¡Hora de irnos! —exclamó Fred, pero se dio cuenta de lo que sucedió al ver a Levi estático frente al sujeto. Incluso él sintió miedo, y la parálisis de Levi se trasladó a su cuerpo. —¿Qué les pasa? —Rocky se acercó con tenacidad a Levi para darle una sacudida y sacarlo del impacto—. Nos vamos —lo miró fijo a sus ojos y Levi asintió. Se agachó para coger el arma del suelo y enfundarla de nuevo en su cintura. Ayudó a Fred con un de las bolsas de dinero y al voltear su mirada al ventanal se dieron cuenta de que las autoridades locales ya se encontraban en la calle rodeando la zona. —Llegaron tus amigos Fred —bromeó Rocky. —A buena hora —le sonríe—. Soltemos los fuegos artificiales —le dirigió la mirada a Levi. Este sacó de su bolsillo un detonador y al presionarlo hizo estallar el sedán rojo que se encontraba cargado de explosivos desviando la atención de la policía al nuevo suceso. —Hora de correr —añadió Levi. Habían estudiado bien el banco, desde la zona de carga trasera había un desagüe que utilizarían para escapar, escondido debajo de un contenedor de basura que en el momento las autoridades pasarían por alto teniendo ellos la ventaja de huir rápidamente. Al llegar movieron dicho contenedor, y uno por uno descendieron al desagüe siendo Rocky el último quien con ayuda de Levi deslizaron desde dentro nuevamente el contenedor a su posición anterior. Encendieron sus linternas, caminaron en línea recta durante unos minutos hasta llegar cinco cuadras de distancia entre el banco y su posición actual. Alguien les esperaba en la calle, por lo que su salida del desagüe a plena luz del día fue cubierta por una camioneta de repartos que conducía uno de sus cómplices. —Puntual como siempre —Rocky le entrega una de las bolsas para que el sujeto la ingrese en la camioneta. —Igual que cuando iba a la escuela —le bufonea, aunque nunca cursó ni la secundaria. —Bromas para después —Fred se encontraba agitado y necesitaba salir de la zona. Levi se encontraba aún en silencio, todos subieron a la camioneta y luego de algunos minutos andando los ánimos se comenzaban a calmar. Se apreciaba desde el interior la tranquilidad de la ciudad mientras que su agitado corazón seguía temblando de miedo. El conductor era el cuarto cómplice, el copiloto Rocky y detrás se encontraban Levi y Fred. —Está muy callado allá atrás —soltó Rocky como si nada. En seguida Fred le dirige la mirada se Levi sabiendo que intenta dirigirse a él y este sin mucha molestia decide responder. —Aunque tu preocupación es evidente, no me parece nada tierno viniendo de un tipo corpulento y feo como tú Rocky —soltó una risa en seco. —¿Te crees muy apuesto? —le interrogó—. Parece que no te has visto en un espejo. —Soy más guapo que tú —afirmó sin siquiera voltear a verle. No se equivocaba, es un apuesto hombre de veintiséis años de edad con una apariencia atlética a la que añade perfección su estatura. Su piel es de un tono moreno claro, y sus ojos verdes resaltan en cuanto a color con esos abanicos de pestañas que lleva en sus párpados. Su cabello es ondulado, color obscuro y su mandíbula es definida. Ni toda esa apariencia era motivo de alegrarse o de orgullo, cuando detrás de toda esa belleza esconde tantos obscuro y asquerosos secretos que harían vomitar a cualquiera del asco con tan solo conocerle de verdad. —¿Ha sido un buen botín? —añadió el conductor. —Pronto lo sabremos —responde Rocky. Un par de minutos después, se encontraban en su base de operaciones. Un galpón personal que utilizan para armar sus planes, organizar sus ideas y tener todo el material necesario para sus robos desde los autos hasta las armas. Tienen una gran oficina, su primera parada es esa para poder utilizar las máquinas de conteo de dinero y repartir las ganancias del día. Así estuvieron un par de horas hasta que los dividendos se dieron a conocer por fin. —Casi quinientos mil dólares —dijo Fred al terminar de sacar los cálculos. —Cien mil por cabeza —dijo Rocky desde el escritorio con los pies apoyados encima—. Lo que reste lo vamos a donar a alguna escuela de bajos recursos. —Siempre tan benévolo —dijo el chofer y se acerca a Fred para obtener su parte. —Somos ladrones refinados —señaló Fred. —Solo somos ladrones comenta Levi desde el sofá individual—, pero para aclarar las cosas —observó al conductor—. Así como nosotros quitamos también damos, la vida se trata de eso. No puedes permitir que la avaricia te gane, terminarías en ruinas y de ese modo no podrías seguir avanzando. —Muy profundo para alguien tan poco aceptado por la sociedad —mete el dinero en una mochila y se la coloca en el hombro derecho. —Ya tienes tu dinero —Rocky no dejaría que la conversación se prolongase—, vete en paz. —Sí señor —el sujeto sale de la oficina y Rocky se levanta del asiento para acercarse a la ventana y asegurarse de que realmente hubiese salido del galpón. —Es un idiota, pero es bueno para el trabajo —dijo Fred. —Solo es un maniático —Levi saca un cigarrillo de su cajetilla y lo enciende para aspirar el humo con suavidad, disfrutando de la buena calidad del tabaco. —No es suficiente para vivir —dijo desde la ventana—. Debemos hacer algo más. —Estoy cansado —se dejó llevar por el momento, y por lo que sentía internamente al pensar en todo lo que ha tenido que hacer para sobrevivir en este complicado mundo. —Te comprendo —Rocky vuelve al escritorio para sentarse en el borde—. Es por eso que tengo una idea. —Suena a más trabajo —Fred podía olerlo a la distancia, que Rocky solo traería más responsabilidad como suele hacerlo. —Esta vez será grande, el mayor de nuestras vidas —al instante capta la atención de Levi, quien deja que el cigarrillo se vaya consumiendo solo. Siempre los trabajos eran ligeros, estudiados y nada de otro planeta, pero el hecho de que Rocky estuviese así de serio quería decir que las cosas iban a tener un grado de alcance mayor. —Me apunto —dijo al escucharle con interés—. Por como lo dices será algo que implicaría muchos billetes y yo necesito comprar un departamento más grande. —Después de esto podrás comprar un estadio de fútbol americano —incluso sus ojos se expandieron al decirlo—. Vamos a robar la reserva de oro y diamantes del banco más grande de Los Ángeles dentro de dos meses. —Estás loco —Levi suelta una pequeña risa y nuevamente inhala el humo del cigarro. —Ya tengo los planos, información sólida y solo falta preparación para el resto de cosas faltantes —se vuelve a su cajón y de ahí saca lo antes comentado. —Vamos en serio —dijo Fred al revisar las cosas con detalle. —Vamos a ser ricos, o morir en el intento —le dijo con seriedad a Levi quién de los tres era el menos convencido. —Me voy a casa —coge su parte del dinero en una mochila. —Deberás pensarlo —le expresó Rocky antes de que se fuese—, y tu respuesta podría ser lo que defina de una buena vez el futuro que te espera. —Lo pensaré —dijo al cabo de unos segundos y se marchó de la oficina encaminando el andar hasta su automóvil personal para subirse y luego ponerlo en marcha para integrarse en la carretera. Aunque el alumbramiento de las calles es hermoso Levi puede ver más allá, la pobreza, el hambre, el desempleo, el crimen y toda la maldad que cubre el mundo sin que nadie se preocupe. Mientras más tengan menos se distraen de lo que sucede a sus alrededores, al mismo tiempo que miles de personas mueren por no tener nada. Al llegar a su departamento se metió en la ducha, con la cabeza agachada dejaba que el agua recorriese su cuerpo y nada más hasta poder desmancharse los recuerdos del día. Si nada más que hacer, se tendió en la cama de su habitación donde se quedó dormido hasta que un extraño sonido detrás de la puerta de entrada le despertó. —¿Quién será a estas horas? —el reloj alarma marcaba las dos y cuatro de la mañana. Levi solo llevaba puestos unos pantalones de dormir, cogió su pistola del gavetero de la mesa de noche y se acercó al mirador de la puerta para darse cuenta de que quién llamaba no representaba amenaza alguna. —Lori —dijo al abrir la puerta—. Son las dos de la mañana. —Mamá llegó borracha —respondió la pequeña niña de ocho años—. No hay nada para comer. —Pasa —se hace a un lado y la deja ingresar en el departamento. La niña se acerca al comedor mientras que Levi va directo al refrigerador. —¿Tienes carne? —le apetecía un buen filete. —No voy a cocinar carne a las putas dos de la mañana Lori —dijo con enfado—. Toma —colocó en la mesa del comedor un litro de leche y una caja de cereal que había tomado de las alacenas. —¿Es una broma? —le pregunta ella con mirada fija. —¿Prefieres ir a beber agua en tu departamento hasta saciar tu hambre? —alza las cejas. Lori comienza a servirse leche en un tazón y Levi asiente con la cabeza—. Sí, eso creía. Regresa a la nevera y de ella saca una cerveza que destapa para beberla mientras se acomoda frente a Lori en la mesa del comedor. Ella comía algo apenada como si fuese la primera vez, aunque ya son dos años desde que ella suele cenar con frecuencia en casa de Levi. Luego de terminar su tazón de cereal en silencio ella se coloca de pie y al observar a Levi le regala una sonrisa, de las pocas sonrisas que Levi ha podido observar con cariño en su lamentable mundo criminal. —¿Ya te marchas? —le preguntó con un tono de voz escaso de frialdad. —Gracias por la comida —Lori observa como sin decir nada más Levi se regresa a la nevera para sacarle dos bandejas de carne y luego de un cajón de la cocina saca un fajo de billetes de veinte dólares que en total hacían unos cinco mil. Se acerca a ella y le entrega todo lo que lleva en sus manos. —Paga la renta y los servicios —añadió Levi—, no dejes el dinero a la vista de tu madre o lo va a utilizar para drogarse antes de ir a trabajar. —Gracias... —la niña aprieta el fajo de billetes con algo más que aprecio. —Ve a casa —le indica para luego acompañarla hasta la puerta. Lori salió del departamento y mientras se acercaba a las escaleras Levi sintió un gran dolor de tristeza en su pecho. —¡Lori! —le exclamó antes de que comenzara a descender. —¿Sí? —la niña voltea a verlo. —Ven a cenar mañana —responde Levi—. Haremos carne mañana. —¡Claro! dijo con más ánimos y dando pequeños saltos descendió por las escaleras a su departamento. Levi regresó a los adentros de su hogar, recogió el cereal y la leche para colocar todo en su respectivo lugar. Se asomó por la ventana de la sala a las afueras de Nueva York y suspiró. Volvió a hacerlo, y aquella preocupación decidía quedarse un poco más. Al regresar al refrigerador por una cerveza más se da cuenta de que ha dejado una gaveta de la cocina abierta, tiene un montón de dinero ahí. Se acerca para observar desde arriba y al observar el verde color del papel moneda siente el mirar del umbroso mundo que le rodea acercándose desde lo profundo cada vez más a sus ojos. Estira la mano como si quisiera ser alcanzado y tragado por el agujero, y al palpar el dinero regresa en sí. —Creí que solo me ganaba la vida de forma diferente —se dijo al cerrar la gaveta—. Pero me doy cuenta de que le pongo final a los sueños de los demás por encima de mi egoísmo y mi propia existencia.
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