Me rehúso a volver sin ella.

1320 Words
El hermano de Sarah, Ian, en compañía del príncipe alfa caminaban por el bosque, en busca de la pequeña Luna, gritaban su nombre tras cada paso, con la esperanza de encontrarla pero sus intentos, han sido fallidos. Lyam, con el corazón lleno de tristeza y el conocimiento de que aquel señor es un ser malvado y sin alma, lo desbordaba de preocupación, sin saber si su princesa destinada seguiría o no con vida. Había estado buscando a su amada princesa Luna durante días, pero no había logrado encontrarla, ni siquiera con la ayuda de los hombres que trabajan para su padre. Por su parte, la luna llena brillaba en lo alto del oscuro cielo, iluminando el camino del príncipe mientras continuaba su búsqueda. —¡Sarah! ¡Sarah! —gritaba una y otra vez, Ian, quien no desistiría hasta encontrarla. —¡Sarah, ¿me escuchas? —preguntaba Lyam, con esperanza de escuchar su voz melodiosa. Los muchachos intentaron varias veces llamar a la pequeña Sarah, quien no respondía y a quien los lobos de la manada Luna Plateada, ni siquiera le podían hallar el rastro, olfateando. —Ian llevamos horas caminando y nada que damos con Sarah, esto me está preocupando más de lo normal. —le dice Lyam, sentándose en una gran piedra, descansando. —Casi pierdo las esperanzas, Lyam... pero no puedo permitírmelo, necesitamos encontrar a Sarah, ella debe estar aquí en este Bosque Oscuro, porque ¿Dónde más? Este es el único lugar que queda por recorrer. —responde Ian, acercándose a Lyam, sentándose a su lado. —Lo sé, Ian... se me ocurre que nos adentremos más, con la ayuda de los hombres que mi padre envió con nosotros, probablemente, encontremos algún rastro, una huella, inclusive, que nos pueda llevar a su paradero. —Pero... si nos adentramos más, podemos correr el riesgo de perdernos, recuerda lo que dijo tu padre, tal vez, él pueda hablar con ese señor malvado y llegar a un acuerdo, y... no es que tenga miedo pero eso se ve muy profundo y n***o, yo quiero volver a ver a mi hermana, salvarla de las garras de ese señor malvado, necesito que así sea. —No te preocupes por eso, siempre podremos volver, yo me conozco muy bien estas tierras, aunque si te soy sincero, me da temor que nos pueda pasar algo, al fin y al cabo, estamos a riesgo de todo en este Bosque, aparte que... —¿Qué cosa? Termina de hablar. —Dicen los ancianos de la aldea, que hay brujas por estos lares y que ellas secuestran a los jovencitos varones para hacer de las suyas y hallar la eterna juventud, absorbiendo sus almas a través del ombligo. Pensándolo bien, tienes razón, no es buena idea adentrarnos al bosque. —¡Por Dios, Lyam! ¿Vas a creer en brujas? Eso no existe... así como los hombres lobos, son solo mitologías y leyendas, en fin, cuentos que solo se ven en las películas de ciencia ficción. Me parece que no solo yo veía esos programas de televisión. —Te hablo en serio, por aquí hay brujas malvadas, mi padre las ha visto, algunos de los hombres de la aldea, también. —Y si eso es así, ¿por qué no pensar que no fue ese señor malvado quien se llevó a mi hermana sino una de esas brujas de las que hablas, siendo así, sería capaz de llamarles para que vinieran y me la devolvieran. —¿Cómo vas a hacer eso? No lo digas ni en juego, mi padre se molestaría mucho, no sabemos de lo que esos seres puedan ser capaces. Creo que lo mejor es que regresemos, ya casi anochece y... no encontramos nada. —No pienso volver sin al menos haber encontrado un pequeño rastro de Sarah, no creo que deberías creer en esas tonterías. —No son tonterías, si quieres pregúntale a Lucas —le dice el muchacho, señalando a uno de los lobos que caminaba hacia donde ellos se encontraban. —Lucas —grita Lyam, haciéndole seña con las manos. —Sí amo, dígame. ¿En qué le puedo servir? —Le comento a Ian, que por aquí en este bosque, abundan las brujas y... él no me cree. Hay posibilidades que Sarah, no haya sido secuestrada por Golnet, sino que esté en manos de alguna de ellas, pero no me cree lo que le digo. Díselo tú a ver si pensará igual. —Con el respeto que usted se merece, joven Ian, pero sí. Tal como lo dice mi amo Lyam, es posible y tiene lógica, aunque ellas no actúen por sí solas, sino por mandato de alguien más, quien puede ser nada menos que el mentado Golnet. Se dice en la aldea, que él ha hecho pactos con ellas y por esa razón, muchos lob... ehh.. muchos habitantes de Luna Plateada, han desaparecido. —Como sea, pero sé que mi hermana no está en manos de esas cosas que ustedes llaman brujas, seguramente está por ahí perdida, asustada. No sé ustedes, pero yo voy a seguirla buscando, a casa no volveré sin ella. —Eres demasiado testarudo, Ian y eso no está bien. Busquemos ayuda en mi padre, tal vez, él pueda hacer más que nosotros, por cierto Lucas, venías hacia nosotros, ¿Encontraste alguna pista de Sarah? —le pregunta al muchacho, quien se encontraba atento a los ruidos que se escuchaban a lo lejos. —¡Sí, amo! Precisamente venía a comentarle que los demás vieron unas sombras volando entre las ramas y los troncos de los árboles, la intuición no falla, es probable que la niña Sarah, efectivamente esté en manos de alguna de ellas, si no es de todas. —Y, ¿Qué estamos esperando? ¡Vamos a por ella! —acota Ian, levantándose de la piedra donde los jovencitos, estaban descansando. —Eso no va a poder ser joven Ian, tenemos prohibido entrar unos metros más al Bosque Oscuro, pues es posible que nunca salgamos de ahí y algunos de nosotros tenemos esposas, madres, hijos, no podemos abandonarlos a su suerte. Es un código de lob... Perdone, amo, es un código de familia. Lyam entiende lo que Lucas intenta decirle y con una mirada, lo disculpa por lo que casi salía de su boca. Dirigiéndose hacia Ian, le dice: —Lo mejor es que volvamos, ya la noche está a punto de caer y mi padre ha de estar preocupado. No te preocupes Ian, encontraremos una mejor forma de salvar a Sarah. ¡Vamos! —Te he dicho que no me iré sin haber encontrado a mi hermana, si quieren se van ustedes. Yo me adentraré a ese Bosque Oscuro a buscarla, cueste lo que me cueste. —No digas eso ni en juego, Ian, no sabes lo que dices. ¡No puedes hacer eso! Tampoco puedes retar a las brujas, te pueden hacer daño y si tienen a Sarah, se lo harán primero a ella, podrían torturarla hasta acabar con su vida. —¡Haga caso joven Ian! ¡El amo Lyam, sabe de qué habla! Mejor volvamos a la aldea. Ian estaba renuente, pensaba que si volvía sin su hermana, ya no tendría manera de volver a buscarla ni a verla. Se sentía atado de manos, sus pensamientos no fluían, sus ideas, parecían haberse quedado estancadas en la idea de encontrar a Sarah, en esa travesía. Solo quería estar con ella, quizás volver el tiempo atrás y seguir recogiendo piedritas en la playa o... no haber ido jamás a ese paseo y estar en su casa, con sus padres y su hermana, viendo pasar los días, creciendo, disfrutando del amor de su mamá y del abrazo cada noche antes de dormir, y viviendo en una armoniosa familia como todo niño de su edad. Sus pensamientos volaban a aquel pasado que no volvería nunca, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
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