Eris Hayes miraba molesta por la ventanilla del Porsche de su hermano. El paisaje pasaba rápido, pero su mente iba más rápido aún. Había aceptado ir a Jacksonville solo para evitar que Hook y Niven terminaran golpeándose.
Después de que Niven afirmara —con esa voz fría y arrogante— que ella era su prometida, la tensión había explotado. Enzo tuvo que intervenir para evitar una tragedia.Eris había prometido explicar todo a sus amigos cuando volviera.
Lo único que no pudo evitar fue que Zachary decidiera acompañarlos. Según él, “para ver a sus padres”. Según ella, para vigilarla.
El sonido de una notificación la sacó de sus pensamientos. Sonrió al leer el mensaje.
—Muñe… ¿quién te hace sonreír así? —preguntó Zachary apoyado en la ventanilla.
—Es Ems. Y deja de estar de preguntón, baby.
—No siento mi trasero y solo llevamos una jodida hora — se quejó el menor de los Lennox.
Niven frunció el ceño sin apartar la vista del camino.
—No comprendo esa necesidad de decir palabras groseras —dijo con tono crítico—. La educación que nuestros padres nos dieron no corresponde a esas actitudes. En especial tú, Eris, que próximamente serás una mujer casada.
—Oh no, qué tragedia —respondió ella con falsa angustia, sin levantar la vista del celular.
Otro mensaje. Esta vez de Hook. Emily ya debía haberle contado algo.
—Tu burla solo empeora la situación —replicó Niven.
—¿Ah sí? ¿En qué sentido puede ser peor.
—En que puedo aplicar cláusulas del contrato.
—Oh, Dios. Qué miedo.
—Deberías. Una de las cláusulas permite que mañana mismo contraigas matrimonio. Y por ende, te mudarás a Zúrich.
Eris levantó la vista, incrédula. Miró a Enzo. Él asintió, confirmando que Niven no exageraba.
—Es imposible. No puedes obligarme a mudarme.
—Obligar, no. Pero si hubieras leído el contrato sabrías que, después del matrimonio, yo decido dónde viviremos. Debe ser un lugar que beneficie a las empresas Lennox-Hayes.
—Niven, basta —intervino Enzo. Había visto el rostro de su hermana quebrarse, los ojos humedecerse— No hay por qué discutir. Cuando lleguemos hablaremos con nuestros padres.
Niven guardó silencio. Faltaba poco para llegar a Jacksonville. No permitiría más retrasos.En la parte trasera, Zachary observaba todo en silencio.
Muy pocas veces había visto a su hermano mayor en su vida. Y cada vez que lo veía, confirmaba lo mismo:
Niven vivía para sí mismo.
Para su trabajo.
Para su lógica.
Para su mundo perfecto.Por eso le parecía absurdo que insistiera tanto en casarse con Eris.
No la amaba. Ni siquiera la conocía. Solo destruiría su vida.Se inclinó hacia ella.
—Mi hermano es un imbécil —susurró, acomodándole un mechón detrás de la oreja. Sus ojos miel brillaban con un dejo de lágrima— Él no manda sobre tu vida. Somos libres, ¿recuerdas?.
Eris apoyó la cabeza en su hombro.
—Gracias, baby.
El resto del camino fue silencio. Silencio tenso. Silencio que dolía.
Cuando la mansión Hayes apareció a lo lejos, Zachary y Eris salieron del coche casi corriendo. Enzo se quedó junto al vehículo, mirando a Niven.
—Te lo diré una sola vez —dijo con voz firme— Es mi hermana. No permitiré que la obligues a nada que no quiera.
—Estás confundiendo las cosas, Enzo. No la amenacé. Solo aclaré cómo podrían ser las circunstancias. Su comportamiento no es adecuado.
—Su comportamiento es adecuado a su edad. Y eso no significa que no vaya a ser una buena esposa para ti.
Niven apretó la mandíbula, metió las manos en los bolsillos y caminó hacia la casa.
Melissa Hayes los recibió con una sonrisa radiante. No podía creer que su hija hubiera aceptado venir tan pronto. Suponía que las cosas habían salido mejor de lo esperado.
—No solo Niven logró que vinieras —dijo—, ¡también Zachary vino!
—Hola, madrina —sonrió Zachary—. Aproveché el viaje. Pero hoy debo volver en la noche. Tengo un trabajo pendiente.
—Es verdad —dijo Eris emocionada—. Hoy es el aniversario de EVE.
—¿Aniversario de quién? —preguntó Enzo entrando con Niven detrás— Eris, primero deben resolver su situación. Niven tiene trabajo que no puede rezagar.
—Entonces debieron dejar que las cosas siguieran su curso normal —replicó Zachary.
—No es asunto tuyo —dijo Niven, molesto— Es entre Eris y yo.
Melissa los miró, confundida.
—Muchachos… ¿qué sucede?
—Eso mismo quiero saber yo —dijo Eris, cruzándose de brazos.
Oliver Hayes apareció justo a tiempo.
—Princesa —dijo con ternura— Estás hermosa.
—Papi —Eris lo abrazó— Tenemos que hablar.
—Claro, amor. Pero esperemos a los padres de Niven. Comeremos en el jardín. Disfrutemos el día.
—Padrino —dijo Zachary—, la situación es esta: Eris y yo tenemos un compromiso esta noche. Debemos volver pronto. Solo vinimos porque Niven quiere cambiar el contrato matrimonial.
—Por supuesto que no —intervino Niven.
—¿Entonces a qué viniste desde Europa? —preguntó Zachary— En quince años no te ha importado nada de aquí.
—Vine porque mi padre y el señor Oliver exigieron mi presencia. Creen que debo pasar más tiempo con mi prometida.
Eris abrió los ojos.
—¿Es así, papá?
—No veo la necesidad de mentir —respondió Niven.
—¿Tú pediste que viniera? —preguntó Eris a su padre, ignorando al pelinegro — ¿Por qué? Teníamos un trato. Hasta que cumpliera veintiún años regresaría a casarme.
—Hija, cálmate. Las cosas se salieron de contexto. Podrás disfrutar tu tiempo como acordamos.
—¡No! —interrumpió Niven— Ella no volverá a esa ciudad. No aceptaré que mi futura esposa lleve la vida que lleva.
—¿Y según tú qué vida llevo? —dijo Eris, a la defensiva.
Niven apretó los labios. No quería decirlo. Pero lo dijo.
—Una vida muy liberal. Que como tu futuro esposo, no me agrada.
Oliver frunció el ceño.
—Cuida tus palabras, Niven. Hablas de mi hija.
—Y también es mi futura esposa. No permitiré que vuelva a ese ambiente. Mucho menos después de ver al hombre con el que durmió hoy.
—¿Hombre? —Oliver se alarmó.
—Papá, no —Eris apretó los dientes—. Fue un malentendido.
—¿Malentendido? —Niven rió sin humor— Salió de tu habitación en ropa interior. Y quiso agredirme.
—¡Cállate, Niven! —Eris estaba roja de furia.
—Eris tiene razón —intervino Enzo, intentando calmar— Fue un malentendido. Son sus amigos. Habían salido de fiesta. Zachary puede confirmarlo.
Zachary asintió, disfrutando ver a su hermano perder terreno.
Oliver respiró hondo.
—Esperaremos a los padres de Niven. Luego hablaremos. Vamos al jardín.
Todos salieron. Menos Eris y Niven.Ella se plantó frente a él.
—¿Qué carajo te pasa? —dijo con voz baja, temblorosa de rabia— ¿Por qué tuviste que decir eso frente a mis padres? No sabías la historia.
Niven dio un paso hacia ella.
—¿Qué historia justifica llegar a las cinco de la mañana con alcohol encima? Él estaba en tu habitación, en ropa interior.
Eris se tomó el puente de la nariz.
—Somos amigos. Y tú no tenías derecho a contar mi vida privada.
—Vas a ser mi esposa. Tengo más derecho que cualquier otro hombre en tu vida.
—Hasta que eso suceda, no decides nada. Volveré hoy a Orlando. Te guste o no.
Niven sonrió de lado. Un gesto peligroso.
—El trato sigue igual. Nos veremos en seis meses —dijo ella, girándose para irse.
Pero no llegó a dar dos pasos.El jalón de Niven la hizo chocar contra su pecho.Eris inhaló bruscamente. Él estaba demasiado cerca. Demasiado.Los ojos verdes de Niven la atraparon. Eran más intensos que en las fotos. Más profundos. Más… peligrosos.Recordó vagamente que, de niños, sus ojos cambiaban de tono cuando algo le gustaba.Y ahora… Ese brillo estaba ahí.Las respiraciones se mezclaron.
Las narices casi se rozaron. Nadie se movió.Hasta que la mano de Niven aflojó su agarre en su brazo… y descendió lentamente hasta su cintura.
Atrayéndola más.
Mucho más.
Eris sintió que el mundo se detenía.¿Sería un error…probar esos labios?