CAPÍTULO 2. ERIS HAYES.

1224 Words
La noche había caído sobre Orlando como un telón pesado. La ciudad dormía a medias, pero cerca de la costa, las luces de decenas de motocicletas iluminaban la calle cerrada en Paradise Heights. Era la primera carrera clandestina del mes, y el aire vibraba con adrenalina, humo y música. Una joven de cabellos castaños sonreía mientras entregaba un casco a un hombre que se ajustaba una chamarra de cuero oscuro, ocultando los tatuajes que trepaban por sus brazos. —¿Estás lista? —preguntó él con voz profunda. —¿Por fin me enseñarás a manejar, Hook? —Eris intentó sonar casual, pero por dentro la emoción le hervía. Él ya se había burlado antes, insinuando que una ninja no era para cualquiera. —Solo si apuestas por mí, preciosa. Eris sonrió, acercándose un poco más. —Que traigas una moto con tanta potencia no asegura tu triunfo. Hook borró la sonrisa, se colocó el casco y rugió el motor antes de alejarse. —¡Eris!. La castaña giró hacia una joven de cabello azabache que corría hacia ella. —Carajo, Eris, ¿qué hacías con Hook? —Saludaba. Somos amigos. —Seguro —Emily rodó los ojos mientras la tomaba del brazo— ¿Vas a ir a la post party en casa de Klein? —Creí que sería en EVE —bufó Eris mientras caminaban hacia la línea de salida— Las fiestas en casa de Klein carecen de estilo. —EVE será el after del after. Emily le entregó la pistola de bengala. Era la primera vez que Eris daría el pitazo de salida, y eso se debía a que Emily le había cedido su lugar. Eris se acomodó la chamarra, respiró hondo y fijó la vista en las dos bestias de metal frente a ella. —¿Listos? —gritó, levantando el arma. Guiñó un ojo a Hook. Él respondió acelerando justo antes de que la bengala explotara en un destello rojo.Eris gritó cuando las motos pasaron a su lado como flechas. El rugido de los motores, las apuestas, los gritos… todo era libertad pura. Minutos después, la ninja gris apareció derrapando. Hook ganó otra vez. Los vítores estallaron. Gregg Vilchis, rubio y sonriente, le entregó un fajo de billetes. Eris calculó unos treinta mil dólares. —¿Cuántos para ir a casa de Klein? —gritó Hook levantando el dinero—. ¡Eris, vienes? Ella tomó el casco que él le ofrecía. Nunca se negaba a un viaje en moto; el viento en el rostro era su forma favorita de sentirse viva. —Nos vemos en casa de Klein, Ems —dijo antes de aferrarse a la cintura de Hook. Emily negó con la cabeza. Sabía que Eris estaba exprimiendo cada minuto antes de que su tiempo se agotara. Desde que la conoció en Palm Beach, se habían vuelto inseparables. Y con el tiempo, Eris le confesó el secreto familiar que la asfixiaba: su vida entera había sido moldeada para convertirse en la esposa perfecta de un hombre que ya ni recordaba. Emily entendía por qué Eris buscaba libertad… pero últimamente sentía que la castaña estaba cruzando límites peligrosos. Suspiró mientras veía a Klein Koster —alto, hombros anchos, claramente ebrio— subir a su coche. Nada bueno saldría de esa fiesta. Aún así, subió al vehículo con los demás. Esa noche sería larga. * Claudine Lennox abrazaba a su hijo como si quisiera recuperar los años perdidos. Le alegraba que Alphonse, por fin, hubiera impuesto algo de orden en la vida de Niven. —Niven, cariño —dijo la mujer, notando la tensión en su rostro— Debes estar cansado. Fueron muchas horas de vuelo. —Madre, gracias, pero Enzo y yo tenemos otra cosa que hacer. —¿Otra cosa? —Claudine miró a su esposo, que solo negó con resignación. —Niven, te dije que podemos descansar e ir mañana —insistió Enzo, abrazando a su propia madre. —Y yo les dije que mi tiempo es limitado. —¿Piensas irte tan pronto, hijo?. Claudine no podía creerlo. Pasaban años sin verlo, y ahora él quería marcharse de inmediato. —Madre, mi logro está próximo. No puedo descuidarlo. Me hicieron venir por un asunto nada importante. —¿Y a dónde se supone que quieren ir? —preguntó Melissa Hayes. —A Orlando, señora Melissa. Por su hija. Melissa abrió los ojos. ¿Traer a Eris sin avisarle? ¿Qué pretendía Niven?. —Eris vendrá el próximo fin de semana, para la celebración —dijo. —No puedo esperar tanto. Nuestros padres quieren hacer ajustes en el contrato matrimonial y no estoy de acuerdo. Eris, como la otra parte del acuerdo, debe estar presente para apoyar mi decisión. Oliver suspiró. —Niven, tómalo con calma. Será una sorpresa para ella también. —¿Sorpresa? Ella sabe que será mi esposa. Los cuatro adultos intercambiaron miradas de preocupación. —Niven, estoy agotado —intervino Enzo— No he visto a mis padres en meses. Te prometo que mañana, a primera hora, vamos a Orlando. Son dos horas de camino. Niven respiró hondo. El cansancio comenzaba a nublarle la mente. —Está bien. Pero a primera hora, Enzo. Te conozco.Enzo sonrió mientras guiaba a su madre dentro de la casa. El clima de Jacksonville era un caos: noches frías, días sofocantes. Octubre se acercaba. * EVE estaba a reventar. La fiesta en casa de Klein había terminado en caos —como siempre—, así que todos habían migrado al antro. Luces moradas, música vibrante, cuerpos moviéndose al ritmo del DJ.Eris y Emily bailaban en el centro de la pista. Para Eris, cerrar los ojos y dejar que la música la inundara era libertad pura. —¡Tengo sed! —gritó Emily. —¿Qué? —¡A la barra!. Emily se abrió paso entre la multitud. Eris estaba por seguirla cuando unos brazos la rodearon. —Va por bebidas —susurró Hook en su oído — ¿Tienes sed? —Sí. —Vamos. Hook la llevó hasta la barra. Emily ya pedía su gin tonic. —¿Te pido tu Long Island? —preguntó Emily. —No, hoy no. Un mojito. —Cuando piden cócteles parecen demasiado sofisticadas para mí —se burló Hook, pidiendo una cerveza. —Nadie te pidió que vinieras —dijo Emily. —Púdrete, Floyd. —¡Hey! —Eris golpeó suavemente el pecho de Hook— Nada de discutir. ¿Cómo pueden conocerse tanto tiempo y no ser amigos? —Porque Floyd es una apretada. —Y tú un bruto. Eris rodó los ojos y se alejó sin que ellos lo notaran. Los guardias del área del DJ la dejaron pasar con una sonrisa. —Señorita Hughes, adelante. —Gracias, Josh. Eris caminó hacia el DJ, que movía la mezcladora con energía. —Hey, baby —dijo ella— ¿Vas a poner buena música o solo para dormir?. Zachary Lennox se giró con una sonrisa enorme. Se quitó los audífonos; su cabello n***o estaba despeinado, y sus ojos miel brillaban.Eris nunca faltaba a sus presentaciones. Era la única que sabía que él no estaba de sabático viajando por el mundo, sino persiguiendo su sueño de ser DJ. Sus padres jamás lo entenderían.Para Zachary, vivir era esto: música, libertad, noches infinitas. Y Eris… Eris era la única que lo comprendía.
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