Él regresa a sus asuntos mientras que oye como Bianca intenta liberarse, pero solo iba a conseguir hacerse daño. Era una tonta niña.
Cuando se viste por completo, se da la vuelta para ver a Bianca quien lo estaba observando de cierta manera que le resultaba incomoda, la verdad es que ella parecía muy avergonzada. Le CEO se cruza de brazos sosteniéndole la mirada.
—¿Puede liberarme? —aquella petición hizo que él se incomodara más que antes —. Por favor.
Las últimas palabras consiguieron que el cuerpo de Antonio reaccionara de una forma que él no entendía. Era la primera vez que una mujer causaba ese tipo de sensación en él, además Bianca era a primera mujer que pasaba la noche en casa sin habérsela follado.
Frunce el ceño al mismo tiempo que camina hacia la cama, Antonio observa el cuerpo de esa rubia y de inmediato su polla se enciende, aparta la vista esas curvas para ver el rostro de ella.
—Si te suelto, ¿dejaras de quejarte?
—No pretenda que este feliz cuando me tiene aquí secuestrada.
—No estas secuestrada, bien sabes que puedes ser libre a cambio de que me entregues por tu cuenta tu virginidad.
—Usted es un pervertido —Antonio frunce el ceño, luego toma asiento en la cama.
—Me llamo Antonio, o puedes decirme el italiano. Muchos me dicen así.
Bianca parpadea varias veces, luego gira el rostro hacia otro lado. Le resultaba incomodo hablar con ese sujeto mientras no tenía nada de ropa encima.
—¿Dejaras de quejarte?
—¿Desistirá de la estúpida idea de tenerme secuestrada? —Antonio tensa la mandíbula, sujeta a Bianca por el mentón obligándola a mirarlo.
—Te iras de aquí el día que decidas coger conmigo, de lo contrario no te iras a ninguna parte.
Ambos se miran con furia a los ojos, él no creyó que ella llegara a ser tan sedicioso, a pesar de que era bastante joven e inocente, era muy rebelde y altanera.
—Dijo que no estaba seguro de si le gustaba, si eso pasa no me dejara ir.
—Bien, te dejare ir una vez que estés conmigo toda una noche. Si no lo soportas, te quedaras otra noche más.
Ella se queda con la boca abierta, ¿Cómo demonios esperaban que soportara toda una noche siendo una virgen? Lo más probable es desmayara a mitad de camino.
Traga saliva en seco, pero esa era la única oportunidad que tenía para poder regresar con sus abuelos. Ya llevaban algunos días solos y sin saber nada de ella, a duras penas caminaban, era probable que su abuela ni pudiera salir para notificar a las autoridades de su desaparición.
Tenían que estar muy angustiados, al menos tenían comida suficiente para un par de días más, pero… ¿y luego de eso? Muerde sus labios al mirar la intensidad de la oscuridad de los ojos de ese italiano despiadado.
Solo quería follar con ella y dejarla libre, tenía que acceder, aunque eso le produjera asco. Nunca imagino que su primera vez terminara siendo de esa manera con un hombre tan grande y… Bianca baja la mirada para mirar el cuerpo de ese castaño.
Bate esos pensamientos de su cabeza al mismo tiempo que mira hacia otro lado.
—Está bien —Antonio entendió que esa joven deseaba irse lo más rápido posible, se preguntó cuál sería la urgencia.
—Bien…—suelta sus muñecas con un solo jalón, ella al sentir sus manos libres se cubre sus tetas —. Lo resolveremos esta noche.
Antonio se pone en pie para dirigirse hacia el closet, del mismo saca una de sus finas camisas para luego lanzarla sobre la cama.
—Usa eso… me voy.
Bianca parpadea reiteradas veces mientras que lo mira salir del cuarto como si nada, luego observa la prenda de ropa que yacía a sus pies y termina por recoger los mismo. No quería ponerse esa ropa, pero tampoco su antigua ropa sucia y mal oliente.
—¡Quiero ir casa! —dice escondiendo su cabeza entre el hueco de sus muslos y pecho.
[…]
Antonio llega a su empresa siendo saludado por todo su personal, sin embargo, él no muestra ni un Apis de empatía por nadie. En cuanto las puertas del ascensor se abren, el CEO abandona el mismo encontrando a su secretaria en su escritorio.
—Buen día señor Garibaldi, tiene una junta a las 9 de la mañana y el señor…
—Cancela todo —la secretaria se detiene.
El CEO se encierra en su oficina yendo directamente a su escritorio, al sentarse en el mismo el maldito teléfono comienza a sonar que lo hace cerrar los ojos por un momento.
—¿Qué diablos quieres?
—Disculpe, el señor Vittorio he llegado —el CEO frunce el ceño puesto que Vittorio nunca lo visita en su oficina.
—Déjalo pasar.
En cuanto observa a Vittorio entrar con aquella estúpida sonrisa en los labios, Antonio se inclina hacia atrás para verlo fijamente.
—¡Antonio!
—¿Qué quieres? Hasta donde recuerdo no te mande a llamar. No me gusta que vengas a mi compañía.
—Lo sé —esté toma asiento sin que le dieran el permiso—. Solo he venido para ver como estuvo todo con la chica virgen.
Antonio afina la mirada, luego baja la misma para sacar un cigarrillo, lo enciende y le da una calada. Expulsa el humo hacia Vittorio y es cuando vuelve a fijar los ojos en él.
—¿Por qué te interesa? —Vittorio se inquieta en su silla mientras que su jefe no le quita los ojos de encima.
—Bueno, quería ver si había hecho una buena elección para ti con esa chica.
—¿De dónde la has sacado? —pregunta mientras vuelve a sorber su cigarro.
—¿No te ha gustado? Si quieres puedes devolverla, te buscare una mejor. Quizás un poco mayor, pero igual de virgen.
El CEO relame sus labios, luego baja la mirada para ver su cigarrillo como se consume por sí solo, lo tiempla un poco para hacer caer la ceniza. Antonio analiza aquella insistencia de Vittorio, era mucho demasiada preocupación por una simple chica.