—Para ser alguien que debería estar activo tu condición física es horrenda —Sara casi no había sudado, y su cuerpo estaba en perfecta armonía. Se veía tan natural, como si acabase de salir recién duchada mientras que Levi medio agachado con la vista a sus rodillas intenta mantener el desayuno dentro de su estómago.
—Seré sincero —erguido ya de espaldas pudo volverla a ver cara a cara—, puedo hacer muchas cosas, pero trotar de esta manera no es muy parte de mí.
—Compremos agua —unos pasos más adelante hay un pequeño market de víveres y ambos se acercan para entrar, pero antes de poder hacerlo, un sujeto de vestimentas sucias un y rostro despulido capta la atención de Sara que sin duda alguna accede a ayudarlo dándole algo de dinero. Lleva puesta una riñonera que se quita para poder sacar el dinero, pero rápidamente el sujeto se levanta para arrebatarle de sus manos todo lo que posee y salir huyendo.
—¡Mi cartera! —exclamó ella.
—No me la creo —alcanzó a decir Levi.
Emprendió la persecusión del vagabundo por en medio de toda la calle incluso con sus cansadas piernas y el corazón agitado. El hombre era rápido, pero Levi tenía más vitalidad, lo siguió por entre calles y callejones hasta que el tipo se rindió de huir y dio media vuelta para dar pelea al sacar un gran cuchillo de entre su cintura.
—Vamos, ven aquí para rajarte hasta el alma —le llama con la mano donde sostiene la riñonera de Sara.
—No seas así, solo quiero el bolso —estira sus manos para darle a entender que no quiere pelea.
—Largo o voy a desangrarte —estaba asustado y eufórico observando a los lados mientras las personas de la cercanía se le quedan viendo. Sabe que de seguro alguien llamó a la policía y debe salir rápido de la persecusión.
—Dame el maldito bolso —se acerca a paso rápido y cuando el sujeto intenta darle un tajo Levi lo coge del brazo para después darle una patada y tenderlo en el suelo—. Esto es mío se agacha para coger el bolso y luego lanza el cuchillo a la papelera que estaba justo a su lado. Comienza a caminar despreocupado sabiendo que no puede armar demasiado alboroto, pero sin darse cuenta el vagabundo se coloca de pie, saca una navaja más pequeña y arremete con Levi quién de milagro logra notarlo, pero sólo atina a meter su antebrazo derecho recibiendo un corte certero.
—¡Te dije que te rindieras! —esta vez lo golpea en la mandíbula con tanta fuerza que lo deja inconsciente en el suelo y las autoridades cercanas llegan rápidamente al lugar desde la otra calle.
—¿Está usted bien señor? —pregunta un oficial mientras que el otro se acerca al hombre del suelo.
—Nada grave señor oficial, un pequeño corte.
—Debe ser revisado por un médico —por su radio llama una ambulancia.
—¡Levi! —por fin Sara logra dar con él—. ¿Qué? se dijo al ver la situación.
—La próxima no lo desamarres de tu cuerpo —le entrega la riñonera con unas gotas de sangre en ella.
—Tu brazo… —Levi saca un pañuelo de su bolsillo y contiene la herida con fuerza para detener el sangrado.
—No me mires así —ella se nota asustada—, no creo que sea tu primera vez viendo sangre considerando que eres mujer.
—¿Cómo puedes ser tan tonto en una situación así? —de reojo observa como un oficial revisa al vagabundo inconsciente.
—Vámonos —comienza a caminar de regreso.
—¡Señor la ambulancia viene en camino! —gritó el oficial.
—¡Estoy bien! —le devolvió Levi. Sara regresa para seguirle y lo nota tan tranquilo que siente temor de esa frialdad que emana de su cuerpo mientras la sangre sigue recorriendo sus vestimentas manchándolo por completo.
—Vas a desangrarte —comienza a temblar de miedo.
—Ve a la farmacia, trae alcohol, gasas, antibiótico y cinta médica —presiona más fuerte y detiene el sangrado. La farmacia estaba justo al otro lado de la calle, por eso prefirió que fuese él mismo quien curase la herida a esperar por la ambulancia.
—¿Ahora? —se encontraba bloqueada por sus nervios.
—Hazlo rápido, creo que me estoy desmayando —hace como si se fuese a descompensar y Sara se agita.
—¡Voy! —con rapidez cruza la calle e ingresa en la farmacia.
Levi se sienta en una banca justo al lado de un niño y su madre, este se le queda viendo con asombro y Levi le regala una sonrisa.
—Acabo de salir de prisión —le guiña el ojo al niño y en seguida la mujer se levanta casi corriendo para llevárselo lejos—. En serio lo creyó —se echa a reír.
Tres minutos después Sara regresó agitada con el pedido de Levi en una bolsa que coloca a su lado en la banca.
—¿Debo ayudarte? —saca las cosas de la bolsa.
—Solo abre el alcohol —ella acata la orden. Levi lo quita de sus manos y luego de tenerlo descubre la herida para vaciar todo el frasco en el corte mientras como todo un hombre soporta el dolor.
—¡Ay Dios! —ella voltea a mirada.
Levi coge una gasa de las grandes y cubre la herida para luego poner cinta médica y fijarla por completo.
—Ya puedes mirar tonta —temerosa ella voltea la mirada y de su bolsillo Levi saca la caja de cigarrillos que siempre lleva consigo para encender uno y calmar su ansiedad y dolor.
—¿Estarás bien? —aun no le quedaba claro. Levi inhala suavemente el humo hasta hacerlo llegar a sus pulmones, luego exhala con la misma suavidad hasta que el humo se disipa en el aire.
—¿Qué sigue ahora? —dijo refiriéndose al trabajo.
—¿Piensas en eso ahora? —interroga ella—. No sé si eres muy profesional o muy tonto, pero pudiste morir allá atrás.
—¿Y qué? —comentó sin ganas—. No suena tan malo morir después de todo. Algunos tienen el don de vivir sus vidas como quieren, otros se esfuerzan y llegan al límite, y otros vivimos al margen de lo que la sociedad nos ofrece, sobreviviendo con poco y necesitando mucho. ¿No es eso como ya estar muerto? —voltea para verla—. He muerto muchas veces, pero aún no consigo dejar este mundo.