Esa mañana pasó a ser el puente a sus nuevas decisiones, y aunque aún era un criminal de algún modo no volvería a ser el mismo. Los dos días pasaron, ahora se encontraba en Los Ángeles disfrutando de las maravillosas vistas, de los autos de lujo y los millonarios presumiendo sus bienes.
Aunque era su primer día debían estudiar muy bien el lío donde se estaban metiendo, y la primera parada fue el banco donde Fred entró para recolectar algo de información mientras encubre su visita sacando algo de dinero en efectivo. Luego de regresar al automóvil vuelve a ingresar en los asientos traseros y Rocky coloca el auto que habían comprado en marcha.
—¿Novedades? —interroga sin despegar la mirada del camino.
—Nada que no sepas —observa afuera por medio de la ventana—. Pero su seguridad es grande, deben tener una bóveda de última generación y será complicado entrar sin códigos que solo el dueño debe tener. Podríamos decir que el encargado del banco también, pero seguro se necesita un código extra para los grandes retiros de la bóveda principal.
—De todos modos, necesitamos al dueño —expresa Levi—. Pero no será fácil acercarse a un multimillonario que puede tener más seguridad que todo el maldito país.
—Tengo una solución —comenzaba su plan maestro.
Sin confesar nada más a sus compañeros se dirigió al norte de la ciudad aparcando el vehículo frente a un par de inmensos edificios que conectan el uno con el otro, dejando algo idos a Fred y Levi quiénes no comprenden lo que Rocky pretende hacer.
—¿También quieres robar aquí? —Fred alza las cejas.
—Todo lo que ven es de la hija del banquero —dice Rocky—. Será más fácil llegar a ella, así que ese será el plan donde Levi entra en acción.
—¿Yo? —frunce el ceño—. ¿Por qué?
—Eres el más guapo —confiesa Rocky.
—Tampoco soy tan feo —añadió Fred con desánimo.
—Calla Fred —Rocky regresa la mirada a Levi—. Vas a intentar tener contacto con ella, si es posible consigue trabajo aquí, pero haz lo que sea necesario para tener contacto con ella y de ese modo tendremos una manera de llegar a su padre. En dos meses daremos el golpe, tienes mucho tiempo así que hazlo bien.
—Vaya trabajito —Levi desciende del automóvil sabiéndolo, que hasta no conseguir realizar su parte del plan nada saldría como se espera y Rocky no cambiaría ningún aspecto del robo.
—Estaremos en el hotel —le dijo al bajar la ventanilla del auto—. Suerte —pone en marcha el vehículo y deja a Levi del otro lado de la acera frente a los grandes edificios con una tarea gigante entre manos.
"Malditos idiotas insensibles —se dijo mientras cruzaba la calle".
Al ingresar su mejor manera de pasar desapercibido era camuflarse, por suerte un hombre tenía su saco detrás del asiento donde estaba sentado en la recepción y cuidadosamente Levi lo cogió para colocárselo e ingresar al elevador.
"¿Cuál será el piso de la jefa? —deliberaba entre sí".
—¡Espera por favor! —exclamó alguien para que Levi no dejara cerrar las puertas.
—Carajo —se sorprendió de lo agitada que la chica entró al elevador.
—Te lo agradezco —suspira y presiona el botón del piso número once.
—No es nada —mete las manos en el saco y observa al frente.
—¿Eres nuevo? —la chica se lo queda observando.
—Comencé ayer —intenta mirarla fugazmente, pero las facciones de la mujer le dejan atontado.
Es delgada, pero con un porte y estatura perfectas, su nariz es ancha pero no muy alargada con unas fosas nasales de un tamaño pequeño, sus labios son rosados y definidos, finos como la seda y de un aspecto tan suave como el algodón. Sus ojos son algo achinados y redondeados, con un hermoso color marrón oscuro que combina perfecto con su cabello castaño claro y esa tez blanca que convierte sus mejillas en dos manchas enrojecidas como tomate dándole un aspecto tierno que cualquier mujer de su edad envidiaría.
Tiene unas delicadas manos, Levi puede observar de reojo al bajar la mirada cruzando con el hermoso color azulado claro de sus uñas parecido al cielo. Tiene una blusa escotada que deja ver un lindo lunar debajo de su clavícula derecha donde Levi pierde la mirada.
—¿Me estás mirando el pecho? —ella frunce el ceño.
—¿Cuál pecho? —arruga la frente, pero al instante se da cuenta de que su respuesta ha sido totalmente incorrecta.
—¿Me acabas de llamar plana? —levanta sus delicadas y perfiladas cejas.
—No lo hice, formulé mal la pregunta y eso es todo —pretendía escapar con su astucia, pero no sabía con quién estaba tratando hasta que observó dos diamantes clavados en sus orejas con unos aretes hermosos de oro. "Parece ser una mujer adinerada —pensó al reconocer de inmediato la calidad de esos diamantes, sin contar el estilo ejecutivo y elegante que ella lleva en sus fachas".
—No te he visto antes —la mujer afila un poco más la mirada, el ascensor abre sus puertas en el piso octavo y Levi ve la oportunidad de escapar.
—Aquí me quedo yo —le señala—, buen día.
—Ni lo pienses —ella no le deja dar ni un paso más—.Tienes pinta de no trabajar aquí, y me preocupa que seas algún infiltrado.
—¿Infiltrado yo? —suelta una risa para aligerar la tensión del momento.
—Pensándolo bien —la mujer dirige la mirada hasta las vestimentas de Levi—, con esas ropas dudo mucho que seas alguien importante.
—Y ahora ¿Quién insulta a quién? —entre cierra la mirada y antes de poder salir el elevador vuelve a cerrar sus puertas hasta que llegan al onceavo piso.
—¿Tienes responsabilidades hoy? —la mujer necesitaba ayuda.
—Mucho trabajo —ríe con timidez.
—Pues tenías, ahora necesito que hagas algunas cosas por mí —la mujer empieza a caminar hasta su oficina y Levi se ve en la obligación de seguirla para no ser descubierto. Al entrar en la inmensa oficina Levi se queda parado frente al escritorio mientras que la mujer acomoda los documentos que llevaba.
"Tal vez sea la jefa —se lo plantea al ver el porte de la mujer sin meter el hecho de que su oficina sea más grande que las demás de su alrededor".
—¿Esperas una foto? —la dama se coloca ambas manos en las caderas.
—No me ha ordenado nada —mueve la cabeza.
—Ve a traer café —señala la puerta de salida—. Que lento eres, al menos estate pendiente o tendré que despedirte.
"Sin duda alguna es la jefa —ese cambio de humor y esas palabras lo confirmaban totalmente".
—También una ensalada de pollo —continúa revisando unas carpetas.
—Apuesto por mi m*****o que es una ricachona de esas mandonas —musitó Levi.
—Ah, y me gusta n***o.
—¿El pene? —creyó que ella no le había escuchado, pero al verla de manera directa a los ojos se da cuenta de que ya ha vuelto a meter la pata.
—El café, idiota —dijo irritada—. ¿Quién demonios eres?
—Soy Levi Schneider —se presenta con formalidad y clase.
—Y yo soy Sara Blackburn —la mujer se corre desde su escritorio hasta estar frente a él—.Y soy tu jefa.