Uno: la oportunidad de un ladrón

2864 Words
CAPÍTULO 1  Callum Kane 20 de diciembre, 2017 Después de estar en meses viajando por diferentes países y estar casi en los cinco continentes, la gira ha terminado. A punto de comenzar la navidad, hemos decidido este año pasarlo junto a los Davis, quienes nos recibieron con los brazos abiertos hace dos semanas, casi tres. El pueblo colonial, el cual queda a varias horas de Londres, es frío como un témpano de hielo, casi peleando con Evans para descubrir quién puede enfriar más. Los villancicos, las luces y decoraciones tapadas con nieves, se pueden encontrar en cada esquina del lugar. El espíritu navideño se siente en cada rincón del pequeño pueblo, y me gusta. Realmente lo hace. Sería aún mejor si todos estuviéramos juntos, pero Owen apenas bajamos del avión, decidió tomar uno directo hacia los brazos de su esposa. El aire del pueblo me hace pensar que esta navidad será diferente, un poco más picante y extravagante. No me niego a vivir un pequeño romance navideño, nunca estoy cerrado a la idea de perder mi corazón por una linda pueblerina. La cual parece andar dando vueltas alrededor de mí, cautivándome y robando mi atención con facilidad. En el poco tiempo que llevo acá, he podido ver algo interesante. Demasiado interesante. No esperaba conocer después de casi seis años al hermano del medio Davis, Adam Davis, el cual es un jugador de futbol profesional. Uno de los mejores. Adam hace años huyo de Londres, puedo intuir que su huida se daba a la candente pelirroja que en este momento lo está persiguiendo. No sé qué tendrá esa mujer para hacerlo desaparecer del mapa, durante tanto tiempo, pero debe ser algo importante. Entiendo a la perfección por qué sigue el juego de la pelirroja, él deja que se acerca a ella haciéndole creer que es el depredador, cuando solo es una presa indefensa y dispuesta. Zoe Williams es una mujer hermosa, candente y coqueta; la cual es capaz de tenerte en sus manos con un simple movimiento. Todo el mundo lo sabe. Pero quien me interesa de toda esta situación es una castaña de intensos ojos azules quien parece no agradarle mi presencia. Por eso me gusta aún más. No puedo evitar sentirme atraído hacia ella y su lengua filosa, la cual parece estar preparada para decirme sin tapujos como moriré. Emma Scott es una tigresa la cual guarda sus garras en cada momento del día, únicamente asomándolas cuando estoy en su presencia. Dispuesta a rasguñarme la yugular. Y no entiendo que parte de todo eso me gusta, pero mi sangre hierve después de cada discusión. Dios tengo un lado masoquista, el cual había ignorado. —Pequeña Emma—llamo su atención acercándome hacia ella. Emma suelta un suspiro melodramático, provocando que sus mejillas se desinflen e inflen al mismo tiempo. Es adorable ver aquella acción en ella; desprende ternura, pero la pequeña Emma me ha demostrado que no solo es ternura. — ¿Sabes que es lo que más odio en este mundo? —pregunta con una sonrisa engañosa. —A mí—me señalo, ella niega agrandando su sonrisa. —Casi, pero lo que más odio es a los sapos y tu querido Callum—arrastra mi nombre en su provocativa boca. Cada vez que arrastra mi nombre con su acento, provoca que mis neuronas sufran un corto circuito. —Te estás volviendo aún más odioso que esos seres horribles—termina quitando la sonrisa de sus labios. La maldad destila en cada palabra de aquella frase, maldad pura, la cual no se puedo ocultar detrás de esa sonrisa engañosa con hoyuelos. No importa, cuanto veneno haya en sus palabras y tono de voz, con el simple hecho de pronunciar mi nombre, ella me tiene en sus manos. A su disposición. —Yo no soy horrible—aseguro con confianza. Me ha llevado un par de años tener ese nivel de confianza, pero ahí está. Firme y segura—puedo decir todo lo contrario, soy lo más apuesto que tus ojos verán, por no decir que soy jodidamente caliente. Ella ríe, una risa seca y cargada de desdén, como si le hubiera contado el peor de los chistes. —Despierta chico—su voz es un susurro arrullador, suave, el cual me mueve entre olas de sonido pasivas—estás rodeado de hombres guapos, así que no eres lo más caliente, que mis ojos están viendo. Sonrió acercándome aún más hacia ella, casi rozando nuestros pechos. Sus ojos se alzan conectando con los míos, mirándome prendidos en un fuego azul ardiente, esos ojos son demasiado tentativos para mi bien. Poso sobre mis labios una sonrisa ladeada, esa sonrisa, la cual posee seguro, me da el aire de un niño malo. Muy malo y travieso. —No has negado que soy caliente—susurro contra su oído— ¿te parezco caliente Emma? —arrastro su nombre en un tono grave y ronco. Ella salta hacia atrás, colocando una distancia prudente entre nosotros, huyendo de este lugar sin contestar mi pregunta. Acallo la emoción que me invade al verla huir, esa pequeña voz, la cual me susurra que vaya detrás de ella. Que le suelte todo el vómito verbal de emociones, lo mucho que me tiene suspirando por ella. Pero algo dentro de mí, sabe que no se sentirá alagada por mis sentimientos hacia ella. Y está bien, tener alguien que no suspire por ti cuando pasas a su lado es algo, lo cual no experimentaba hace años. La fama ha traído multitud de personas, las cuales estarían feliz por una noche a mi lado, o debajo de mí. Y que me maten si no he disfrutado de que aquellos beneficios. 24 de diciembre, 2017 La casa colonial de los Davis, está decorada desde el piso al techo con adornos navideños, el piso de madera brilla por las tantas veces que ha sido encerrado el día de hoy. Las luces juegan en el techo, atrayendo la mirada de los invitados al entrar, todos miran hacia arriba, al mar artificial de estrellas. Luces de diversos tamaños y temperaturas de blanco armonizan con el enorme pino en el centro del salón de baile. La música suave y armoniosa, ambienta el lugar sin darle una pizca de aburrimiento o la impresión de estar en el pasado. Si, todo lo que envuelve esta fiesta te hace sentir como si estuvieras asistiendo a una gala de la antigüedad, esas donde las familias nobles se pavoneaban de sus riquezas. Algunos niños corren alrededor del árbol, siendo eclipsados por los adornos amarillos, pastel y blanco con dorado. El toque final y el que te hace sentir en un sitio mágico, es la alfombra roja, la cual cruza ambas puertas de madera de roble. He estado en lugares, los cuales parecían sacados de un cueto de hadas y otros donde arquitectos y decoradores de interiores del más alto calibre, habían plasmado sus ideas. Soy una amante de las decoraciones y la arquitectura, una diminuta vena latente en mí aún se adhiere a ese deseo de ser arquitecto. De construir una maravilla más en el mundo, por eso disfruto cada uno de los esfuerzos que coloca la señora Davis en la decoración del salón. —El salón luce precioso, señora Davis—anuncio con sinceridad, ella sonríe con las mejillas encendidas en rojo por el aire frío, el cual se cuela en la habitación. —Gracias cariño, pero no me digas, señora, ya sabes como me llamo—asiento con una sonrisa enorme, recibiendo con los brazos abiertos su fraternal abrazo. Ese tipo de abrazo que solo una madre puede dar. Por el rabillo del ojo capta la figura de Emma, mis ojos se desvían hacia ella sin pensarlo, quedo absorto en su apariencia. Allá va ella como un pollito castaño, siguiendo a Adam, a cualquier lado que va o analizando cada paso que da el moreno. Y yo voy detrás de ella como un sexy pollito rojo, que quiere la atención de cierta castaña con desesperación, pero ¿qué consigo de mi dulce Emma? Su más intenso desprecio. Como quema que no me mire a mí o que su interés lo tenga otro hombre, pero esto tiene arreglo. Los milagros pueden suceder en estas fechas y el muérdago estará de mi lado. Aunque espero huir completo de la ira de Emma. —No hagas que tenga que enterrarte el día siguiente—dice Allen interrumpiendo mi camino hacia la castaña. —Aún no está en mis planes morir—respondo sonriéndole, él niega—aún no te librarás de mi presencia. Allen parece genuinamente preocupado, sonrió hacia él encogiéndome de hombros, restándole importancia a su preocupación. —Tampoco es que quiera perder a mi fastidioso amigo—murmura pegándome una palmada en la espalda, asiento caminando hacia la castaña, la cual está acompañada con Evans, la pelirroja tentación de Adam y Gael, el hermano mayor de Allen y Adam. —Feliz navidad—exclamo llamando la atención de los que están reunidos, ellos asienten deseándome feliz navidad, menos Emma, la cual me mira queriendo matarme de la forma más lenta y tortuosa que su mente puede imaginar. Sé que soy intenso y algo fastidioso, pero nunca nadie, me había observado con tanto rencor y deseos de verme muerto, como ella lo hace. A lo largo de mi carrera me han mirado de muchas maneras, pero Emma, es la única que me mira así. Puede que aquella mirada sea la causante de este torrente de emociones desenfrenadas. Ya saben lo que dicen, del odio al amor hay un solo paso, pero no sé si aquello aplique en nuestro caso. Yo no odio a esta mujer. —Buenas noches, bellas damas—saluda Adam cogiendo una bebida del mesero—estás radiante esta noche Leah—elogia a su cuñada entrando en un pequeño juego con ella. Emma observa atentamente lo que dice Adam sin entrar en la conversación, Zoe se coloca al lado del moreno marcando territorio discretamente, a nadie se le pasa por alto la acción de la pelirroja; incluyendo la mirada acusadora que se dirigen la castaña y la pelirroja. —Muchachos, él es Nick, mi representante y amigo—presenta Adam a la persona que tiene al lado. Después señala a cada uno presentándonos a Nick, su representante, dejando para el final a la castaña y pelirroja. — ¿Zoe Williams? ¿Acaso es tu ex? —pregunta Nick creando un ambiente algo pesado—un gusto conocerlos—dice al final quitando algo de la tensión que había. Ambos futbolista y representante se meten en una discusión, Nick es casi seis años mayor que Adam, y en este momento parece que estuviera siendo reprendido por un hermano mayor. Los susurros y leves gruñidos, dejan saber que Nick conoce toda la historia de Adam y Zoe. A lo cual Nick deja en claro su desagrado hacia la pelirroja, pero aun así la saluda cordialmente sin una sonrisa en su rostro. Las parejas se van retirando a la pista de baile, huyendo de ambos hombres como si fuera la peste. Me acerco aún más a Emma sin darle lugar para que se acerque a Adam, atrayendo su atención hacia mí y lejos del moreno. — ¿Qué quieres? —me pregunta entre susurros. — ¿Me concedes un baile? —pregunto en susurros cerca de su odio. Ella se tensa por mi cercanía, observo como su piel se eriza. Diría que es por el frío de la noche, pero hay calefacción en el lugar. Algo lo cual agradezco con toda el alma, gracias a ese pequeño invento del hombre, tengo el deleite y placer de ver a Emma en un vestido arrebatador, el cual acentúa sus curvas. Decido subirme el ego, diciendo que es a causa de mi cercanía que su piel se ha erizado. Entonces no solo siente desagrado por mi presencia. —No—se niega rotundamente. —Soy un buen bailarín, no te vas a arrepentir de bailar conmigo—insisto, ella niega de nuevo— ¡nada más una pieza! —Deja de insistir pelirrojo, nunca bailaré contigo. —Nunca digas nunca—exclamo cuando Zoe jala a Adam alejándolo de donde estamos. Esperaba que duraran más tiempo con nosotros, pero parece que además de ser candente, la pelirroja también es alguien desesperada y posesiva; malas combinaciones sinceramente. Pero a mí me conviene que se hayan ido, así tendré a Emma únicamente para mí. —Parece que el destino quiere que estemos juntos—murmuro con voz melosa, posando suavemente una mano en su cintura, esperando ver como reacción. Emma se gira encarándome con su baja estatura, mi mano se afianza sobre su cintura y no puedo evitar sentir la agitación en el corazón, al notar lo tierna que luce. —Parece que tenemos diferentes destinos, adiós pelirrojo—me contradice Emma disimulando su irritación. Su nariz se frunce en un puchero de molestia, los ojos azules brillan como una fogata ardiente, alza la barbilla retándome con esa sola acción. Y una parte de mí quiere inclinarse hacia abajo, acortar la diferencia de altura y dejar muchos besos en su rostro de porcelana. Emma se aleja con la misma rapidez con la cual se acercó, ahuyentado su calor de mi cuerpo. — ¡Pequeña! —grito caminando detrás de ella. Emma agiliza el paso, dejándome unos cuantos centímetros detrás de ella, apartándose de la pista de baile. Rodea a las parejas que se encuentra fluyendo de un lado al otro en el salón de la antigua casa colonial. Sigo llamándola, grito su nombre esperando que ella se digne a mirarme, pero Emma me ignora, como si no me estuviera escuchando, sé que me está escuchando, ya que no hay tanta distancia entre nosotros. Además, algunas personas desvían su mirada hacia mí, dejándome saber que mis palabras también llegan a sus oídos. —El destino quiere que me regales un beso—exclamo cuando la alcanzo. Tomando una profunda respiración. —El destino nunca estará de tu lado, pelirrojo—expulsa las palabras con cierta malicia, señalo hacia arriba, ella levanta la cabeza mirando el muérdago con los labios abiertos. —Parece que esta vez si está de mi lado, por una vez en la vida—susurro agarrando su mejilla atrayéndola hacia mí. Ella me mira intensamente retándome a besarla. Acaso piensas pequeña Emma, que te libraras de mí con una simple mirada. Nunca dejaría pasar esta oportunidad que me has dado en bandeja de oro, no esperaba que caminara justamente hacia el lugar, el cual deseaba de toda la casa. Parece que los milagros se hacen realidad los veinticuatro de diciembre y este veinticuatro es uno de los mejores de mi vida. Puedo resaltar que Emma tiene una piel demasiado suave y sedosa, sus intensos ojos azules tienen cierto brillo, el cual me llaman a mirarlos de cerca; pero lo que se lleva la cereza del pastel son sus intensos labios rojos. Un color seductor en unos labios iguales de seductores, es mi maldita perdición y estoy a unos centímetros de probarlo. Uno nuestros labios, rompiendo la poca distancia que nos separaba. La respiración de Emma se detiene, o no sé si es mi propia respiración. Abro ligeramente los labios disfrutando de cada pequeño contacto con los labios suaves y húmedos de Emma. Ella jadea resistiéndose a besarme, dejo pequeñas caricias en su mejilla inclinado ligeramente su cabeza al mismo tiempo. Emma suspira abriendo su boca siguiéndome el ritmo a paso lento y pausado, siento cierta duda en ella. Pero para eso estoy yo, para que olvide su duda y se deje caer por mí, y que mejor momento que ahora. Agarro su cintura pegándola a mi cuerpo, subo el ritmo del beso lentamente. Volviéndolo cada vez más apasionado y desenfrenado, la castaña se deja llevar, guiar hacia un mar de emociones caóticas. Mis emociones caóticas y el latido desenfrenado de mi corazón. Si estuviéramos en otro momento de mi vida, podría apostar que mis manos se encontrarían temblando de la emoción, y las mejillas estarían coloreadas con un profundo tono rojo. Pero ahora es diferente, ahora mis dedos se envuelven alrededor de su cintura con confianza, sin ir más allá de lo indecente. Respetándola con cada toque. Emma me roba la respiración y la cabeza cuando responde el beso, devolviéndolo con la misma intensidad, pasión y desenfreno. Ella me está respondiendo destruyendo cada una de las barreras, las cuales protegen mi corazón. Trazo con la punta de la lengua, sus labios pidiendo permiso para entrar, abre un poco más, dejando salir su lengua, la cual toca la mía con suavidad y lentitud. Jugueteando conmigo. En este momento creo que he caído en la manera de besar de Emma, en la forma lenta y caliente que juguetea con mi lengua, haciéndome perder el control. —Parece que alguien se nos adelantó—escucho como susurran cerca de nosotros. Segundos después Emma rompe el beso mirándome intensamente antes de huir, me mira de nuevo y niega como si hubiera cometido el peor pecado del mundo. Un pecado que volveremos a cometer pequeña Emma. Juro sonriendo con malicia.
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