Cuando los tres se materializaron en el salón de su casa cayó de rodillas, tosiendo y sintiendo cómo un líquido comenzaba a subir por su garganta para luego escupirlo entre sus manos. A simple viste hubiese parecido ser agua, pero tanto él como William sabían que no era, ya que era más denso y viscoso que el líquido mencionado y también de un color ambarino extraño y brilloso. –¡Reth! –exclamó más que alarmado y se colocó de cuclillas frente a él, posando una de sus manos sobre su espalda mientras él intentaba calmar su tos. Y fue cuando con cierto esfuerzo logró dejar de toser y escupir su sangre que sus ojos se clavaron sobre los de William, quien sin miramiento alguno llevó una de sus manos a su rostro, sintiéndolo frío, como él sentía todo su cuerpo. –¡Joder Reth! –exclamó y leva

