Los niños jugaban tranquilamente en las inmediaciones del caserón del Alfa de la manada Luna Plateada, compartían la inocencia y la imaginación con otros niños contemporáneos con ellos. Jugaban y reían sin parar.
Por un lado, los cuidaban los hombres que el Rey había dispuesto para ello pero, al otro extremo, Julio los miraba detenidamente, guardando todo lo que hacían los niños en su memoria, para ir luego a contarle las buenas nuevas al malvado Rey y, de esa manera, él decidiera qué iba a hacer con los niños, o... en realidad con la pequeña niña que desprendía suaves y duraderos olores.
Así pasaron varios días, entre la seguridad y la inseguridad, que le generaba aquel hombre malvado.
Por las noches, Sarah, comenzó a tener nuevamente aquellas pesadillas que la acorralaban cuando vivía con sus padres en la ciudad. Luego de la partida física de estos, Sarah creyó que ya esos malos sueños, no se apoderarían de ella, pues estaba consciente, que estaba en el lugar al que fue llamada desde mucho antes de nacer.
Ella conocía su futuro aún sin esperarlo. En sus sueños, un pequeño y guapo príncipe lobo de pelaje suave y blanco, se lo había dicho y se lo corroboró con una visión, unas horas antes de aquel fatídico accidente donde perdería a sus padres.
Entre una de esas noches, en las que las pesadillas se apoderaban de su tranquilidad y su paz mental, tuvo una visión que la asustó mucho.
«¡Auxilio! Déjenme en paz, no me molesten más. ¡Auxilio! ¡Socorro! ¡Déjenme ir! ¡Lyam! ¡Ian! No me dejen sola por favor, ellos me llevan... ¡Auxiliooo!»
Ian escuchaba a su hermana y trataba de despertarla, sin conseguirlo.
—¡Sarah!, Hermanita, despierta por favor. Es solo una pesadilla. —decía el niño mientras la movía con todas sus pequeñas fuerzas.
De pronto entra Dorys a la habitación, abraza a Sarah, susurrándole al oído que despierte y que solo está teniendo una pesadilla:
—Despierta mi niña bonita, todo va a pasar apenas abras los ojitos. ¡Despierta!
Por más que Sarah intentaba abrir los ojos, no lo lograba, era como si una fuerza sobrenatural no se lo permitía.
«No puedo abrir los ojos, ¡Oh por Dios! ¿Qué me pasa?», pensaba la niña mientras luchaba contra esa fuerza de otra dimensión.
—Señora Dorys, mi hermanita no abre los ojos, ¿Qué le está pasando? —pregunta Ian, nervioso.
—No tengo idea de lo que pasa Ian, pero sé que no está bien, hay que tratar de despertarla lo más pronto posible.
«¡Auxilio! Por favor, ayúdenme, ellos no me dejan ir. Me tienen cautiva en un lugar con malos olores, yo no puedo estar aquí, ¡Sálvenme! ¡Tengan piedad de mi!»
—Pero, ¿Qué clase de sueño es ese? ¿Por qué dice que está en un lugar maloliente? —pregunta Dorys, preocupada mientras movía el cuerpecito de la niña.
—Mi hermanita siempre ha tenido visiones o cosas de esas, así lo llaman los adultos, ella decía a mamá que alguien le avisaba y le decía cosas que pasaban o que podrían pasar en el futuro. —le explica Ian a la nana Dorys.
«Entonces, la niña Sarah está teniendo una visión, una predicción, ¿quién querrá secuestrarla si nadie sabe que está aquí? Si pudiera saberlo, pero por más que lo intento ahora, no puedo dar con ese alguien que quiere hacerle daño a esta pequeña», se queda pensando la nana mientras su mirada se pierde en un punto equidistante de la habitación.
—Señora Dorys, ¿Qué pasa? ¿Por qué no sigue intentando despertar a mi hermana? —pregunta el muchacho, demostrando un ápice de preocupación.
―¡Oh, Ian!, perdona, me he quedado pensando en lo que me decías de las visiones, por lo que ella está diciendo y si eso es cierto, hay que cuidar muy bien de la pequeña Sarah. —le responde
—¿Alguien quiere hacerle daño a mi hermanita? Pero, ¿quién? Si ella es una niña, nosotros donde vivíamos siempre estuvimos rodeados de gente muy buena, de seguro es aquí, es por esa gente extraña que siempre está por ahí rondando la casa. —comenta el niño mientras la nana sigue intentando sacar a la niña de aquel mal sueño.
Al cabo de algunos minutos, se acerca el viejo Rey a la habitación, pues escucha los gritos de Sarah.
—¿Qué pasa aquí? ¿Qué gritos son esos? —pregunta.
«¡Déjenme por favor! ¡Yo no soy esa Luna a la que buscan! ¡Yo no soy! ¡Déjenme ir! ¡Mamá, ¿por qué no estás aquí ahora?!», continúa gritando Sarah sin poder zafarse de su pesadilla.
—Amo, ¡Qué pena! No sabemos qué pasa, la niña Sarah tiene una pesadilla o premonición, no le sabría decir, solo sé que no puede despertar, es como si estuviera hechizada, la hemos movido de todas las formas posibles y no puede abrir sus ojos, cayendo de nuevo en un abismo en el que solo grita, pide ayuda y dice que ella no es a quien buscan. —le explica Dorys a su amo.
—Señor, mi hermana tiene eso que dice la señora Dorys, desde mucho antes de llegar aquí, siempre a través de los sueños, predice lo que va a pasar. Y esta vez, habla de un sitio maloliente donde probablemente pueda estar encerrada, no ahora, claro. —le dice el niño al viejo Rey.
—Y, ¿qué te hace pensar eso, Ian?
—Es que últimamente he visto un hombre muy raro en los alrededores de la casa, cuando salimos a jugar, este nos espía entre los árboles, luego no lo veo más, salvo a un perro que se va, como si huyera de algo. —le dice el jovencito, mientras el viejo Rey lo escucha detenidamente mirando de reojo a Dorys, quien sigue intentando despertar a Sarah.
—Dorys, ¿Qué ha pasado con la seguridad?
—Amo, yo...
En ese momento, la niña despierta sobresaltada de la pesadilla que tenía. Sudaba a mares, sin embargo, al abrir los ojos, lo primero que hizo fue mirar a su hermano y abrirle los brazos, el niño se acercó a ella, mientras esta le susurraba al oído:
—Hermanito por favor, no me dejes sola, no me abandones, te lo pido, no me sueltes nunca.
—Sarah, mi pequeña Sarah. No te dejaré sola, hermanita, te cuidaré y protegeré como se lo prometí a mamá, como debo hacerlo por ser tu hermano mayor. —le decía el muchacho abrazándola a su regazo.
—¡Gracias a Dios que volviste, Sarah! —le dice la nana, acercándose a ella y dándole un beso en la frente.
—Me alegra que hayas despertado pequeña, bebe un poco de agua para que te sientas mejor y te calmes. Luego podrás concebir de nuevo el sueño.
—Gracias señor, pero... En este momento no quiero dormir, solo quiero saberme protegida, ¿Puedo dormir con usted, señora? —le pregunta la niña aún asustada a la ama de llaves.
—Sí mi niña, claro que sí, les prepararé una camita para los dos en mi habitación —le respondió mientras miraba la cara de susto que tenía Ian, al pensar que lo dejarían ahí solo.
—Muchas gracias señora, por tomarme en cuenta y no dejarme aquí. —le dice el muchacho al escuchar la respuesta de Dorys.
—Bien, ahora vámonos...
—Pero... ¿No quieren escuchar qué soñé? —pregunta la niña al fijarse que nadie le dijo nada de su trance.
—Ya mañana nos contarás, no es un buen momento para hablar de eso. Estás agotada. Lo mejor es que intenten descansar. —decía mientras palpaba la cabeza de los niños —¡Ah! Dorys, mañana a primera hora quiero verte a ti y a los hombres de seguridad en mi despacho, luego del café, ¡Sin excusas!
—Sí amo, como ordene —la nana asintió, tomando de la mano a los niños para trasladarse a su habitación.
Mientras los niños van de la mano de Dorys hacia su habitación, la niña voltea hacia la ventana, visualizando allí un ropaje pardo, unos ojos redondos, de color verde fluorescente, sonriendo de forma malévola, dejando una estela de humo y sombras.