Cuando despertó en la celda que se había imaginado terminaría antes de perder por completo el conocimiento, no le llamó en lo absoluto la atención de que la misma tuviera un vidrio polarizado donde veía su propio reflejo, sentado en la silla donde lo habían dejado con unas esposas encantadas para que no pudiera escapar a su espalda. Contempló la habitación completamente vacía sino fuera por él y la silla que lo acompañaba. Suspiró pesadamente y tiró su cabeza hacia atrás, contemplando el fluorescente que de vez en cuando parpadeaba indetectable a los ojos de un humano, pero para el suyo era claramente visible. Había sabido en el primer momento en que le habían informado que debía de ir allí que terminaría encerrado de aquella manera. Quizás primero lo torturaran un poco para quitarle

