Capítulo 4.

1145 Words
—Pues tu mala actitud me lo confirma —desvía la mirada. —¿Es una broma? —ríe con sarcasmo y a pesar de todo deja ver una perfecta y hermosa sonrisa que la hace parecer alguien alegre y amable—. Hablas como si me conocieras bien y sólo eres un empleado. —Tu cara me lo dice todo, esa actitud y tu opinión de todo lo sabes porque eres millonaria —Levi se dejaba llevar por la conversación. —¿Te revelas contra tu propia jefa? —expande la mirada. —Ay por Dios —vira los ojos—. Iré por su café —se da media vuelta para irse. —A mí no me dejes hablando sola —con molestia lo coge de los hombros y Levi se voltea para verla. —Quiere su café ¿O no? —esta vez tiene tal seriedad en su rostro que causa en ella un poco de temor. —Llamaré a seguridad —de algún modo le daba mala espina. Regresa rápido a su escritorio para sacar el celular de su bolsa, pero Levi le sigue con rapidez. —No sea tonta —intenta quitarle el celular de las manos, pero ella lo mueve de un lado a otro para que él no la alcance—. Deme el puto celular —sigue buscándolo, pero al ella colocarlo cerca de su entrepierna Levi observa una posibilidad. Sin mediar velocidad intenta coger el móvil, pero ella lo mueve con más vivacidad haciendo que Levi choque su mano derecha entre la entrepierna de Sara. —Me acabas de tocar la v****a —se queda perpleja ante tal acto de rebeldía. —Fue culpa suya —se cruza de brazos—. Pero si la hace sentir mejor, creo que de seguro lleva puesta ropa interior costosa y de gran calidad. —Estás muerto —lo abofetea con fuerza casi como queriendo sacarle la mandíbula de su lugar. —¡No es cierto! ——se coge de la mejilla—. ¡Usted tiene más fuerza que muchos de los que conozco! —¡Habla maldito impostor! —añade firmeza—. ¡¿A qué has venido?! —Ya le dije que no soy un impostor, por amor a Jesucristo —su mejilla dolía como si se tratase de un golpe dado por un hombre del doble de su estatura y contextura. —Pues está claro que no eres de aquí —ella aún sostiene el celular en sus manos, pero no siente la necesidad de pedir ayuda ante el bajón de ánimos del sujeto luego de haberle dado la cachetada. —Soy de Nueva York —el golpe parecía haberle dejado tonto. —No me refería a tu ciudad natal estúpido —ella niega con la cabeza. —Señorita —se asoma un sujeto a su puerta con un aspecto elegante, cabello blanquecino por su edad y un tono de voz afeminado—. Debe salir a trotar en diez minutos, recuerde hoy es día de cardio. —Alfredo —Sara se acomoda el cabello que recae en su costado derecho detrás de la oreja—. Estaré en cinco, necesito un momento. —Muy bien —Alfredo vuelve a cerrar la puerta y Levi dirige la mirada a la jefa, quien no había dado señales de querer mandarlo lejos. —Tuvo la oportunidad de llamar a seguridad —Levi comienza a arrepentirse al notar lo fiera que ella parece ser. —Dime la verdad y estaremos bien —cambia un poco su expresión a una calmada—. Estás aquí por alguna razón, no trabajas para mí y aun así te tomas la molestia de entrar a mis oficinas y me da la sensación de que es algo de gran importancia. —¿Me creería si le dijese que busco una cita con usted? —la observa con poca determinación. —Sería muy tonto de su parte —obviamente no le creía nada. —La realidad es que soy un guardaespaldas —al instante se le ocurrió una buena idea cuando recordó que ella quería llamar a seguridad—. Me infiltré para demostrarle lo fácil que es llegar a usted sin problema alguno, siendo alguien vulnerable a ataques criminales o secuestros. Preferí que esta fuese mi carta de presentación, si fuese un criminal usted estaría muerta ahora mismo pudiendo pagar un excelente servicio de seguridad como el que yo ofrezco. —Tiene sentido —se sienta en la silla de su escritorio y apoya los codos sobre la mesa entrelazando sus dedos—. Ya veo, querías demostrarme en carne propia lo bueno que eres para realizar tu trabajo. E incluso me sorprende que aún sigas en pie luego de mi bofetada. Mi instructor del gimnasio dice que tengo la fuerza de un león. —Tal vez sigo en pie de puro milagro —la verdad aún le dolía. —Te contrato —asiente con la cabeza. —¿Tipo de paga? —la observa fijo. —Efectivo. —¿Cantidad? —Salario a gusto y prestaciones. —¿Ofrece algo más? —¿Buscas ser despedido el primer día? —alza una ceja. —Iré por su café —señaló. —Déjalo —vuelve a colocarse de pie al observar la hora en su fino reloj—. Mejor ven a trotar conmigo, saldré a la calle y necesitaré de tus servicios a menos que prefieras comenzar mañana. —Suena a doble pregunta así que mejor acepto la oferta —ella se pasa por su lado y sale de la oficina. A duras penas pudo cubrir su estafa con una de mayor tamaño, accedió a un trabajo que no se imaginó tener nunca a cargo de una señorita millonario a quien deberá cuidar como si se tratase de una niña pequeña. Esperó por ella fuera del baño de damas, salió luciendo un atuendo deportivo común dejando ver que su trasero tiene una forma redondeada y levantada. La proporción perfecta para su contextura, siendo capaz de desviar la mirada de muchos hacía su retaguardia. Ella guio a Levi fuera de la empresa, ansiosa por comenzar empezó a trotar en dirección este del lugar donde estaba y Levi tuvo que seguirle el paso, aunque su condición física fuese algo denigrante por el tiempo que tiene sin hacer uso de actividades físicas. —¡¿Por qué yo debo trotar?! —inquirió con cansancio luego de algunos minutos. —Porque debes seguirme y no separarme de mí, eso hacen los escoltas —se calla para no perder el aliento. —Tiene sentido —estaba sudando demasiado, transpiraba y sentía que caería rendido al suelo en cualquier momento. Así estuvieron unos veinte minutos hasta que el recorrido terminó. Por suerte pudo seguirla sin problema, aunque sus pulmones atentaran con estallar en ese preciso momento.
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