Capítulo 2.

1138 Words
No era ni sería un Robin Hood que le quita al rico para darle al pobre, solo era el reflejo del obscuro mundo que muchos desconocen intentando trabajar por poseer un futuro mejor aportando un grano insignificante de arena a la sociedad. La mañana siguiente comenzó al inhalar justo dos minutos después de despertar un cigarrillo de su marca predilecta mientras se encuentra acostado en su cama observando el techo, el aire acondicionado a tope y las cortinas que oscurecen la habitación al no dejar colarse ningún rayo de sol. El reloj marca las ocho treinta, como siempre suele despertarse temprano ya que coloca la alarma con la finalidad de poder abrir sus ojos conforme el sol sale para aprovechar el día. Tanto Rocky como Fred lo esperarían en una escuela de bajos recursos ubicada en una zona pobre de Nueva York donde donarían el restante del dinero que habían robado como acostumbran a hacer cuando les sobra algo. Luego de alistarse cogió su automóvil y mientras escuchaba las noticias del robo en la radio se dirigió hasta la ubicación de la escuela. A mitad de camino apagó la radio y dejó en silencio todo el trayecto restante hasta llegar al sitio. Fue el primero en aparcar su auto y al salir se recuesta a un costado del automóvil mientras calienta sus manos por el frío que causa el mes de noviembre en su piel, colorando sus mejillas a pesar de no tener un color de piel claro. Desde la lejanía podía observar a los niños y niñas jugar dentro del parque, donde recordó su patética vida como estudiante en tiempos horrendos donde su estómago tuvo que acostumbrarse a comer poco y su mente a captar demasiado. Quiso encender otro cigarro, pero sin darse cuenta Rocky se acercó a él para arrebatárselo de las manos y lanzarlo al suelo. —No es el momento para fumar —destroza el cigarrillo al pisarlo con la punta de su zapato. —Muy mal —niega Fred con la cabeza. Había decidido ir con Rocky solo para no tener la necesidad de conducir su automóvil. —¿Están ustedes dos leyendo la biblia o algo así? —interroga con una medio sonrisa al notarlos mucho más extraños de lo que él mismo se encuentra. —No encontraría la salvación de todas formas —contesta Rocky—. Solo no quiero que huelas a nicotina frente a los niños, hazlo después de salir —Rocky cruza la calle seguido por Fred y luego de mover su cabeza y observar que no vengan automóviles Levi termina por seguirles el paso hasta dentro de la casa de estudio. —Bienvenidos —dijo una maestra, y al mismo tiempo la rectora del lugar—. ¿Vienen a por sus hijos? —Quisiéramos hacer una donación a su escuela —dijo Fred. —Mucho gusto —Levi estira su mano para saludarla y ser mucho más decente que sus dos compañeros—. En resumidas cuentas, nos gustaría contribuir con un poco de dinero para que sus instalaciones puedan mejorar la calidad de estudio de todos los niños. —¿De verdad? —la mujer estaba sorprendida. Ni siquiera el gobierno tomaba ese tipo de medidas para enfrentar la crisis económica de los estudiantes con bajos recursos para continuar sus estudios. —Muy en serio —del bolsillo de su chaqueta interna Rocky saca un sobre grueso con la cantidad que deseaba acreditar. —Es maravilloso la mujer coge el sobre con aprecio y casi con lágrimas en sus ojos—. De verdad se los agradezco demasiado, estos niños merecen mucho más de lo que les podemos ofrecer aquí. —Ha sido un placer señorita —tanto Fred como Rocky se dan media vuelta, pero Levi se queda observando a la distancia todos esos niños dejando sus preocupaciones al embarrar sus botas con arena y lodo mientras juegan con una sonrisa plasmada en sus inocentes rostros alejados de la malicia. —¿Quisieran jugar con ellos? —preguntó la maestra, Rocky y Fred se voltearon para cruzarse las miradas deliberando sus respuestas. Rocky observó lo alejado que Levi parecía estar, y creyó que sería buena idea estar unos minutos. —¿Estará bien un par de minutos? —dijo Rocky—. Tenemos asuntos por resolver y nos gustaría llegar a tiempo. —Pueden ir a saludar —les señala. Rocky se posiciona al lado de Levi y con una palmada en la espalda le incita a caminar hasta el parque. —No es propio de ti —expresa Levi mientras camina a su lado—. Realizar acciones más allá de lo previsto no suele ser algo que hagas a menudo. —Relájate —dijo sin preocupación—, solo son niños. Los tres se acercan y en seguida captan la atención de los niños, Fred y Rocky suelen ser más sonrientes por lo que al instante se ganan el aprecio de la mayoría de los chiquillos mientras que la seriedad de Levi solo le permite observarlos de lejos. —¿Estás triste? —un pequeño niño se aleja de la diversión para acercarse a él y formularle la pregunta. —¿Me veo triste? —le sonríe. —Te ves como yo cuando estoy triste —la respuesta del chico le deja intrigado. —A veces estoy triste —Levi se agacha para quedar a su altura—. Pero para sonreír con mucha fuerza a veces necesitamos llorar y sacar la tristeza de nuestro corazón. —Te pareces a mi papá —Levi se queda en silencio—. Mi papá murió hace un año, pero te pareces mucho a él. —Entonces era un sujeto guapo —se echa a reír, pero la verdad sentía incomodidad. —Él seguro está sonriendo en el cielo porque ahora se encuentra ahí _ —Levi observa un fragmento de su niñez pasar delante de sus ojos—. Pero tú puedes sonreír aquí —alguien llama al niño y antes de que Levi le pueda responder algo este se marcha nuevamente a donde Rocky y Fred se encuentran jugando. Levi no podía hacer más que tomarse esas palabras como algo serio, comenzar a pensar en el rumbo que tomaría su vida de ahora en adelante y para ello debía salir de su actual vida criminal y deshacerse de todo su pasado. Rocky viene frente a él, se acerca con su imponente figura y Levi lo observa fijamente. —Entro —afirma con seguridad—. ¿Cuándo nos marchamos? —Dos días —Rocky tenía todo el viaje planeado—. Hagamos que nuestro esfuerzo valga la pena —abre su mano para que Levi le dé un apretón. —Sí —coge con fuerza su mano—. Que valga la pena.
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